Por qué Leonel es El León..?

Por Juan Cruz Triffolio viernes 26 de octubre, 2018

Hace unos días, a propósito de asistir a un acto de puesta en circulación de una interesante obra en la Biblioteca Nacional, volvimos a reencontrarnos con el ex mandatario, doctor Leonel Fernández.

Bastó hacer presencia en el espacioso auditorio para lograr concentrar en su persona la atención general de los asistentes.

Su carisma, magnetismo y sapiencia, no obstante las diversas y conocidas campañas de denuestos promovidas por sus adversarios, constituyen sus apreciables herramientas esenciales para, junto a su caballerosidad, ser circunscrito como un político de altos vuelos distante del submundo de las nimiedades y las diatribas cotidianas del mundillo politiquero criollo.

Se trata de un político neto, brillante como intelectual, con una parsimonia que asombra y una versatilidad palpable en la profundidad del contenido de su oratoria, capaz de abrumar al más insensible de los mortales.

Siendo así, alejados de la mezquindad y la malquerencia, es innegable que en torno a la figura y el comportamiento del doctor Leonel Fernández, se podría colegir que, en el concierto del conglomerado poblacional sensato y el engorroso ejercicio de la política partidaria dominicana, el acucioso y expresivo líder peledeísta cuenta con la garantía de una inaudita aquiescencia colectiva tan codiciable que raya con alucinación.

Nos alegra el haber observado en el rostro del ex mandatario una constante sonrisa de confianza y esperanza en el porvenir inmediato y sobre todo, el apropiarse y aplicar un efectivo modelo de interacción social con su extensa profusión de seguidores, donde se hace evidente una horizontalidad con imprevisibles consecuencias favorables para su devenir político cercano.

Es en ese compartir franco donde es imaginable que el doctor Leonel Fernández, con la serenidad y paciencia de Job, luce chapucearse con las frescas lluvias de las ideas y propuestas externadas por quienes admiran y avalan su proyecto político, procurando que el principal líder peledeísta no vuelva a ser víctima de las maquiavélicas propuestas y acciones de adversarios, internos y externos a su organización política, quienes procuran infructuosamente reeditar sus descarríos y perfidias.

En ese escenario es donde el hombre y la mujer común con acento pueblerino no escatima tiempo para con su picardía y sabiduría, parida del cotidiano subsistir, alertar al doctor Fernández incorporar a su tabla axiológica y accionar político algunas piscas del denominado tigueraje criollo, como muro de contención ante aquellos que de manera imprudente y despiadada trataron de evitar que soplaran otros vientos.

No se trata de una invitación a la reedición de la inaceptable y draconiana sentencia de “ojo por ojo y diente por diente”. No, esa no es la idea ni tampoco la finalidad.

El propósito es otro, digno y prudente.

Con quienes parecen haber incubado la maldad, el rencor, la insidia y el descaro para dar paso a un despiadado ejercicio vital para la subsistencia y hacer prevalecer la razón de las sinrazones como principio inapelable para existencia humana, el momento incita a pensar en la búsqueda y aplicación de respuestas más contundentes y eficaces que conduzcan al interregno de la prudencia, la transparencia, la equidad y el autentico compañerismo.

Todo lo anterior, adherido a la fértil imaginación creativa que reclaman los procesos políticos electorales en el país, es irrefutable que, con la beligerante y audaz oratoria deslumbrante del doctor Leonel Fernández, es factible generar el golpe de efectos indeclinable para su regreso triunfal al solio presidencia en la contienda venidera.

El doctor Leonel Fernández, quiérase o no, continúa representando una marca política, un sello identificatorio, una realidad inconmensurable en el quehacer político nacional, con un peso extraordinario que gravita de manera excepcional en el tablero electoral dominicano, al margen de lo que son capaces de maquinar los insidiosos, desleales y anquilosados cerebros  saturados de maldad y resentimientos.

La altas y bajas del ex gobernante están ahí a la vista de todos, colocarlas en una balanza suscitaría una tara desfavorables y preocupante para quienes han hecho del antileonelismo y su destrucción uno de sus más anhelados sueños.

Que el tiempo discurra, sin pausas pero sin prisa, y ya interiorizarán, los que aun así no lo han hecho por diversas razones, justas e inexplicables, por qué Leonel sigue siendo El León.

Por Juan Cruz Triffolio

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