Por qué es pertinente impartir lingüística del texto desde la secundaria

Por José Santana Guzmán

 “…Quienes, a principios de los años setenta, se aventuraron en la investigación de lo que sucedía más allá del mundo conocido de los límites de la oración, probablemente no imaginaron nunca que, algunos años después, los temas estrellas de la disciplina textual (cohesión y coherencia) estarían incluidos en los programas oficiales tanto de la enseñanza secundaria como de la universitaria.” (Beaugrande y Dressler: 1997, 10,11).

Quizá para una buena parte de la comunidad educativa superior resulte utópico la implementación en nuestro país de lo que aparece en esta cita. Sin embargo, sería de suma importancia por lo menos ir dando los primeros pasos en la implementación de la lingüística textual desde el segundo nivel de la educación nacional. ¿Por qué? Veamos. Lo primero que debemos observar es cómo los autores citados tratan el asunto de la oración; fijémonos cuando esbozan su postura acerca de la limitante que rodea a la oración como unidad de estudio de la lengua: “…Quienes, a principios de los años setenta, se aventuraron en la investigación de lo que sucedía más allá del mundo conocido de los límites de la oración…”

La comprensión del discurso o texto incluye un nivel supraoracional que trasciende el significado y la forma de las oraciones. Además, está establecido que la comprensión es un proceso activo que implica dar coherencia global a los textos o discursos, y esto solo es posible alcanzar mediante la aplicación de la lingüística textual. Como dice la maestra Nathalie García, con mucha propiedad: el texto lo es todo, por consiguiente, no debemos limitarnos nunca al sentido gramatical del mismo. Esto implica, entonces, descifrar las funciones de las categorías gramaticales dentro de un texto, y esta es la función principal, si se quiere, de la lingüística del texto: analizar la lengua con sentido.

Recapitulemos: estas consideraciones de expertos en los estudios de la lengua, nos arrojan bastante luz para entender que hace falta dar un giro en los textos y en la forma de enseñar a comprender y a generar ideas nuevas a partir de lo aprendido en las aulas.

Mucho es lo que se habla aquí de competencias. Sin embargo, en la práctica, esas aptitudes no se perciben con claridad meridiana. Y la prueba más reciente la encontramos en los resultados de las evaluaciones hechas en los últimos años. No nos llamemos a engaño: nuestro sistema educativo opera con deficiencias y con muy bajos resultados positivos desde hace décadas.

Por tanto, se hace más que necesario una reingeniería en la forma, la metodología y en los contenidos que se imparten, tanto en el nivel preuniversitario, como en el superior, y eso se puede lograr mediante la sustitución de la gramática tradicional por la lingüística textual en el sistema educativo básico: hay que rescatar, para ir aún más lejos, aquellos tiempos de la década de los 70, en la que no podías pasar a segundo grado de primaria –como se le llamaba entonces– sin saber leer ni escribir, ni tener la capacidad o, como se le llama hoy en día, la competencia, para realizar la lectura comprensiva de un texto dado. Solo hace falta voluntad y decisión de nuestras autoridades.

 

Por José Santana-Guzmán

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