Por la ruta de Trujillo

Por Florentino Paredes Reyes miércoles 20 de noviembre, 2019

Salvando el tiempo y las distancia, como maestro siempre digo que nuestra historia republicana es cíclica, y que, de vez en vez experimentamos acontecimientos que ya vivieron otros dominicanos con otros gobernantes. Esto no tendría nada de malo, si esos momentos fueran el reflejo de hechos gloriosos, pero cuando son copia exacta de momentos tétricos, funestos y hasta vergonzosos, me lleno de miedo.

La política dominicana ha estado llena de pleitos, intrigas y divisiones, desde el mismo momento que Juan Pablo Duarte fundó el primer partido político de nuestro país (La Trinitaria) y con la consigna de ser una organización basada en tres ideas (Dios, Patria y Libertad) juraron lealtad nueve de sus primeros integrantes, con el compromiso de cada uno buscar tres miembros y multiplicar la acción hasta ser una fuerza política y social, que moviera voluntades y cuajara realidades.

De aquellos nueve que juraron lealtad con sus vidas y bienes junto a Duarte, cinco lo traicionaron y marcharon al lado de quienes no creyeron en una república independiente, como los conservadores. Desde allá hasta aquí, el panorama ha sido el mismo, y marcharse de un grupo para integrarse al otro que denigró y hasta acusó de ser lo peor para el país, ahora se llama transfuguismo. Con el transfuguismo vinieron los dictadores y con los dictadores nacieron los títeres, presidentes de pantalla, de apariencia, cuya función era servir de escudo a los dictadores para que el pueblo se creyera el cuento de que vivíamos en un estado democrático. El títere hacía lo que el dictador, tras el telón, le ordenaba.

De los presidentes títeres podemos recordar a Manuel Jimenes, un antiguo trinitario, que tras Pedro Santana renunciar de la presidencia el 4 de agosto de 1848, ocupó el cargo. siendo tan flojo de carácter que el propio Santana tuvo que darle un golpe de Estado.

En 1884 cuando Ulises Heureaux estaba imposibilitado de reelegirse como presidente, presentó como candidato a Francisco Gregorio Billini, quien fue impuesto en las elecciones por medio a un fraude que superó con más de 16, 000 votos la cantidad de votantes. Billini no aguantó las intrigas y exigencias de su manejador y no tuvo más remedio que presentar su renuncia.

Pero el más experto en manejar títeres, lo fue sin dudas Rafael Leónidas Trujillo, cuando, luego de la matanza de perejil del 1937, no pudo presentarse como candidato para los comicios del 1938, razón por la cual pasó a desempeñar la función de titiritero utilizando como muñeco a Jacinto B. Peinado, quien era su vicepresidente para el periodo 1934-1938. Jacinto no pudo cumplir el periodo presidencial para el que fue utilizado, ya que la muerte lo sorprendió  el 7 de marzo de 1940. A partir de ese momento su papel fue ocupado por Manuel de Jesús Troncoso de la Concha hasta el 1942.

Otro de los presidentes títere del benefactor, lo fue su  hermano Héctor Trujillo, cargo que desempeñó en dos ocasiones, la primera como Presidente Interino desde el 1 de marzo de 1951 al 1 de octubre de 1951 y como presidente de la República, desde el 16 de agosto de 1952 hasta el 3 de agosto de 1960.

El último presidente títere fue Joaquín Balaguer, un abogado, escritor, y político dominicano que gobernó en los periodos 1960-1962, cuando la presión internacional tenía acorralado al dictador y ante las incapacidades demostrada por su hijo Ranfys, Trujillo tuvo que elegir al muñequito de papel, como le apodó el pueblo.

Para nadie es un secreto, que, en los actuales momentos, la candidatura de Gonzalo Castillo, por el Partido de la Liberación Dominicana, es un circo de mal gusto, preparado por Danilo Medina para seguir controlando, desde las sombras, los lazos del poder. Presentarlo como todo un fenómeno y al mismo tiempo protegerlo cual tesoro sagrado, es sin duda una demostración de que hay mucho en juego detrás del penco.

Gastar en un candidato casi 400 millones de pesos, en menos de dos meses debe llamar a la reflexión a toda una nación, que entretenida con los truenos, no percibe el peligro de los ríos desbordados. De Gonzalo haber sido candidato desde que inició la precampaña de su partido, la hemorragia económica que le habría causado al país nos habría llevado a la quiebra. Esto demuestra que hay mucho en juego para invertir tanto, en tan poco.

De vivir nosotros en un Estado democrático, Gonzalo debió ser un reflejo de ese sistema (donde cualquiera aspire y cualquiera llegue), lo cual se entendería perfectamente, pero todos sabemos que ese no es nuestro país y que ese no fue su caso, además que este candidato no tiene carisma, liderazgo, ni el apoyo irrestricto de sus partidarios por la división que ya vivió ese partido y por las deserciones que vendrán.

A mi modo de ver el presente con el sentido histórico, el proyecto Gonzalo obedece a una apetencia personal de nuestro actual gobernante, que ante la imposibilidad de poder aspirar a un nuevo período presidencial, lo ha impuesto por sobre todo proyecto, como emergencia nacional. Aquí no se han medido consecuencias, no se ha pensado en el país, sino en mi proyecto y mi voluntad. Eso me atemoriza, porque al conocer la historia patria como la conozco, me doy cuenta de que empezamos a transitar por un sendero de peligro.

Todos sabemos lo que pasará si el ¨penco¨ gana las elecciones, todo sabemos quien será el candidato para los comicios del 2024, y aun si doblamos la esquina, podemos seguir conjeturando para el 2028, no hay que tener una bola de cristal. Si dejamos correr la voluntad personal y sacamos del juego la voluntad divina, el futuro inmediato lo podemos ver claro y la senda que transitamos nos parecerá conocida, porque vamos, por la ruta de Trujillo.

Por: Lic. Florentino Paredes Reyes

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