Policía: ¿Cuál reforma?

Por Manuel Hernández Villeta jueves 8 de abril, 2021

La policía necesita una gran depuración interna de sus filas. No se puede realizar una modernización de la institución sin hacer cambios en sus cuadros intestinos. No son los reglamentos que han fracasado. Son muchos de sus mujeres y hombres que se han doblado y tomaron caminos equivocados.

La hora de cambios ha llegado. No serán logrados de un momento a otro. Llevarán años, pero es el momento de realizarlos. Ningún organismo está por encima del sentir de la sociedad, de las leyes y de la Constitución. Una gran parte de la población fue sorda y ciega ante el accionar de un segmento de la policía, y ahora la sociedad civil pide cambios y cabezas.

La policía, como la vida, la sociedad y la farsa, tiene dos caras. Hay mujeres y hombres que enorgullecen el uniforme, correctos, respetuosos, aplicados, mientras que hay otro segmento que se enorgullece de ser carniceros, torturados, corruptos, irrespetuosos y que no hay ley que los someta.

Una reforma policial tiene que actuar con los dos. A unos dándole un voto de reconocimiento, y a otros sacándolos y sancionándolos. Una reforma de estatutos se puede realizar en unas semanas, pero llevarla a cabo es una tarea de años. Vamos a ver hasta dónde llega la acción de reforma de la Policía.

La comisión oficial de reforma de la policía es una mezcla de intereses y posiciones económicas, políticas y sociales. Faltaron allí los sectores que por años han estado luchando por mejorar las relaciones de la policía con la comunidad y haciendo importantes denuncias de atropellos, pero también de las condiciones de vida excluyentes de la mayoría de los rasos y sub-oficiales del organismo.

La mayor parte de los integrantes de esa comisión han sido indiferentes a los problemas surgidos entre la policía y la comunidad. Muchos hicieron oídos sordos cuando se entronizaron los intercambios de disparos, que equivalen a ajusticiamientos extra-judiciales.

No mostraron sensibilidad antes las denuncias de torturas en cuarteles de la policía en acciones de interrogatorios; cuando se trató el tema de la corrupción interna también voltearon la cara, y lo más lastimoso que muchos de estos comisionados han sido insensibilidad ante la exclusión social de los policías de abajo.

La depuración de la policía es una necesidad, pero tiene que ser llevada a cabo sin atropellos, sin retaliaciones, sin vejaciones. Una reforma tiene que elevar el nivel de vida de los agentes, de los cabos de los sargentos, de los segundos tenientes no académicos.

Todos ganan salarios de hambre, viven en barrios marginados o en patio, sus hijos abandonan las escuelas por falta de recursos y sus familias pasan hambre y se visten de pacas. Sería una burla la reforma sin mejorar los niveles de subsistencia de los policías de la calle. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

Comenta