Pobreza y marginalidad en San Juan

Por Rubén Moreta jueves 19 de enero, 2017

San Juan está de moda. Líderes de esta provincia sureña han logrado un encumbrado posicionamiento en la dirección del Estado. Es más, en otras provincias hay celos porque los sanjuaneros se han apoderado de mucho poder político. Dentro de los sanjuaneros que acumulan una empinada cuota de liderazgo como en ningún otro momento de la historia nacional, están el Presidente Danilo Medina Sánchez, su hermana Lucía, Presidenta de la Cámara de Diputados y cuatro senadores que tienen enterrados sus ombligos en esta tierra: Félix Bautista, Cristina Lizardo, Charlie Mariotti y Sonia Mateo.

También son “barrigaverde” el Administrador del Banco de Reservas Simón Lizardo; el Director de Aduanas, Enrique Ramírez Paniagua y el Vicepresidente Ejecutivo de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) Rubén Jiménez Bichara. Asimismo, son sanjuaneros el esposo de la jefa de la cámara baja, Edgar Mejía, Viceministro de Energía y Minas; el subadministrador de la Empresa de Generación Hidroeléctrica Dominicana, Amós Fernández; el vocero de los diputados del Partido de la Liberación Dominicana, Elpidio Báez, entre otros muchos funcionarios públicos importantes.

En medios de comunicación nacionales, sobresalen conspicuos sanjuaneros: Fabio Cabral, subdirector del Listín Diario; Dany Alcántara, conductor de Hoy Mismo en Color Visión; Niurka Pérez, conductora de la emisión estelar de Informativos Teleantillas y corresponsal de CNN y muchos más informadores públicos.

¿De qué le sirve a San Juan tener tantos funcionarios de poder político? La respuesta es amarga: de nada, porque no hay un patrocinio desde las alturas de la dirección del Estado para mitigar la pobreza y marginalidad en esta provincia.

Años atrás, con un dejo de orgullo los sanjuaneros decían ser la “tercera capital de la República”, queriendo destacar la gravitación socioeconómica de esa demarcación, apodada el “granero del sur”. Hoy todo ha cambiado: penosamente, la provincia donde nació el Presidente figura dentro de las diez demarcaciones con mayores niveles de pobreza, a pesar de su potencial agropecuario y ecoturístico. Concretamente, un 63.5% de la población vive en condición de pobreza.

El aparato productivo de San Juan está diezmado, especialmente la agricultura, motor del desarrollo local. Existen también una descampesinización galopante; un desempleo que afecta a casi tres cuartas partes de la población; una emigración del ocho por ciento en las últimas dos décadas y un trepidante urbanismo, que está dejando vacías las comunidades rurales.

Los datos de la pobreza en San Juan son desalentadores: hay 40,776 hogares pobres, equivalentes al 70.4 % y de esos, 16,900 hogares viven en condición de pobreza extrema o crítica, equivalentes a un 29.2%. En total, el 65.2 % de la población local se ubica en el umbral de la pobreza, según el atlas del 2014, publicado a través del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo.

Los líderes de San Juan no han sido lo suficientemente creativos para recomponer la diezmada agropecuaria o haber promovido iniciativas salvadoras de agroindustrialización, de producción bajo ambiente controlado o un plan de desarrollo ecoturístico, que mejore la economía y combata el desempleo que se empina en un 73 %.

El Consejo Provincial de Desarrollo es infuncional, al igual que las otras entidades de desarrollo, como las asociaciones de comerciantes, la cámara de comercio, las asociaciones de productores y ganaderos, donde pernocta un liderazgo mortecino.

Cinco días después de instalado en el poder, el 20 de agosto del 2012, el Presidente Medina visitó su natal San Juan de la Maguana y prometió ejecutar un Plan de Reconversión Agrícola del Valle. Nada se hizo durante tres años y medio. Fue el 28 de abril del 2016 cuando el mandatario volvió a su cuna para lanzar el proyecto, mutilando aspectos centrales del mismo, como la instalación de un millón de metros cuadrados de infraestructura para invernaderos y trescientos mil metros de casas malla.

Realmente, la reconversión agrícola del Valle de San Juan ha devenido en una gran poesía, una inverosímil promesa, porque los fondos no aparecen y se carece de las estructuras de asociatividad local en qué anclarla, además de que se prometió una cosa y cuatro años después se está haciendo otra.