Pobres muertos: pobre capitalismo salvaje por irracional

Por Francisco Rafael Guzmán viernes 19 de junio, 2020

Los orígenes del capitalismo salvaje y su neoliberalismo, coronado este último con la globalización de la economía, son muy remotos. Talvez haya que buscarlos en el crac de 1929, habría que situarlos en la crisis de la industria europea, provocada por el capital financiero, que condujo a la Segunda Guerra Mundial con el armamentismo alemán.  En el mundo hoy se piensa mucho en dinero.

Como dice Stiglitz (2015), en  El Precio de la Desigualdad, el éxito empresarial es por el papel  jugado por el Estado en favor de ellas. Eso pasa en Estados Unidos y aquí también. Las inversiones públicas en carreteras, vías de comunicación, aviones para transportar turistas, en el capitalismo salvaje dominicano y en otros países son para que las empresas se hagan más ricas.

En los años 30, una revista llamada Cosmopolita, editada en Cuba, en unos de sus números apareció un artículo de un columnista apellido Montilla, en el que se decía las guerras en el futuro serían por el petróleo.  Ya en el año 1900 el primer multimillonario de Estados Unidos, John Rockefeller II, tenía una fortuna de 1,000 millones de dólares.

En el 1925, el magnate de la industria  del  automóvil Henry Ford I tenía una fortuna de 2,000 millones de dólares y la del J. Rockefeller II apenas llegaba a 1,500 millones en 1937. Ahora bien, los negocios de ambos estaban vinculados al consumo de los derivados del petróleo, materia prima auxiliar tan importante y que contamina tanto al mundo y amenaza la existencia del planeta y la vida en él.

Usted podrá pensar que esas cifras no son tan grandes, como diría lo mismo de que los 179,200 millones de superávit que los países árabes obtuvieron es poco dinero. Es que el dólar no vale lo mismo que valía en aquellos tiempos.

Estiman que  1,500 millones de dólares en 1937 tenían un poder adquisitivo de 330,000 millones hoy día. Hay que tomar en cuenta que la moneda se devalúa, hay que calcular el deflactor implícito. Hoy no sólo es el petróleo, pero la génesis  de todo esto viene del oro negro.

Si el Estado deja de percibir impuestos después de invertir y si tiene una legislación laboral que favorecen  a los empleadores, por ejemplo: una legislación que favorece los bajos salarios, como en las empresas dedicadas a los servicios turísticos, favorece el enriquecimiento mayor de los ricos.

¿Por qué tanta insistencia en abrir el turismo aun con las amenazas del COVID-19? ¿Por qué aún reapareciendo el sargazo se insiste en abrir las playas del país?  Sencillamente para llenarse los talegos, aunque se muera la gente. Es cierto que la gente no se puede morir de hambre y hay que abrir la economía, pero primero la vida.

La bolsa o la vida no, como diría el salteador en el open field de los campos  en la Edad Media después Primera Cruzada en Europa, la carga o la vida no, como le decía desde una cuneta el salteador dominicano al carguero o recuero dominicano. La vida primero y después la bolsa, cuidémonos del coronavirus, las empresas turísticas pueden esperar y el turismo no es una panacea.

Por otra parte, todavía no se sabe las consecuencias de la  reapertura de las actividades laborales, ante un enemigo tan peligroso como el COVID-19. En cuanto a las escuelas y universidades, estas  pueden aguantar.  El número diario de infectados sigue siendo muy alto.

POR FRANCISCO RAFAEL GUZMAN F.

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