Pinceladas sobre el Estado: misión social  y el modelo dominicano (11)

Por Pedro Corporán

Con proverbial cosmovisión, el capitalismo occidentalista, adoptando con preeminencia el pensamiento económico del ilustre economista inglés, Jhon Maynard Keynes (1883-1946), y el de la escuela del economista estadounidense Harry Dexter White (1892-1948), se adelantó diez meses a la finalización de la II Guerra Mundial, con la creación en julio de 1944, del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en la cumbre económica realizada en la ciudad de Bretton Woods, New Hampshire, Estados Unidos de América.

Como si fuere el Concilio de Nicea convocado en el 325 por el emperador Constantino I que concilió a los cristianos y los paganos para fundar una nueva religión, la cumbre internacional de Bretton Woods, también concilió a los exégetas del liberalismo económico y los defensores del rol interventor del Estado como ente regulador de la economía, creando la concepción económica que regiría post II Guerra Mundial, al mundo capitalista occidental, bajo la égida de sus fundadores, los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, República Federal Alemana, Italia, Bélgica y Holanda, cuna de nacimiento del grupo de los diez integrados por estos países y Canadá, Japón y Suecia.

Este acontecimiento fue de vital importancia para que sobreviviera el Estado del Bienestar y su misión social, adoptando la concepción económica keynesiana, razón por la que también se le llama el Estado de Keynes, el erudito que ingenió la fórmula en que conviven las regulaciones jurídicas del derecho público y la libertad consensuada del mercado en la economía.

Con la creación de estas instituciones como regentes de la economía capitalista mundial, el capitalismo recibió atrincherado, como cabeza de playa, el enfrentamiento político, económico, militar, ideológico y social conocido como la Guerra Fría, cuyo inicio algunos autores ubican en el año 1947, liderada por los Estados Unidos y la Unión Soviética. A esos organismos cumbres de la economía occidental, se sumaron más adelante la fundación del Club de París en 1956 y el Banco Interamericano de Desarrollo en 1959.

Esa concepción económica conocida como keynesianismo, generó décadas de bonanzas económicas, desarrollo y progreso, llevada al pináculo, a partir de mitad del siglo XX, por la tercera revolución industrial y el dinamismo comercial, económico y financiero que provocó la Guerra Fría.

Indudable virtud del nuevo orden bipolar, como destello de luz en la oscuridad, fue la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 24 de octubre de 1945 en Los Ángeles, California, Estados Unidos de Norteamérica, por parte de 50 naciones de los cinco continentes, de diversidad cultural, ideológica, lingüística, religiosa, étnica y social indescriptible, prohijando un orden jurídico internacional de aceptación mundial que sigue siendo el actor de intermediación planetaria más relevante de la sociedad universal.

Apenas tres años, un mes y 16 días después de su fundación, en el nuevo orden bipolar ya convulso, la ONU firmó la página más lumínica de su historia, la proclamación, el 10 de diciembre de 1948, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, 158 años después de que la Asamblea Nacional Constituyente de Francia, el 26 de agosto de 1789, aprobara el documento jurídico más sublime que haya alumbrado revolución alguna en la existencia de la humanidad, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Por: Pedro Corporán

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