Pesadillas de los excluidos

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 14 de septiembre, 2022

Se inicia la guerra de las encuestas. Es la feria para los que preparan compañías a vapor, para hacer evaluaciones a la medida y al mejor postor. Los sondeos electorales son una muestra científica de popularidad, tomado al paso de lo que ocurrió  en el día que se hizo el trabajo de campo.

Esa muestra científica que es un idóneo instrumento de trabajo, puede ser manipulada por mercenarios que acomodan los números a su preferencia particular, o al gusto del que paga. Hay encuestadores serios, y sobre ellos está la responsabilidad de orientar al país.

Las encuestas no dan triunfos, ni provocan derrotas. Son facilitadoras de un titular de periódicos, de comentarios en las redes sociales, y de poner a meditar a más de uno. La mayoría solo escucha de los números, y ni siquiera sabe quién la hizo, quién la pago, y los objetivos que persigue ese muestreo.

Solo al pueblo le toca ir desde ahora depurando a las firmas encuestadoras, y aceptar o rechazar el producto que le ofertan. Votar en unas elecciones debe ser un ejercicio de conciencia y responsabilidad, que comienza desde hoy.

Analice su situación particular, como vive su comunidad, cuáles son las perspectivas de desarrollo del país, y desde ahí irá vertebrando la que debe ser una situación ideal. No vote por promesas, sino por sus principios.

En países desarrollados los candidatos consiguen votos por una sonrisa, el color de la corbata y el peinado. En medio del sub-desarrollo y la miseria, en el país eso le interesa sólo a una parte muy minúscula de la población.

Aquí las elecciones se ganan con el peso en las manos y la comida en el fogón. El ciudadano de a pie no tiene la suficiente conciencia de lo que vale el voto, y lo vende al mejor postor. Esa es la historia de   las elecciones dominicanos.

Todo se compra y todo se vende, y el político que da, que ofrece y que siempre está dispuesta a entregar algún obsequio se mantiene  delante de las preferencias. Todavía arrastramos una de las formas más mezquinas de hacer política partidista que es mediante el soborno de la compra de los votos.

Con la campaña política delante de nosotros, y con un largo trecho para el día de las votaciones, es de esperar que los dominicanos voten con responsabilidad, sin pensar en la comida de un día, en la promesa de un empleo, y en las esperanzas marchitas de los demagogos que juegan con los sueños de redención de los excluidos.

Los sin nombres, los pies descalzos, los sustituibles y olvidados solo tienen una oportunidad de brillar: el día de las votaciones. Medite desde hoy, para que vote por su conciencia y su mejoría. Aunque usted no lo sepa, ni le de importancia, el día de las votaciones, el futuro está en sus manos, ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

Por Manuel Hernández Villeta

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