Personas que mantuvieron buena relación con Dios

Por Enrique Aquino Acosta viernes 13 de noviembre, 2020

En el artículo anterior se explicó, que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, quien le puso cuerpo y alma, lo convirtió en un ser moral y lo dotó de inteligencia y capacidad, que exceden las de cualquier otro ser creado. Adam fue el primero que se relacionó con Dios, recibió sus sabios consejos y tuvo señorío y dominio sobre la tierra, prerrogativas que mantendría, si obedecía la autoridad de Dios constantemente (Gn 1:28)

Como sabemos, Satanás impidió tales privilegios, debido a que sedujo a Eva y ella a Adam, para que desobedecieran las instrucciones de Dios. Este hecho dio lugar a que fueran enjuiciados y condenados por Dios. Lo mismo ocurrió con Satanás. Dios lo maldijo y le anunció que la simiente de la mujer aplastaría su cabeza, o sea, Jesucristo le quitaría el poder e influencia malignos que mantiene sobre los seres humanos. Esta profecía se cumplió de dos maneras: con el sacrificio físico de Jesús en la Cruz y su ulterior resurrección.

Ulteriormente, Dios observó que los pensamientos y las actuaciones de la generación que vivió durante los días de Noé eran continuamente malos, debido a que se había corrompido, pervertido y degenerado de tal manera, que Dios tuvo que arrepentirse de haberla creado. En vista de ello, decidió no contender más con ella y tomó la drástica decisión de destruir la tierra y todo ser viviente que había dentro de ella, mediante un Diluvio que duró cuarenta días y cuarenta noches (Gn 6:3-9; 7:4)

Sin embargo, hubo una persona que salvó su vida junto a su familia. Esa persona fue Noé, quien era justo, perfecto y halló gracia ante los ojos de Dios. Por eso, Dios le aconsejó que construyera un arca para que él y su familia no fueran ahogados por el diluvio que caería sobre la tierra. Y así lo hizo, porque era temeroso de Dios y seguía sus instrucciones (Gn13-22; 8:15-21)

Luego, Dios llamó y sugirió a otro hombre que tenía mucha fe, que abandonara su tierra y a sus padres, para mostrarle otra tierra que él desconocía. También le prometió prosperarlo en todos los órdenes, convertirlo en una nación grande y poderosa y usarlo para bendecir a todas las familias de la tierra. Ese hombre fue Abraham, a quien se le llama “el padre de la fe”.

Como era natural, Abraham siguió con interés las instrucciones de Dios y abandonó inmediatamente el lugar donde vivía con sus padres y partió, lleno de fe, hacia la tierra que Dios daría a él y a sus descendientes. Tampoco salió solo. Les acompañaron Sara, su mujer, su sobrino Lot y sus siervos y llevó consigo, los bienes materiales que había adquirido en su tierra natal (Gn 12: 1- 7)
Posteriormente, sus descendientes, los israelitas, que habitaban en la tierra de Canaán, se vieron forzados a emigrar a Egipto, donde vivieron en calidad de esclavos 430 años y sufrieron opresión, humillación y maltrato de todo tipo. Sin embargo, en medio del sufrimiento clamaban a Dios para que los liberara y Dios escuchó sus oraciones (Ex 1:1-7)

En vista de ello, Dios llamó a un israelita que vivía fugitivo en la tierra de Madián, para que regresara a Egipto a libertar al pueblo israelita. Se trataba de Moisés, que había sido criado y educado por una hija del Faraón. Al él impartió Dios sus sabias instrucciones sobre lo que debía hablar al pueblo israelita y al Faraón. Su misión consistía en sacar a su pueblo del cautiverio en que vivía, pero al entender lo que implicaba, hizo una objeción de carácter lingüístico y se mostró incapaz de asumir dicho compromiso, actitud que desagradó a Dios y tuvo que llamar a Aarón, hermano de Moisés, para que ayudara en la empresa de liberación.

A pesar de esa y otras dificultades, Moisés y Aarón lograron sacar al pueblo israelita de Egipto. Lo condujeron por el desierto con destino a la tierra que Dios había prometido, previamente, a Abraham, Isaac, Jacob y a sus descendientes para que les sirvieran. Desde luego, la clave que usaron Moisés y Aarón para cumplir con la misión que Dios les había asignado fue obedecer al pie de la letra las instrucciones que Dios les había impartido. De esa manera, enfrentaron y vencieron las continuas dificultades que tuvieron con el pueblo israelita y con Faraón (Ex 2:24; 3:7-22; 4,5, 6 y Nm1, 6)

En consecuencia, Dios se relaciona con los seres humanos para darles sus sabios consejos acerca de lo que les conviene y les perjudica. Así procedió con Adam y Eva y la generación de Noé. Sin embargo, por desechar su consejo, terminaron juzgados y condenados. Lo contrario ocurre con las personas que oyen y siguen fielmente sus sabios consejos: Dios los exonera de castigo. Con respecto al estado de corrupción y depravación moral que se vivía durante los días de Noé, es bien parecido al que mantiene mucha gente actualmente.

Por otra parte, la nación grande y poderosa que saldría de Abraham, está representada ahora por el pueblo de Dios, o sea, por su iglesia, que somos todas las personas que fuimos llamadas de las tinieblas del pecado y hemos sido adquiridas por Dios para anunciar las virtudes de su Hijo amado Jesucristo. Somos un linaje de sacerdotes reales, que sirve al Rey de Reyes y Señor de Señores. Además, somos descendemos de Abraham, desde el punto de vista espiritual. Por ello, debemos bendecir a todas las familias de la tierra, mediante la predicación y enseñanza del Evangelio de nuestro señor Jesucristo (1 P 2:9)

Finalmente, es necesario reconocer la actitud de obediencia y fidelidad que mantuvieron Noé, Abraham y Moisés con Dios, la cual fue determinante para que enfrentaran y vencieran las dificultades que tuvieron. Por tanto, se les considera como personas que mantuvieron buena relación con Dios.

Por: Enrique Aquino Acosta

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