Personajes relevantes en la historia cultural y literaria de Jánico (5)

Por Miguel Collado

Reynaldo Luna Pichardo (1920-2005):

poeta, pintor y arqueÓlogo empÍrico

 

PREÁMBULO

 

No sería difícil reconocer que Reynaldo Luna Pichardo era un hombre de múltiples facetas en el campo del arte —poeta, compositor, pintor y escultor— y que en el plano científico era una especie de arqueólogo empírico: un hurgador en las raíces indígenas tras los orígenes de la janiqueridad. No sería difícil para aquel que sepa que nos estamos refiriendo a Don Nano, llamado así por la fuerza del cariño con que su gente premió su caballerosidad, su don de gente y su integridad como munícipe.

 

El nacimiento de Don Nano ocurrió en la Villa de Santo Tomás de Jánico el sábado 24 de enero de 1920. También sus padres eran oriundos de Jánico: Clement Pichardo e Isaías Luna, quien había sido síndico del municipio sesenta años antes que él: en 1902. Realizó estudios primarios e intermedios  en la Escuela Graduada de Jánico y por un tiempo fue seminarista: duró dos años estudiando en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino de la ciudad de Santo Domingo. Pero no realizó estudios superiores: era autodidacta. En Jánico casó en 1942 con la distinguida dama Argelia Conrada Luna Adames (Doña Tití), con quien procreó a Nacha.

 

En la Capital, que vergonzosamente ostentaba el nombre de Ciudad Trujillo desde 1936, estuvo preso en 1944 durante ocho meses en la Fortaleza Ozama por su oposición militante a la dictadura a la que era sometida la nación dominicana desde 1930. Sus compueblanos lo admiraban y por eso lo eligieron síndico del municipio de Jánico en 1962, siendo el primero en ocupar ese cargo luego de la caída del régimen trujillista porque sus ideales nunca estuvieron al servicio del tirano. Su honda sensibilidad y templanza ética no se lo permitían.

Contrariando su más profundo deseo —el de morir en su patria chica—, el destino dispuso que los últimos días de su existencia transcurrieran en la ciudad de Santo Domingo, donde falleció el sábado 15 de enero del año 2005. Sus restos descansan en el Cementerio Cristo Redentor de dicha ciudad.

 

EL POETA, EL COMPOSITOR

 

Su rasgo más distintivo: el de hombre de letras. Es un romántico en su expresión más elevada y su poesía es un reflejo fiel de ello. Igualmente, sus canciones nunca grabadas; a muchas de ellas él les puso melodía. En 1993 publicó su poemario Libaciones, bajo la supervisión editorial nuestra y dentro de la colección de la Comisión Organizadora Permanente de la Feria Nacional del Libro. Los 13 textos contenidos en la obra nos permiten conocer la pasión del amor que en sus años de juventud albergó Don Nano en su alma. Son poemas íntimos, en los que no se esconden ni la pretensión ni la ambición literarias, sino la necesidad de expresar a la amada el sublime amor que ella ha sembrado en él, sorprendiéndolo en su indefensa sensibilidad de artista enamorado.

Hay una visible combinación de romanticismo y erotismo en la poesía del bardo janiquero. Su erotismo es sutil, pincelado en forma elegante, limpia, y con palabras precisas: «Límpida y breve es tu forma, / perla cristalina y líquida / que al caer todo se anima» («Gota de lluvia»). En el poema «Armonía» notamos la presencia del poeta dominicano Arturo Pellerano Castro (Byron), el más elevado exponente de la modalidad poética denominada criolla en la literatura dominicana. La musicalidad, lo erótico y lo romántico aparecen en dicho texto combinados de manera tal que no cabe duda alguna de que Reynaldo Luna Pichardo no tan solo es un creador visual, sino, también, un artífice del verso:

 

Armonía

 

Hay en ti música sublime,

música en tu bello rostro de nácar,

en tus ojos glaucos de tiernas miradas,

que inspiran, que hablan;

en los hilos de oro que son tus cabellos,

en las níveas perlas de tu hermosa boca,

que rosa, con tenue rocío,

de dulce fragancia en labios de grana.

 

Muestras de un amor con romántico y con sabor a obsesión y a temeridad las encontramos en poemas de su libro Libaciones como «Persecución»:

 

Te perseguiré

aunque me cierren

todos los caminos accesibles

a mi corazón;

y me armaré, cual Quijote,

con las armas de la voluntad

y la entereza.

 

La poesía prosada, muy del movimiento literario denominado Romanticismo, no es extraña a Don Nano, que en su poema «Tú y los colores» nos dice:

 

«Así como la piedra engarzada en metal precioso cobra matices espectrales, así tórnanse más vivos y animados tus atavíos al cubrir tus delicados atractivos naturales. Porque si blanco es tu vestido, diríase que ha descendido a la tierra un ángel de las Altas Potestades».

 

La angustia y el dolor que nacen del amor no correspondido, del amor que se torna indulgente ante el ser que lo procrea, son elementos temáticos bien delineados por Don Nano en su poema «Ocaso», en el que logra crear esa atmósfera de decadencia y fracaso que el mismo título de la pieza poética sugiere:

 

Ocaso

 

«Es tan grande mi pena,

y es mi amor tan inmenso,

que aunque la espera sea larga

y mi sufrir eterno,

en el nombre de Dios

yo perdono tus yerros».

 

Reynaldo Luna Pichardo dejó una gran producción literaria inédita (en verso y en prosa) y en nuestros archivos conservamos parte de ella porque él nos la confió. Es esta la ocasión propicia para dar a conocer algunos de esos trabajos, lo cual hubiera sido de su agrado. Las letras de casi todas sus canciones fueron escritas en la década del 90 del siglo XX, es decir, después de los 70 años de edad: su mente creadora no tomó receso nunca. A continuación los versos de dos de esas hermosas escritas por Don Nano:

 

Las mujeres de mi pueblo

(Fragmento)

 

Las mujeres de mi pueblo

son tan bellas  

que en sus rostros

los faroles de sus ojos  

son estrellas

y en el fondo de sus almas, 

bien guardados, ellas llevan  

el amor y la dulzura.

 

La magia de tu aura

 

En mi soledad y en mi desvelo

surgió este intenso amor por ti:

alegre, inquieto amor,

como ave enamorada

batiendo alas jubilosas

en impecable vuelo.

Así surgió mi amor:

en la cumbre de tu cielo,

en la nube arrebolada

con la luz de mis anhelos.

Alegre, inquieto amor,

sediento de ternura;

es magia de tu aura

colmada de dulzura.

 

Aquellos que han tenido el privilegio de libar en el arte pictórico de Don Nano pueden, también, libar en su arte literario y comprobar, así, que en la historia cultural y literaria de Jánico no ha habido otro creador más polifacético que Reynaldo Luna Pichardo.

 

 

 

EL PINTOR

 

Su pasión por el arte era admirable: «El arte me domina. Cuando yo me pongo a pintar o a escribir una poesía y me sale un brochazo bonito o un verso bien logrado, se me salen las lágrimas», le confiesa a la periodista Solange de la Cruz Matos, enviada por el periódico Listín Diario para entrevistarlo en su hogar, en Jánico, el 8 de enero del año 2003.

Don Nano era un excelente retratista y un brillante dibujante. Montó la primera exposición de sus obras pictóricas en el Club-Casino «Santo Tomás» de Jánico el 24 de marzo de 1981 en el marco de la celebración del primer centenario de la erección de esa comunidad serrana a la categoría de Común (hoy Municipio). Cabe destacar su carácter pionero, pues  fue la primera exposición de arte realizada en la historia janiquera hasta ese momento. Su hilografía «La madre» provocó en el público asistente bastante admiración: es un cuadro hecho en pana negra con hilos dorados elaborado en un solo trazo. Siete años después, el 23 de septiembre de 1989, participó en una muestra colectiva de diversos pintores janiqueros realizada en los salones del Ayuntamiento Municipal de Jánico. Posteriormente expuso tres de sus cuadros en el Centro de la Cultura de Santiago bajo la coordinación del pintor y profesor Jacinto Domínguez.

«A mí me gusta aportar  y en especial para lo que sea de nuestro Jánico», fue la respuesta de Don Nano cuando, en una de las tantas visitas que solíamos hacerle en su casa, le solicitamos que hiciera un dibujo a lápiz de lo que pudo haber sido la estructura de la Fortaleza «Santo Tomás» levantada por los conquistadores españoles en 1494 en ese sitio del territorio de Jánico. Eso haría él a partir de unas ideas que habíamos concebido como resultado de nuestras lecturas de las obras de los cronistas de Indias. «Al tener la fortaleza esa excavación o cava, como la describe el Padre Bartolomé de Las Casas, es de suponer que de la edificación a la cerca de estacas o palos parados, tenía que tener (valga la redundancia) un puente levadizo», nos dice el talentoso artista visual en una carta fechada en Jánico el 17 de febrero de 1989, adjuntando a la misma el primer bosquejo del dibujo que le habíamos solicitado en la visita referida.

En base a ese dibujo realizado por Don Nano el reconocido pintor Julián Amado Ortiz hizo el grabado que ilustra la portada de nuestro libro Jánico. Notas sobre su historia, publicado en 1993. Previamente habíamos consultado en su oficina al experto en monumentos coloniales Teódulo Blanchard,  quien, sorprendido, dijo: «¡Más o menos eso fue así!». Y felicitó a Don Nano, quien por esos días visitaba a su hija Nacha en la ciudad de Santo Domingo.

 

EL ARQUEÓLOGO EMPÍRICO

 

Los pueblos pequeños, de poco desarrollo económico, más que oportunidades de crecimiento a las personas con talento les ofrecen obstáculos. De ahí la necesidad de emigrar para alcanzar los sueños. Y así ocurre en todas partes del mundo. Reflexionamos en este sentido para plantear lo siguiente: de haber tenido Don Nano las oportunidades de un medio mucho más desarrollado que el de Jánico en sus años de juventud, de seguro que hubiera alcanzado niveles elevados de formación en todos los órdenes. Todo lo maravilloso que él realizó en su terruño y todo lo que nos ha legado con su ejemplo, es el resultado de su capacidad de autodidacta y de hombre determinado, emprendedor y firme en sus propósitos.

Y de esa capacidad de autodidacta es que surge el arqueólogo empírico. No fue necesario que pisara las aulas universitarias para ser respetado por los arqueólogos formados académicamente: era consultado desde el Museo del Hombre Dominicano cuando de prospecciones arqueológicas en Jánico se trataba. ¡Qué janiquero más ejemplar! A él se debe la creación del Museo Regional Antropológico de Jánico que lleva su nombre y que se encuentra en las instalaciones del Parque Botánico del municipio. Fue inaugurado formalmente el 15 de febrero de 2005: ¡el sueño hecho realidad de un octogenario y extraordinario ser humano! Por esa iniciativa suya se han podido rescatar valiosas piezas de la cultura taína y que son parte del patrimonio de origen indígena de la comunidad janiquera. La misma le mereció un reconocimiento del Museo del Hombre Dominicano: ver la carta que el 4 de marzo de 2003 le envió a Don Nano esa dependencia de la Secretaría de Estado de Cultura (hoy Ministerio):

 

«Señor Don

Reynaldo Luna Pichardo

Jánico, Santiago,  República Dominicana

Ciudad.

 

Distinguido Señor:

 

            Sirva la presente para felicitarle una vez más por su gran labor y esfuerzo, por darle a su comunidad un Museo Antropológico, el cual su nombre, merecido reconocimiento por tener la iniciativa de donar su colección de piezas Taínas y objetos de valor.

            Valoramos mucho el desprendimiento de que ha hecho gala al donar su colección antropológica al Museo Regional y le reiteramos que nos encontramos en la mejor disposición de colaborar con usted y con el Museo que se digna al llevar su nombre.

 

Atentamente,

 

Lic. Carlos E. Andújar Persinal

Director»

 

Se preservan en ese museo, expuestas y protegidas en vitrinas, numerosas piezas labradas por los habitantes precolombinos: guayo utilizado por los naturales para rallar la yuca y fabricar el casabe, pilones, plato metate, cinceles y hachas. «Yo he rescatado parte del patrimonio indígena», con indudable satisfacción confesó Don Nano en cierta ocasión. Ese era su sueño: «Siempre me ha gustado la arqueología y siempre pensé en un museo para donárselo a la comunidad». ¡Cuánta nobleza y cuánta grandeza en ese hombre de baja estatura!

 

EL ECOLOGISTA, EL ENAMORADO DE LA NATURALEZA

 

Siendo un poeta de tan honda sensibilidad y amante apasionado de sus raíces históricas, no ha de parecerle extraño a nadie que Don Nano también fuera un vigilante de los recursos de la madre naturaleza, un preocupado ciudadano por la preservación del ecosistema. De ahí su espíritu de ecologista, que en su «Alegoría ecológica» lanza un clamor:

 

Alegoría ecológica

[Clamor]

 

«Clama la tierra con voz lastimera y quejumbrosa; su cuerpo esplendoroso y de sutiles bondades adolorido se halla por el flagelo inicuo de la deforestación y la contaminación ambiental. Y pensar que es el hombre el autor de esta tragedia. ¡Oh, paradoja increíble!

            Se secan los ríos, los arroyos, los manantiales; se extinguen las aves, las mariposas, las abejas; se mueren los peces, las tortugas, las ballenas y la vegetación acuática sufre estragos, languidece; el ozono en las alturas, techo y protector del mundo, se abate, desaparece, y todos los animales, atormentados, se estremecen, gimen, chillan, aúllan, braman, gritan, clamando por su existencia en el seno maltratado del planeta, el planeta de la vida, el planeta de las hormigas, de los simios, del canguro, del bisonte, del camello, del elefante, del Homo Sapiens

            Los bosques opulentos un día, pasto de las llamas hoy son por criminales manos y la desmedida ambición. Las praderas abandonadas, como ninfas impotentes, despojadas de sus verdes vestiduras, que protegían su delicada piel, también claman. La madre Natura, implorante ante el cielo, sus pechos nutrientes que manan leche y miel, se siente agotada ante la violencia desatada de su hijos desalmados y sin fe.

            Pero un día los hombres sensibles y las mujeres que aman, viendo su hábitat en peligro, alzaron su voz indignada: «¡Alto ahí!, ¡Alto ahí!, ¡No más desmanes! ¡La tierra es sagrada! ¡No más abuso en la tierra de Adán, de Abraham y Jacob, hoy mancillada!»

 

(Fragmento)

 

¿Hace falta decir más luego de leer a Don Nano expresarse de esa manera tan lúcida y tan poética? Pensamos que no. El ecologista enamorado de la naturaleza lo ha dicho todo en ese texto escrito en 1992 con ocasión de celebrarse el Día del Medio Ambiente.

 

A MANERA DE EPÍLOGO

 

En cierta ocasión, en uno de esos diálogos que acostumbrábamos sostener en cada una de mis visitas a Jánico —habíamos emigrado a la Capital en 1969 para continuar con nuestros estudios—, nos citó una frase de la autoría de Juan Bosch, el escritor que él más admiraba: «Al hombre de dan la oportunidad con la vida, que es una sola: una oportunidad de hacer cosas, y de hacer cosas en provecho de los demás, de hacer cosas que valgan la pena aunque sean pequeñas». Nos parece estar viendo su rostro iluminado cuando pronunciaba ese maravilloso pensamiento del maestro de la narrativa dominicana. Y creemos, sin temor a equivocarnos, que Don Nano su asimilar esa visión boschiana de la vida y la puso en práctica, porque él tuvo esa oportunidad y supo aprovecharla sembrando y cultivando amor. En eso consistió su grandeza: en amar. Él amó profundamente, con devoción diríamos, a su familia, a sus amigos y a su pueblo. Y como vivió amando siempre, desprovisto de maldad y de egoísmo, la vida le sonrió y lo compensó con el amor eterno de su esposa, de sus hijos, de sus nietos, de sus amigos y de ese pueblo que en más de una ocasión le rindió honores merecidos, ganados a base de honestidad y de bondad.

Para él era grato servir, por lo que convirtió en acción y en práctica cotidiana lo que predicaba; tenía una vocación de servicio a toda prueba. Ni la edad ni los odiosos embates de sus quebrantos de salud le impedían escribir un hermoso canto al amor o emprender cualquier proyecto o empresa que implicara algún aporte al desarrollo de la comunidad que le vio nacer y crecer, aunque no morir, pues el permanece vivo en cada corazón janiquero que lo recuerda tal como fue en la vida terrenal: un hombre de bien, un ser humano ejemplar.

Finalmente, transcribimos más abajo el poema elegíaco «Tú y una estrella…» escrito por  el poeta janiquero Lázaro Belio Fernández a raíz de la partida definitiva de Don Nano de este mundo terrenal. Él nos lo envió con la siguiente nota: «Recuerdo al caballero Reynaldo Luna Pichardo como lo que éramos: primos hermanos y amigos consecuentes, que compartíamos y pasábamos momentos felices entre familia. A él, después de su muerte, le escribí el siguiente poema:»

 

Tú y una estrella…

 

Naciste y te formaste

bajo el influjo de una estrella,

que te dio luz

para cultivar tus sueños;

sueños de amor,

de ilusiones y de quimeras,

que despertaron en ti

al entrar en primavera

y ver en su jardín

la estrella de tus sueños;

sueños que hoy quedan

en la luz de tus recuerdos.

 

Por Miguel Collado

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