Periodistas en las guerras

Por Oscar Lopez Reyes

Presenciar a largas distancias intercontinentales, en tiempo real y desde cómodas y refrescantes poltronas, las densas bolas de humo, los fuegos cruzados, la destrucción de edificios por morteros/misiles y las tediosas filas de cadáveres, ilustra como novedades en los entresurcos de curiosidades, y como referencia histórica. Y, apremia saber que esas noticias son reportadas por corresponsales/safaris en la plena del sacrificio y un elevado coste económico, y exponiéndose a la desolación de coplar en la quietud como esqueletos.

En las coberturas de conflictos armados, mientras los militares detonan granadas, balas y obus, los periodistas disparan -en vivo- palabras e imágenes, en misiones super especiales en el vagón de riesgos y peligros elevados a la centésima potencia. Esa labor pringa como excepcional.

Consciente de que, si la verdad peregrina como la primera víctima de la contienda bélica, los periodistas están consignados como el segundo lesionado, la Federación Internacional de Periodistas (FIP), el Comité de Protección de los Periodistas (CPJ), Reporteros sin fronteras, Amnistía Internacional, la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap) y otras organizaciones han redactado guías de orientación y supervivencia.

Además, estas instancias de gran aceptación han logrado que en la Convención de Ginebra se les proteja con el derecho internacional humanitario y que se estableciera que atentar contra los corresponsales se convierta en un crimen de guerra.

Ante la limitación y la escasa circulación de esa literatura sobre la cobertura de guerra, vamos a esquematizar, en 50 puntos, las facetas más relevantes sobre el Reportero de Guerra, especialmente en torno a las urgencias imprevistas y la prevención de riesgos laborales:

 Requerimientos:

1.- Tener excelente salud física y estabilidad psíquica y emocional, sin miedo en sus nervios de acero.

2.- Evidenciar intensa y penetrante vocación periodística, rebosante de pasión y autoconfianza.

3.- Estar consciente de las contingencias, asechanzas y trances a que osa, en la perspectiva de morir para contarlo.

Clasificación:

4.- Contratado por una agencia de prensa internacional o un medio de comunicación local.

5.- Free lancers o por cuenta propia.

6.- Acompañando a las tropas de uno de los bandos, como parte de su equipo y acogiendo facilidades en virtud de ser reporteros independientes.

Aportes:

7.- Cumplir la función social de informar a la colectividad mundial.

8.- Difundir testimonio para la historia, por su vía o aprovechado por terceros.

Peligros:

9.- Carecer de agua o comida.

10.- Padecer un accidente.

11.- Un colapso de la salud.

12.- Un secuestro (rehén), en cautiverios breves o extensos.

13.- Agravio  por una violación sexual.

14.- Un extravío o una incomunicación técnica en la zona de combate.

15.- Acortamiento textual por censuras por una facción militar, por temor a que se diga la verdad o que la divulgación de un dato le perjudique.

16.- Caer herido.

17.- Sobrellevar estrés traumáticos, por los recuerdos de las ruinas por los atentados, crueldades, por mutilaciones o muertes de ancianos, mujeres y niños.

18.-Ser abatido por balas, morteros, bombazos, misiles; por pisar terrenos minados o en una emboscada.

Preparación:

19.- Someterse a exámenes médicos y recibir certificaciones de que no tiene dolencias graves.

20.- Aprobar, en una universidad, un ejército de tierra o la Cruz Roja, un entrenamiento sobre seguridad en el campo de guerra, que incluya cómo cuidar la salud, cubrir las necesidades físicas básicas, la obtención de datos con precisión, minas y explosivos, el derecho internacional humanitario, primeros auxilios, bioquímica, gestión del estrés, etc.

21.- Vacunarse contra la Covid-19, la influenza, la DPT (difteria, tosferina y tétano), la hepatitis A y B, y otras epidemias.

22.- Arreglar los documentos de identificación, como una carta explicativa y un carnet de acreditación del medio, una tarjeta internacional de prensa, pasaporte, etc.

23.- Aprender el idioma, la geografía, las leyes, costumbres de la demarcación del conflicto.

24.- Preparar una mochila con una liviana camilla replegable, un botiquín de primeros auxilios y alimentos ligeros y duraderos.

25.- Adquirir un teléfono inteligente de última generación, con una cámara de alta resolución para capturar imágenes, videos y audios, con capacidad de envío rápido y almacenamiento.

Aseguramientos:

26.- Suscribir una póliza con una reconocida firma internacional de correduría de seguros y reaseguros.

27.- Proveerse de un seguro médico de viajes de  amplia cobertura.

28.- Pactar una remuneración fija y el suministro de dinero en efectivo para gastos diversos, como alquiler de viviendas y vehículos.

29.- Elaborar un plan de trabajo.

Escudos:

30.- Transportarse en un vehículo blindado.

31.- Guiarse por una baliza que le indique permanentemente, tanto a usted como a la dirección de su medio de comunicación, el lugar donde se encuentra durante los recorridos, y un GPS para su localización si se extravía.

32.- Llevar un letrero de PRENSA.

33.- Trasladarse con una bandera blanca.

34.- Blindar su cuerpo con un chaleco antibalas y antifragmentación.

35.- Cubrirse con un traje de protección bioquímica.

36.- Portar un casco anti-balas y máscaras de gas.

37.- Asegúrese de la garantía de acceso a determinadas zonas.

38.- Recortes de prensa, folletos o libros que puedan ser sospechosos o mal interpretados.

39.- Sostener la imparcialidad y evitar sospechas de que practica el espionaje. O sea, jugar claro.

Cotidianidad:

40.- Mantenerse informado a través de emisoras internacionales, en la soledad de los subterráneos y otros escondites de estructuras físicas fortificadas.

41.- Chequear continuamente la  salud, particularmente los aspectos auditivos y neurológicos, por el retumbar de los bombardeos, los proyectiles y los productos químicos.

42.- Realizar, en momentos de tranquilidad, ejercicios y actividades recreativas, que relajen y reduzcan la tensión, especialmente por internet o juegos digitales en celulares, tabletas o computadoras.

Prohibición:

43.- Acercarse a la zona de combate, o a uno de los frentes.

44.- Tomar apuntes o sacar micrófono en público.

45.- Usar vehículos semejantes a los de militares o policías, y utilizar cinturón de seguridad.

46.- Dibujar mapas de posiciones militares.

47.- Reportar desde espacios distantes de autoridades y servicios médicos.

48.- Mantenerse de pies y con la cabeza levantada durante refriegas: tirarse al suelo y pegarse en paredes.

49.- Llevar objetos que parezcan armas, vestimentas similares a las de soldados o equipos con antenas.

50.- Efectuar movimientos repentinos o meterse las manos en los bolsillos.

En 1985, el periodista estadounidense Terry A. Anderson, ex corresponsal de la agencia Prensa Asociada en la Guerra de Vietnam y co-presidente honorario del CPJ, fue secuestrado en Beirut por musulmanes chiítas de Hezbollah, de la Organización Jihad Islámica en el Líbano, y mantenido como rehén hasta 1991, en represalia por su trabajo profesional.

En el 2002, Daniel Pearl, jefe de despacho del diario de Estados Unidos The Wall Street Journal en el Sur de Asia, accedió a montarse en un taxi en Pakistán para una codiciada entrevista, y fue decapitado por militantes islámicos. Y ese mismo año, Tim Lopes, periodista de la cadena de televisión brasileña Globo utilizó una cámara ocupada a supuestos narcotraficantes en la explotación sexual de menores, y fue secuestrado y ejecutado.

Desde la década de 1960, más de 400 periodistas han ofrendado sus vidas en los conflictos bélicos (francotiradores, raptos y ejecuciones, coches bombas, balas perdidas, etc.) y manifestaciones callejeras. En la guerra de Los Balcanes mataron a 94 periodistas, en Vietnam a 60, en Iraq a 15, en Afganistán a 8 y en el Golfo Pérsico a 4, entre otros escenarios.

Otros han dado coberturas, por años, a campos de batallas en distintos países, como titanes invictos, sin el más mínimo rasguño. Tal es el ejemplo de Peter Gregg Arnett (nacido en Nueva Zelanda y nacionalizado estadounidense), quien durante 35 años cubrió varias guerras. Narró sus experiencias en una conferencia dictada en la década de 1990 en el hotel Jaragua de la capital dominicana, y donde platicó brevemente con este servidor.

Entre 1962 y 1965, Peter Arnett cubrió la guerra de Vietnam, y posteriormente la Guerra del Golfo. Entrevistó al presidente de Irak Saddam Hussein (1979-2003), capturado por Estados Unidos ese año y ahorcado en el 2006. En 1997 también entrevistó a Osama bin Laden, malogrado líder de Al-Qaeda, que se convirtió en el tema de la película “A War Story”. Durante la invasión de la Unión Soviética a Afganistán (1979), a este país ingresó ilegalmente desde Pakistán, ayudado por muyahidines, y en el transcurso de la Guerra del Golfo fue el único periodista que transmitió en vivo para CNN, en vista de que tuvo la perspicacia de instalarse lejos del edificio habilitado para los reporteros, que fue dejado sin señal. Estuvo bajo el recelo y la desconfianza de la CIA.

Por sus impactantes reportajes y entrevistas, en 1966 recibió el Premio Pulitzer y en 1991 el Premio Ischia Internacional de Periodismo. Procreó dos hijos y en 1994 publicó sus memorias: “Directo desde el campo de batalla: de Vietnam a Bagdad”.

El corresponsal de guerra (no el periodista común) se anota como la labor más difícil, compleja y delicada del periodismo, y por sus indicadores ha sido clasificada como una de las carreras u oficios de mayor contingencia, o más peligrosa del mundo, junto con los pilotos de avionetas, los ordenadores de serpientes venenosas, los mineros, pescadores, bomberos, prostitutas y homosexuales.

Conseguir la noticia que conmueve y denuncia barbaridades acredita y glorifica en el homenaje, más cuando se exhibe valor y proeza en las hostilidades a fuego de plomo. Aún adornado de esas cualidades singulares, siempre se recomienda prudencia, empinado en el dicho de que la vida es más apreciada que la noticia o el reportaje.

 

Por Oscar López Reyes

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