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Periodismo, noticias, opinión y publicidad: ¿qué leemos?

Por Francisco S. Cruz Lunes 2 de Enero, 2017

No solo fue que el periodismo de libreta y la lápiz prácticamente desapareció, o que el ciudadano de a pie, en una premonición (hoy realidad) de Juan Luís Cebrián en su Cartas a un joven periodista, se hizo, por curiosidad, esnobismo, responsabilidad ciudadana o impostura moda-postmodernidad de las redes sociales, periodista, sino que, la noticia, el reportaje, la crónica, el editorial y hasta la columna de opinión, en sus contextos narrativo y periodístico, han sido tomado-asaltado por la publicidad y la sobrevivencia de un oficio-deber –el de informar- que ya ni se sabe qué terminará informando-promocionando: si la lectura de taza, pornografía subliminal o, las bondades del cigarrillo electrónico (Hookah).

Por ello, los desafíos del periodismos no están solo referidos a la debida actualización profesional-tecnológica del periodista, sino también, a cómo los propietarios de medios (que ya no son solo los de periódicos impresos –cada vez más en vía de extinción-, medios televisivos, radiales, digitales, pues hay infinitas modalidades de medios-dueños informativos -¿…?- incrustados, básicamente, en las redes sociales que mejor llamaríamos ovnis o adefesios periodísticos, pues igual propalan noticias falsas que trucos-seducción-morbosidad para lograr lectoría) deslindan o privilegian el sagrado deber de informar –con apego a cierto compromiso ciudadano- de chatarras o basuras publicitarias que nos ahogan y que ya no nos dejan, siquiera, leer-seguir, con cierta continuidad lógica, el contenido de la noticia, del reportaje, de la crónica, de la columna o de un atinado editorial.

Se trata pues, de lograr una sana convivencia-sobrevivencia del periodismo y de su sagrada misión social, pero a un precio menos invasivo, desviador y, por supuesto, desligado, en sus contenidos sustantivos, de chatarra-basura publicitaria y del engaño-estafa público. En otras palabras, se trata de que, entre dueños de medios, agencias de publicidad y de redes sociales, se pueda alcanzar un cierto código explícito o tácito de creatividad periodistica-publicitaria que salvaguarde el deber de informar u entretener con respeto-apego a la verdad y a no ser parte o medio para estafa o engaño colectivo.

Por supuesto, no estoy abogando por ninguna censura, comité censor o de norma vigiladora reglamentaria -¡Dios me libre!-, sino, por una suerte de creatividad periodistica-publicitaria que permita informar-entretener y anunciar –porque sin anuncio ni publicidad no hay empresa periodistica- sin sacrificar-desviar el hilo narrativo-informativo (y si se quiere, literario) de una noticia, de un reportaje, de un artículo de opinión o de una interesante crónica. En síntesis, ¿no habrá otro espacio-sitio donde anunciar?

Lógicamente, toda esta perorata está referida a mi diario naufragar por las versiones digitales de los diarios impresos –y digitales- y mi frustración, desencanto o sensación de extravío cuando empiezo leyendo una columna de opinión, una notica, un reportaje o un editorial, y termino, sin saber ni darme cuenta, leyendo, en el mismo texto, un anuncio de una agencia que facilita compañía, una esquela mortuoria –que es lo más natural- o, los embustes de un político, o de un predicador que, hace rato, se le escapó a Satanás.

Algo habrá que hacer –digo yo, que no soy periodista ni dueño de medios ni de redes sociales-, ¿o no?