Perfil diplomático

Por Jeovanny Terrero lunes 19 de septiembre, 2022

Un buen diplomático para poder instruirse en los distintos temas que forman parte de la agenda internacional debe estar en constante aprendizaje.

Mucho se ha escrito de la extroversión, apertura, responsabilidad y amabilidad de un buen diplomático. Pero las que quiero comentar son las de Eduardo Jara Roncati, diplomático de carrera y ex embajador de Chile. Sobre las cualidades que le son  innatas, y que forman  parte de sus condiciones personales, más las que se van adquiriendo a través de enseñanzas técnicas y especializadas. Estas son:

Patriotismo. El diplomático ha de amar a su país por sobre todas las cosas y sentirse vinculado a él. Para amarlo realmente, debe conocerlo. El diplomático no es el propagandista de su país. Es su representante defiende  los intereses permanentes del Estado que representa y los valores de su gobierno

Franqueza. Tanto en la diplomacia bilateral y multilateral, hay que saber ganarse la confianza de los demás, sobre la base de decir la verdad. Jamás hay que engañar. La diplomacia ha pasado a convertirse en franca y directa.

Dedicación. La función diplomática no tiene una determinación material en el tiempo y se desarrolla con la experiencia que se va   acumulando, en provecho del país que representa.

Vocación. El diplomático debe sentirse grato con sus funciones, aceptando de buen grado las características de su profesión y comprender que se trata de representar a su país y de cumplir con las demás funciones que están claramente determinadas.

Modestia. No hay mayor peligro para un diplomático que la vanidad y la presunción, que puede impulsar a desoír consejos convirtiéndolo en vulnerable a la adulación. Tal diplomático tendrá una actitud personalista y se irá aislando progresivamente; al jactarse de sus eventuales triunfos, irá creando rencores y odios para sí y para su país y desarrollando el amor propio en su adversario. Además, su altanería puede impedirle reconocer sus errores o inexactitudes.

Sobriedad. La moderación en su vida pública y privada, debe acompañar siempre a un diplomático. No debe caer en la exageración, ni en sus juicios, ni en sus distracciones, ni en el actuar o el vestir

Criterio. La capacidad de discernir adecuadamente se tiene o no se tiene. No hay escuelas, por desgracia, donde se aprenda a actuar juiciosamente. Un diplomático sin criterio, es un peligro latente para su país. Ahora, si éste habla varios idiomas, es más peligroso todavía.

Dignidad. Es la consideración que un diplomático debe tener de su propia persona, el respeto que debe tener por sí mismo y obtener hacia su país.

Discreción. El diplomático debe saber guardar reserva acerca de las materias de que conoce o llegan a su conocimiento en virtud del cargo que desempeña

En conclusión resulta difícil encontrar en un mismo ser humano tal conjunto de virtudes. Pero, analizándolas en su conjunto, algunas son inherentes a ciertas personas, se tienen o no se tienen. Las demás, pueden ser perfeccionadas regularmente a través de la carrera.

Por Jeovanny Terrero

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar