Penalizar el aborto

Por Enrique Aquino Acosta sábado 6 de febrero, 2021

Los promotores y defensores de la práctica del aborto solicitan al Congreso Nacional modificar el Código Penal para que a una mujer que haya sido víctima de violación sexual o incesto, o su salud peligre y el feto presente alguna deformación, se le permita abortar. También se solicita que la mujer ni el personal médico que practique el aborto caigan presos por esa barbaridad. O sea, se solicita licencia para matar a criaturas inocentes e indefensas.

A propósito de esa absurda propuesta voy a comentar lo que dijo la médico forense argentina Chinda Brandolino durante una entrevista sobre “Los mitos del aborto”, la cual se puede ver y escuchar a través de YouTube. También hace referencia a la película “El grito silencioso”, donde un médico agarra una pinza y le corta una manita a un bebe, quien abre su boca, llora y se mueve en el interior del útero de la madre en busca de protección.

La doctora Brandolino explica con lujo de detalles las maneras como se practica un aborto. La primera es la química y se practica utilizando un veneno llamado Misoprostol, el cual produce fuertes contracciones, dolor y hemorragia en el útero de la mujer.

También se utiliza la forma quirúrgica. El médico le abre las piernas a la mujer y le anestesia el cuello del útero para dilatarlo. Luego, introduce un instrumento cortante en su interior y va sacando los piecitos, las manitas o la cabecita del bebe por triturados. Sin embargo, el médico puede causar una fuerte hemorragia y  hasta la muerte de  la mujer, si introduce el bisturí en la vagina y corta alguna arteria.

Otra manera para abortar es la succión y consiste en aplastar la cabecita del bebe. Al hacerlo se escucha el ruido de sus huesitos, mientras se van quebrando. El médico los va sacando y metiendo en un recipiente como una basura cualquiera, narra horrorizada la doctora Brandolino. La especialista en salud afirma categóricamente que la práctica del aborto es un “acto criminal contra la vida de una criatura inocente y una industria y un negocio, porque los órganos de los niños los venden”.

Usted preguntará ¿por qué ocurren estas barbaridades? Ocurren porque el plan de Satanás ha sido siempre matar a los niños y lo hace a través de ciertos médicos y gobernantes. Son ejemplo de ello, la persecución que desató el Faraón en Egipto contra los niños israelitas. También la que hizo el rey Herodes contra el niño Jesús para matarlo y la política pro aborto que promueven muchos gobiernos actualmente (Éxodo 2:22; Mateo 3:13)

Por tanto,  las  opiniones que deben prevalecer sobre la práctica del aborto son las que han sido emitidas en su contra. ¿Por qué? Porque todas las personas tienen derecho a la vida, incluidas las que están en el útero materno, según establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos en sus artículos 1, 2 y 3  y  la Constitución Dominicana en su Artículo 37.

Así mismo,  las causas por las que muchas mujeres abortan no son las que alegan los defensores del aborto. Lo que las conduce, junto a los hombres, a fornicar, a adulterar y a sostener relaciones sexuales irresponsables son el libertinaje y el desenfreno moral en que viven. Por eso, deben elegir lo que harán con su hijo  antes de concebirlo y no durante el embarazo.

Incluso, hay intereses  políticos y económicos ocultos detrás de la práctica del aborto, como son la política que auspician los organismos internacionales (ONU, UNION EUROPEA, ONGS) para controlar el crecimiento de la población mundial en las familias más pobres y el ejercicio de la Medicina sin apego a la ética profesional. Ambos intereses evidencian que no hay voluntad política ni profesional para disminuir ni eliminar la práctica del aborto. Lo que se busca es fomentarla.

Amigos lectores, estamos frente a un plan diabólico, cruel y  criminal que  se debe rechazar. ¿Por qué? Porque viola el  Mandamiento de la Ley de Dios que prohíbe matar y  porque persigue impedir el crecimiento de la raza humana y  extinguirla. Satanás y sus adeptos se oponen a que se engendren hijos, a que se multipliquen y pueblen la tierra (Génesis 9:1; Ex.20:13) De ahí, que la mayoría de abortos sean producto de relaciones  sexuales fuera del matrimonio y por eso muchos hombres y  mujeres optan por descargar su culpabilidad  pecaminosa en una criatura inocente e indefensa. ¿Es justo esto? ¿Debe el legislador apoyarlo?  ¡Nunca!

Por lo visto, la práctica del aborto no solo es dañina para la criatura, pues, también lo es para la madre y por eso debe ser prohibida y penalizada. Además, no se reducirá ni desaparecerá porque agreguen al Código Penal las tres causales que enarbolan sus defensores. La práctica del aborto se podría reducir a su mínima expresión y eliminar, si se tomaran las medidas que se sugieren a continuación:

  1. A) Contrarrestar las mentiras que difunden los defensores y promotores de la legalización de la práctica del aborto.
  2. B) Investigar e identificar las clínicas y hospitales que practican abortos y someterlos ante los tribunales competentes y que estos no declaren culpable al inocente ni inocente al culpable. Lo primero compete fundamentalmente a las autoridades de salud pública y al Ministerio Público.
  3. C) Establecer, mediante ley, que la mujer embarazada permita que su hijo(a) nazca y en caso de que no quiera o no pueda criarlo, que lo done a un matrimonio sin hijos, que quiera y pueda suplir todas sus necesidades.
  4. D) Llevar a cabo un proceso de enseñanza sobre los valores que promueve el Evangelio en torno a la vida y la familia con la finalidad de regenerar la mente de las mujeres y los hombres para  que sostengan relaciones sexuales responsables y valoren y respeten las diferentes etapas de la vida humana.
  5. E) Difundir el mensaje del Evangelio a través de las instituciones de carácter educativo y los medios de comunicación para que sirva como muro de contención contra la depravación ética y moral que afecta a gran parte de la población  y F) Aprobar  y promulgar una ley que prohíba y penalice la práctica del aborto en todo el  territorio nacional y que el sistema de justicia no declare culpable al inocente ni inocente al culpable, en ese ni en ningún otro caso.

 

Por: Enrique Aquino Acosta

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