Peledeístas, pero no Boschistas

Por Florentino Paredes Reyes miércoles 17 de junio, 2020

El panorama político nuestro está lleno de cosas raras, que nos hacen pensar a quienes hacemos el papel de jueces morales, que las cosas van por mal rumbo. No es que en los partidos no haya cerebros pensantes, pero cuando las acciones no se relacionan con la conducta que históricamente corresponde y que la lógica ha establecido, sentimos esa sensación de que algo no está bien.

Los grupos políticos, religiosos y hasta artísticos, han tenido en toda la historia un ejemplo a seguir, un guía espiritual, que es convertido en fuente de motivación para los que están, así como para los nuevos integrantes que deseen conquistar. De eso tenemos millones de ejemplos: Vladimir Ilich Lenin para los socialistas, Mohandas Karamchand Gandhi para los pacifistas, Che Guevara para los guerrilleros, Martin Luther King para los negros…

Cada partido o fuerza política nuestra, tiene su líder o fundador que vivo o muerto es idolatrados con todo tipo de cualidades terrenales y sobrehumanas: Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez y Juan Bosch son los referentes de los miembros de los principales partidos en estos momentos.

En lo concerniente al partido de gobierno, sucede lo inusual con su guía moral (Juan Bosch) y su estructura partidaria. Mientras su líder es vendido como un intelectual (que no tenemos la menor duda que lo fue), hombre honesto, de amplia sensibilidad social, democrático, respetuoso de las leyes y coherente, sus discípulos actúan con todo tipo de mañas, malquerencias, impunidad, desvergüenza, prepotencia y un sinfín de cualidades contrapuestas y combatidas por su líder.

El gobierno en pleno abandonó sus obligaciones para constituirse en un comando de campaña del candidato presidencial Gonzalo Castillo, todo cuanto se hace, es con el fin de promover sus aspiraciones, desde la obra más majestuosa hasta la ayuda más insignificante, en una asqueante y vergonzosa propaganda que pone en evidencia la pobreza moral de quienes la exhiben por encima de la pobreza económica de quienes la reciben. Los recursos del Estado, de lo que tanto habló y escribió Don Juan, son manejados como un premio de lotería en pleno festejo del agraciado, no hay límites para el derroche, pero muchas retrancas para invertirlos en obras de bien social.

El conocimiento de la realidad social y el desarrollo de las capacidades intelectuales que tanto promovió Juan Bosch y que podemos encontrar en su obra ¨Composición social dominicana¨, como forma de conocer, entender y aplicar políticas de mejoramiento social, es otra estocada por la espalda a su legado, de quienes dicen ser sus discípulos. Promueven un aspirante a la presidencia, como si ocupar posiciones de tanta envergadura sea un relajo o como si las capacidades son adornos de propaganda y no cualidades de los individuos.

Como formadores de presentes y futuras generaciones, estamos claros de la pluralidad de capacidades que adornan a los seres humanos, pero también somos conscientes que todo ser tiene límites y, que, por el hecho de ser buen funcionario público, eso no me faculta para ser presidente. De hecho, Juan Bosch supo manejar mejor el mundo literario que la presidencia de la República Dominicana.

Los actuales protagonistas de la actividad política nacional carecen de humildad para reconocer sus virtudes y acentuadas limitaciones, quieren tapar el sol con un dedo ofreciendo los absurdos más vergonzosos como vías de solución a problemas económicos, políticos y sociales. Nos hacen recordar los intentos de gobierno de Pedro Santana, Ignacio María Gonzales, Cesáreo Guillermo, José María Cabral y hasta Ulises Heureaux, que imprimían dinero a granel creyendo que con esa acción acabarían la miseria.

Cuando el país se encaminó hacia el respeto social y la independencia institucional post- trujillista, tuvimos candidatos presidenciales con formación en esos temas: Balaguer, Bosch, Jorge Blanco y Peña Gómez hicieron alarde de sus mejores capacidades para promover esos temas.

No es justo que, en estos momentos, una escuela política como lo es el Partido de la Liberación Dominicana promueva un candidato cuya única cualidad es ser solidario con el dinero del Estado, que no tiene un referente histórico que sostenga las virtudes que le atribuyen más allá de la publicidad mediática y abusiva con fines electorales. Que utilicen los programas de ayuda social, los ministerios de salud y obras públicas para endiosar un ser plagado de defectos.

Nos cuesta creer que, aguardentosos de poder, los discípulos de Juan Bosch hayan olvidado la impronta continental de una moral intachable como la de su líder, que esa organización política sea tan vulgar con el manejo de los fondos públicos que nada le importe, que a fuerza de dinero promuevan los valores de un candidato que ni en sueños posee y que impulsen un proyecto político con más cuestionante que respuestas. Creemos que olvidaron a Bosch, sus ideas, sus escritos y sus sueños para este pueblo. No nos cabe la menor duda de que son peledeístas, pero no bochistas.

 

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