Ser peledeísta en tiempos de Danilo, Leonel, Odebrecht y Marcha Verde

Por Francisco S. Cruz lunes 3 de julio, 2017

Lo recuerdo como ahora mismo: llegué al PLD en el año 2000, justamente, cuando ese partido perdió el poder de Hipólito Mejía y del PRD-PPH. En otras palabras, que llegué al PLD al filo de la oposición y en el trayecto-ejecución de su tránsito más exitoso político-electoral, aunque para algunos, sobre todo ortodoxos y de su jerarquía –para justificar lo injustificable: su descuido-, su masificación porque sin ella, diga lo que se diga, no hubiese habido el Leonel-Presidente 2004-2012 ni tampoco el Danilo-Presidente 2012-2020. Lo demás, incluido, golpes en el pecho y añoranzas, no sirve más que para vernos en el espejo nosotros mismos: los peledeístas de cuadros, si es que quedan, y de masas-pragmáticos que somos todos (aunque arriba demasiado conservadores).

 

Dicho lo anterior, conviene que cada peledeísta se pregunte, a estas alturas –de lo que serán 16 años ininterrumpidos en el poder y 20 en total-: ¿cuál fue el país, en 1996 y 2004, que recibimos? En mi opinión, y con la excepción del cuatrienio 96-2000: inicio del despegue económico y de nuestra irrupción en el escenario internacional, lo que heredamos fue un feudo país-colmado –tal cual Joaquín Balaguer lo administró (1966-78 y 1986-96)- y una bancarrota-país descrédito (en el 2004, el que Hipólito Mejía entregó), que recuperamos y pusimos en el mapamundi.

 

Sin embargo, la historia de esa proeza no ha estado exenta de luces y sombras como toda obra hecha por seres humanos, y más si son políticos, empresarios y tecnócratas que es, en definitiva, con la masa o pasta critica que todo país o nación se organiza, construye y desarrolla. Por supuesto, tal empresa, con el concurso y el trabajo de los hombres y mujeres –ciudadanos- que trabajan y pagan impuestos. La historia de la humanidad no registra otra forma.

 

Entonces, sería bueno saber, ¿en qué momento-trayecto nos encontramos -de nuestra historia contemporánea- como ciudadanos y peledeístas?

 

Si no me equivoco, creo que nos encontramos en un momento sumamente álgido y definitorio: a saber, por un lado, que hemos realizado, con sus luces y sus sombras, una obra de gobierno ejemplar –con Leonel Fernández y Danilo Medina, a la cabeza- que está ahí y que la historia, tarde o temprano, enjuiciará; pero, de otro lado y cuando todo se debatía en una curiosa atipicidad –en el liderazgo nacional-: Danilo-Leonel, de golpe y porrazo, surgió el Movimiento Verde –que ya sabemos que, como los partidos políticos, tiene financiadores, unos que ya son público –y en desbandadas- y otros ocultos-foráneos que ya se descubrirán- y se destapó el mega-escándalo Odebrecht, con su correlato de imputados-encarcelados y presión internacional.

 

Al respecto, lo he sostenido muchas veces, desteto al Mario Vargas Llosa político-ideológico y veddeto-vitrina internacional, igual que al que nos llamó, sin razón ni sustento, e innecesariamente, Apartheid del Caribe, pero -¡oh! contradicción humana- me gusta y disfruto su literatura y algunos que otros ensayos suyos, como también, un párrafo de su autoría que, creo, es la mejor radiografía de lo que ha significado el mega-escándalo internacional Odebrecht que, en su opinión, encierra esto: “Algún día habrá que levantar un monumento en homenaje a la compañía brasileña Odebrecht, porque ningún Gobierno, empresa o partido político ha hecho tanto como ella en América Latina para revelar la corrupción que corroe a sus países ni, por supuesto, obrado con tanto empeño para fomentarla” (periódico El País de España, 19 de febrero de 2017: “Las delaciones premiadas”).

 

Finalmente, no tengo la certeza cierta hacia donde nos llevará estos entuertos caminos (Odebrecht-Marca Verde y la noria de un liderazgos -de partidos políticos- que no se renueva); pero me temo que si como peledeístas –en el poder- queremos defender al Gobierno y al Partido no hay otro camino que: a) organizar y atender la casa (lo que implica mas institucionalidad partidaria, recuperar-redimensionar la relación Partido-Gobierno, democracia interna y relevo de liderazgos); y b) volver a leer el libro clásico-testimonio “Crisis de la democracia de América en la República Dominicana” del fundador y guía de nuestro partido, el Prof. Juan Bosch y, en consecuencia, empujar por mas institucionalidad, por más transparencia y rendición de cuentas; pero, sobre todo, por mas ética pública.

 

En él (lo que fue su prédica política-ética-pedagógica) y leyéndolo, con interés y fruición, encontraremos las claves para reencontrarnos y, de paso, le haríamos el mejor homenaje en el 108 aniversario de su nacimiento, que estamos celebrando.

 

Comenta