Pedro Vergés

Por Ramón Saba jueves 1 de septiembre, 2022

Nació el 8 de mayo de 1945 en Santo Domingo. Su nombre completo es Pedro Luciano Vergés Cimán.

 

Narrador, poeta, ensayista, profesor, articulista y diplomático. Estudió en la Universidad de Zaragoza, España, obteniendo el grado de doctor en Filología Románica y fue redactor de la revista literaria “Cam de l’Arpa” en Barcelona, donde también fue cofundador de la revista “Hora de Poesía”. A su regreso al país, asumió la cátedra de Literatura en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña; fue director ejecutivo del Instituto de Cultura Hispánica en Santo Domingo. En el campo diplomático fue embajador de la República Dominicana en España, en la República Federal de Alemania, jefe de misión en Japón, representante permanente de nuestro país ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en Canadá. Ocupó la posición de ministro de Cultura desde agosto de 2016 hasta mayo de 2018 y es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua.

 

 

Su mayor éxito como escritor lo cosechó en 1981 con la novela Sólo cenizas hallarás (Bolero), pero en el haber bibliográfico de Pedro Vergés se han cosechado dos poemarios titulados Juegos reunidos y Durante los inviernos (1977). Ha sido articulista de diferentes medios de prensa y sus ensayos gozan de gran prestigio. Su obra literaria principal ha sido bien valorada por prestigiosas antologías y analizada por excelsas plumas de brillantes escritores, entre los que podemos mencionar a José Alcántara Almánzar, Diógenes Céspedes, Pura Emeterio Rondón, Miguel Ángel Fornerín, Cándido Gerón, Miguel D. Mena, Marcio Veloz Maggiolo, Franklin Gutiérrez e Ibeth Guzmán, entre muchos otros más. A pesar de que su producción literaria no ha sido muy abundante, la calidad de su novela Sólo cenizas hallarás (Bolero) lo ha posicionado como una de las principales voces de la novelística criolla.

 

Pedro Vergés ha sido merecedor de importantes reconocimientos, entre los que podemos resaltar haber recibido dos valiosísimas preseas: El Premio de la Crítica Española y el Premio Internacional Blasco Ibáñez por su novela Sólo cenizas hallarás (Bolero), considerada por muchos como sobresaliente en la literatura dominicana.

 

La periodista Providencia Rossi Pujols considera que Pedro Vergés pertenece al selecto grupo de intelectuales dominicanos, logró la cúspide con la posición adoptada como diplomático ante el concierto de naciones, con una defensa ardua, incisiva, elegante y apegada a la verdad del Estado dominicano frente al tema de la migración haitiana en nuestro territorio.

 

El también periodista Amable López Meléndez opina que la formación, disciplina, temple, sensibilidad, responsabilidad, profundidad de pensamiento, capacidad crítica, honorabilidad, pasión y entusiasmo, son solo algunas de las cualidades que marcan distintivamente la trayectoria y personalidad de Pedro Vergés.

 

El escritor Héctor Santana afirma que, en relación con la obra literaria cumbre de Pedro Vergés, alzarse con el premio de la crítica del año ochenta es un gran acierto para una novela que corresponde a una tradición trunca como la nuestra. Solo cenizas hallarás debió gozar de mejor suerte -si existe- en el devenir histórico que le ha correspondido. Indudablemente, es una novela que retrata unos acontecimientos que bien se podrían suponer superados. Pero no, acechan. Es en la lectura y la relectura de la novela que descubrimos su potencial, su germen catalizador de dolores y los apremios que han sacudido nuestra vida reciente.

 

Finalmente, el escritor Fernando Berroa expone en su premiado ensayo “El poder de la técnica. La estructura narrativa de la novela Sólo cenizas hallarás (Bolero)” que: “Principalmente sobresale la organización de los capítulos dentro de la historia para conseguir una fragmentación caótica de la trama (al estilo de Rayuela y Pedro Páramo), logrando un entrecruzamiento temporal que finge linealidad. El narrador es el adecuado para contar la historia, pues su cercanía a los personajes lo valida para contarla, sensación que se amplifica con el uso del monólogo interior y el cambio de punto de vista, la utilización de las canciones de acuerdo al estado de ánimo de los personajes, y esa estrategia de hacer hablar al propio personaje de cómo su vida termina convertida en cenizas. El depurado y adecuado manejo de la lengua, con un estilo que se mueve sin problemas en todos los estratos, desde los vocablos más cultos al más vulgar de los dominicanismos y habla de la esquina del barrio, está matizado por una dosis de humor como en el Quijote, Cien años de soledad, el Lazarillo de Tormes, en fin, la gran novela universal. Todo esto hace de la estructura de Sólo cenizas hallarás (bolero) un discurso excelentemente logrado, sobrepuesto a la típica novela localista de la tradición literaria dominicana.”

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de la novela Sólo cenizas hallarás (Bolero) de Pedro Vergés:

 

“La clave del enigma se encontraba en las cartas de Carmelo, que Yolanda había estado recibiendo puntualmente desde que regresó al país. En eso y en las que ella misma, tonta, retonta, requetesupertonta, le mandara en respuesta de las primeras, cuando, a juzgar por otra que le escribió una amiga de ambos, parecía que Carmelo se hallaba al borde del suicidio o, en su defecto, al borde de la desesperación y la locura, entregado a la bebida y sumido en una crisis de esas que se estilan en la urbe de los rascacielos. Yolanda no se explicaba cómo pudo caer en la estúpida trampa de dejar documentos escritos acerca de sus pasadas relaciones, pero en aquel momento las cartas de Carmelo, sus propuestas de matrimonio, sus declaraciones amorosas, lo mucho que, según él, había sufrido después de su partida, despertaron en ella un sentimiento de culpabilidad y compasión tan grande que no pudo evitar acudir en su ayuda dándole ánimos y diciéndole (pues no pasó de ahí) que lo de ellos podía y debía quedar en amistad y que un hombre como él no tendría dificultad alguna en encontrar una muchacha joven, amable y cariñosa que le correspondiera.


Sus respuestas nunca abandonaron ese tono ni fomentaron futuras esperanzas, a pesar de lo cual ella sentía en su pecho una profunda y cada vez más desesperante preocupación. ¿Por qué? Pues porque al rayar con lápiz negro el trozo de cartón que le sirvió de apoyo para escribir las fatales misivas y al descifrar, después, las palabras que así se dibujaban, había logrado recordar algunos trozos francamente comprometedores. Frases como: “Lamento mucho que el olor de mi cuerpo desnudo te haya dejado una impresión tan imborrable como dices…”, o aquella otra: “…quisiera eliminar de mi memoria las cosas que hicimos allá en mi apartamento y te aseguro…”, le laceraba! el espíritu, llenándola de miedo y de desasosiego. Sobre todo, de miedo, ya que, si bien las cartas enviadas no pasaban de cuatro (las recibidas alcanzaban el número de nueve) y de que incluso antes de conocer a Wilson ella ya había dejado de escribirle, lo cierto era que luego había llegado a comprender que se trataba de pruebas perfectamente utilizables en su contra, pruebas que Wilson podría conocer algún día, y eso no la dejaba ni dormir, ni soñar, ni ser feliz, ni nada.

 

Por Ramón Saba

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