Pedro Mir

Por Ramón Saba jueves 30 de mayo, 2019

Decidí publicar este trabajo sobre el Poeta Nacional don Pedro Mir, no solamente por sus indiscutibles méritos, sino también por la proximidad de su natalicio.

 

Bautizado como Pedro Julio Mir Valentín, nació en San Pedro de Macorís el 3 de junio de 1913 y falleció a los 87 años  el 11 de julio de 2000 producto de una prolongada afección pulmonar.

Poeta, ensayista, historiador, abogado y educador. Obtuvo el título de Doctor en Derecho en la Universidad de Santo Domingo. Formó filas con un grupo reducido de escritores conocidos como Los Independientes del 40, que se resistió originalmente a formar parte de las agrupaciones vigentes que favorecían al dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, muchas de las cuales estaban patrocinadas por la misma  tiranía trujillista, entre los cuales se destacaron Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui Cabral, Tomás Hernández Franco, Octavio Guzmán Carretero, Francisco Domínguez Charro y Carmen Natalia Martínez Bonilla.

 

Presionado por el tirano por considerarlo un desafecto de su régimen autoritario, se exilia en Cuba en el 1947. A los años de su permanencia en ese hermano país, escribe el poema Hay un País en el mundo, texto que lo marca notablemente. En el 1952 emigra a Guatemala y regresa finalmente a su país en el 1963 a la caída del régimen trujillista, durante el gobierno de su gran amigo Juan Bosch.

 

Pedro Mir es reconocido como el poeta político-social más aclamado de la poesía dominicana de los últimos tiempos. Su obra ha recibido incontables reconocimientos, entre ellos: Premio Nacional del Historia (La raíces dominicanas de la doctrina de Monroe, 1975), Premio Nacional de Poesía (Huracán Neruda, 1976), Profesor Meritísimo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (1982), Premio Caonabo de Oro (1982), Doctor Honoris Causa de la Universidad Central del Este (1983), Escritor residente de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (1990), Doctor Honoris Causa en Letras Humanísticas de la Universidad de la Ciudad de New York (1991), Premio Nacional de Literatura (1993), Doctor Honoris Causa de la Universidad Dominicana O y M (1996), dedicatoria de la II Feria Internacional del Libro Santo Domingo (1999). Su mayor distinción la recibió cuando la Cámara de Diputados de la República Dominicana lo declaró Poeta Nacional el 11 de julio del año 2000, por recomendación del también poeta Tony Raful, hoy Premio Nacional de Literatura 2014.

Su variada obra comprende poesía  (Hay un país en el mundo,  Seis momentos de esperanza, Contracanto a Walt Whitman, Amén de mariposas, Tres leyendas de colores,  Viaje a la muchedumbre, Huracán Neruda y Primeros versos); relatos (La gran hazaña de Limbert, Después del otoño y Buen viaje Pancho Valentín); novela (Cuando amaban las tierras comuneras) y ensayos  (Apertura a la estética, Las dos patrias de Santo Domingo, Fundamento de teoría y de crítica de arte,  Noción de período en la historia dominicana, Historia del hambre y El Soldadito de la estética).

Sobre su poema Amén de Mariposas, escrito en homenaje a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, vilmente asesinadas por esbirros de Trujillo, el escritor y crítico José Alcántara Almánzar expresó en una ocasión que ese poema es “una abierta denuncia contra los crímenes de la dictadura y de los acontecimientos inmediatos que acabaron por socavar el endeble pedestal en que entonces se alzaba el régimen.”

 

El laureado poeta, desaparecido a destiempo,  Adrian Javier, definía a Mir como “un hombre de espíritu cosmopolita domeñado por los afectos. Tenía el perfil de un halcón y la desmemoriada estatura de un ciprés. Hablaba con música y pensaba por todos. Era un oidor y un gran cantor. Caminaba con la corrección del ritmo y gesticulaba con la gracia del orador consumado. Su tema eran los márgenes. Escribía con un coraje bendecido. Era un ser integral, escogido por la Patria para cincelar la dignidad de su resistencia.”

En una ocasión escuché comentar al poeta petromacorisano Federico Joviné Bermúdez que “para hablar de Pedro Mir debemos deshilvanar un poco la madeja de lo ocurrido retrocediendo a los inicios de la poesía social dominicana, expresión escritural que surgiera en nuestro ámbito macorisano como dramática solidaridad de los poetas para con los humildes que desarraigados por los norteamericanos de la primera ocupación militar 1916-24, fueron arrojados en San Pedro de Macorís.”

San Pedro de Macorís ha sido cuna de notables plumas como Federico Bermúdez, Francisco Domínguez Charro ; Carmen Natalia Martínez Bonilla, Freddy Gatón Arce, Víctor Villegas, Rafael Richiez Acevedo, René del Risco Bermúdez y el propio Mir, cuyos poemas proyectan lo social y lo político sin dejar de lado la estética.

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento de uno de los poemas de Pedro Mir que más me conmueve, y que cae apropiadamente por celebrarse hoy el bicentenario del nacimiento del gran poeta norteamericano Walt Witman (31 de mayo de 2019):

 

Contracanto a Walt Whitman

(Originalmente titulado Canto a mí mismo)

Yo,
un hijo del Caribe,
precisamente antillano.
Producto primitivo de una ingenua
criatura borinqueña
y un obrero cubano,
nacido justamente, y pobremente,
en suelo quisqueyano.
Recogido de voces,
lleno de pupilas
que a través de las islas se dilatan,
vengo a hablar a Walt Whitman.
Un cosmos,
un hijo de Manhattan.
Preguntarán
¿quién eres tú?
Comprendo.
Que nadie me pregunte
quien es Walt Whitman.
Irían a sollozar sobre su barba blanca.
Sin embargo,
voy a decir de nuevo quien es Walt Whitman,
un cosmos,
un hijo de Manhattan.

 

Por Ramón Saba

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