Pedro Henríquez Ureña

Por Ramón Saba jueves 27 de junio, 2019

Al conmemorarse mañana el 135 aniversario del nacimiento de este, nuestro gran humanista, hago público este artículo como homenaje a su meritísimo tránsito por la vida.

Nació en Santo Domingo el 29 de junio de 1884 y falleció el 11 mayo de 1946 en Buenos Aires, Argentina. Hijo de Francisco Henríquez y Carvajal (Quien fuera presidente de nuestra nación) y la escritora Salomé Ureña (Considerada la Madre de la Poesía Nacional); hermano de Francisco Noel, Max y Camila, quienes en conjunto conforman la familia más ilustre de nuestro país. Su entorno familiar estuvo marcado por la presencia de Eugenio María de Hostos y José Martí.

 

Pedro Henríquez Ureña fue un brillante intelectual, filósofo, escritor, crítico literario, ensayista, lingüista, periodista y prosista de altísimo vuelo. Es considerado uno de los humanistas más importantes de América Latina en el siglo XX. Profesor universitario en México, Estados Unidos, República Dominicana y Argentina. La segunda vez que estuvo en Estados Unidos alcanzó una sólida formación profesional y docente, obteniendo una maestría en Arte y el grado de Doctor en Letras. Sus escritos sobre autores abarcan desde Juan Ruiz de Alarcón hasta Borges y desde Darío hasta los brasileños. Su obra crítica se caracteriza por la amplitud de los temas tratados y su ferviente deseo de demostrar la unidad e independencia espiritual de América.

Su ejemplar bibliografía cuenta con títulos de gran lectura, destacándose entre ellos Horas de estudio, Nacimiento de Dionisios, En la orilla: mi España, La utopía de América, Apuntaciones sobre la novela en América, Seis ensayos en busca de nuestra expresión, La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo, Sobre el problema del andalucismo dialectal de América, Plenitud de España, Corrientes Literarias en la América Hispana y El español en Santo Domingo. Sus tesis sobre Gramática Castellana (Curso primero y segundo, con la colaboración del filólogo y lingüista español Amado Alonso); El libro del Idioma, escrito junto a la sabia pluma de Narciso Binayán, así como otro conjunto de escritos que enriquecen las letras americanas y que lo catapultaron a la cima del pensamiento de la época.

Se codeó con lo más granado de América y se nutrió de las fuentes más conspicuas del territorio americano. Nuestro hombre de ciencia realizó trabajos conjuntos con Andrés Bello y Rufino José Cuervo, y junto a ellos dos, conforma una trilogía difícil de igualar a nivel de las letras americanas.

Pedro Henríquez Ureña vivió los últimos años de su vida en Argentina donde ejerció la docencia y trabajó en actividades literarias, conferencias y aportes en la organización de bibliotecas. La Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y la Biblioteca Nacional de República Dominicana llevan su nombre, igual que muchos concursos y premiaciones de alto prestigio. Él y Juan Bosch son, sin lugar a dudas, los escritores dominicanos de mayor reconocimiento internacional. Su obra ha sido traducida a varios idiomas, figura en las importantes antologías y su nombre identifica a numerosos grupos literarios.

El erudito escritor y poeta argentino Jorge Luis Borges, expresaba tener el mejor recuerdo de Henríquez Ureña, y externaba con indignación que este “fue profesor adjunto de un señor, de cuyo nombre no quiero acordarme; que no sabía nada de la materia, y Henríquez -que sabía muchísimo- tuvo que ser su adjunto.”

El también escritor, ensayista, físico y pintor argentino Ernesto Sabato, por su parte, evocaba a aquel ser superior tratado con mezquindad y reticencia por sus colegas, refiriéndose a Pedro Henríquez Ureña, quien a su juicio fuera tratado con el típico resentimiento del mediocre, al punto que jamás llegó a ser profesor titular de ninguna Facultad de Letras de Argentina.

Nuestro Premio Nacional de Literatura 2004 Andrés L. Mateo, escritor, novelista, poeta, filósofo, educador, crítico literario, ensayista, investigador y exdirector de la Biblioteca Nacional que lleva el nombre de a quien honra esta publicación, considera que Henríquez Ureña es un intelectual cuya acción cotidiana y reproducción de la vida material básicamente descansaba en la enseñanza. Siempre se dio de sí para afuera. Todo lo que él generó como riqueza a su alrededor, estaba centrado en la educación.

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un fragmento del ensayo “Utopía de América” de Pedro Henríquez Ureña:

“Nuestra América debe afirmar la fe en su destino, en el porvenir de la civilización. Para mantenerlo no me fundo, desde luego, en el desarrollo presente o futuro de las riquezas materiales, ni siquiera en esos argumentos, contundentes para los contagiados del delirio industrial, argumentos que se llaman Buenos Aires, Montevideo, Santiago, Valparaíso, Rosario. No, esas poblaciones demuestran que, obligados a competir dentro de la actividad contemporánea, nuestros pueblos saben, tanto como los Estados Unidos, crear en pocos días colmenas formidables, tipos nuevos de ciudad que difieren radicalmente del europeo, y hasta acometer, como Río de Janeiro, hazañas no previstas por las urbes norteamericanas. Ni me fundaría, para no dar margen a censuras pueriles de los pesimistas, en la obra, exigua todavía, que representa nuestra contribución espiritual al acervo de la civilización en el mundo, por más que la arquitectura colonial de México, y la poesía contemporánea de toda nuestra América, y nuestras maravillosas artes populares, sean altos valores.”

 

Por Ramón Saba

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