Pastoral y exclusión

Por Manuel Hernández Villeta lunes 23 de enero, 2023

La iglesia católica tiene que dar un `puñetazo en la mesa. Quitarse la línea de ser conservadora frente a los problemas sociales. Su homilía con motivo del Día de La Altagracia levanta esperanzas de que se disponga a marchar de frente ante los males sociales.

El mundo de hoy necesita cambios y evolución. El mensaje de la iglesia es positivo, pero  el mismo se debe traducir en la etapa práctica de lucha por las transformaciones materiales que son necesarias.  No sólo es levantar la prédica espiritual, hay que salvar al hombre que se sumerge en la desesperanza..

La homilía, y luego  el sermón de La Altagracia, en Higuey, dejan ver a una iglesia que está comprometida, en el papel, con la situación de los humildes, de los marginados, de los excluidos, que tiene como una alta preocupación a los jóvenes que están desorientados, que no encuentran trabajo, que no pueden proseguir con los estudios.

Este es un mal que sufren a diario millones de dominicanos. Hay que ir en su auxilio,  y la iglesia puede jugar ese papel. No es hora de ocultar la cara ante las injusticias, por temor a los poderosos. Con el puñetazo del Día de La Altragracia la iglesia parece que se alista a dar la batalla.

Con la caída de las ideologías, con el mundo avanzando hacia la normativa económica por encima de las ideas, la iglesia puede jugar un papel estelar en ser abanderada de los irredentos, de los que necesitan el reino de los cielos, pero tienen que sobrevivir a diario en medio de tormentos de todo tipo.

Jesús habló del hombre nuevo, y hoy es necesario reivindicar  ese renacimiento. Pero para que se de un hombre nuevo se deben romper sus ataduras a cadenas sociales que lo mantienen sumergido en la ignorancia, el hambre, las enfermedades sin atención, ausencia de  educación y el sufrir condiciones de existencia degradantes  del ser humano.

La iglesia no puede tener miedo a la verdad, ni tampoco a enfrentar a poderosos que cierran el camino al progreso colectivo. Para luchar por un mundo mejor es necesaria la unidad de todos, pero con el corazón y el pensamiento buscando redención para los excluidos. Conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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