Pastoral de la iglesia

Por Manuel Hernández Villeta Viernes 24 de Febrero, 2017

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La iglesia católica tiene que dar el frente con la juventud dominicana. Es un segmento olvidado y de donde salen los espadachines de la violencia. En el antro de miseria el camino está cerrado. La sociedad no les ofrece a estos chicos la oportunidad de estudiar o trabajar.

El crecimiento desordenado de la sociedad, la baja calidad de la enseñanza básica y la destrucción de los hogares, todo ayuda a tener un camino enjabonado para los jóvenes. Ya ni siquiera tienen la salida en la lucha política llena de heroísmo.

En su Pastoral con motivo del día de la Independencia Nacional, los obispos hablan sobre la juventud, pero con timidez. Yo diría que voltean la cara que ver realidades a medias, o para pasar la página en lo que puede ser un trago amargo.

Plantean la crisis de la juventud y claman por soluciones. Pero creo que los Obispos fallan cuando no se atreven a dar un pellizco, cuando no jalan una oreja. Cuando no hacen nada, solo letras en el papel.

Si alguien conoce en el país la suerte de los jóvenes dominicanos son los curas y los ministros evangélicos. Ellos trabajan con la masa juvenil desde su primera infancia, y ven cómo se van quedando atrás en el progreso. Ven como los devoro el comercialismo y una sociedad que desecha a los que no tienen pesos en los bolsillos.

La iglesia debe ser más militante cuando trata el caso de los jóvenes dominicanos. Ahí está el futuro. En ocasiones jugamos todas las barajas a los jóvenes de universidades de élite que están estudiando y realizando maestrías en el Exterior. Bien por ellos y su superación.

Ahora, si seguimos volteando la cara, como muchos ensotanados, ante al exclusión de la juventud, estaremos preparando una explosión social. Es una caldera que está al rojo vivo y no tiene escapes para los gases. En la juventud hay saltos individuales, pero la mayoría no sale del bosque.

Por lo menos la Iglesia ahora se da el lujo de dar una pincelada sobre los problemas de los jóvenes. En el pasado era totalmente indiferente y sólo los veía como los creadores del problema y la crisis de la sociedad de hoy. Ellos son la víctima de una sociedad donde impera la ley del embudo, donde el que tiene gana la partida completa. ¡Ay!, se me acabó la tinta.