Partidos en el ocaso

Por Manuel Hernández Villeta lunes 21 de agosto, 2017

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La ausencia de mística ideológica ha llevado al fracaso de los partidos políticos. No hay diferencias en la forma de buscar soluciones a los males generales de la población. Todos tienen la misma cartilla. Solo cambia el carisma, la sonrisa, el embrujo y las promesas de sus principales dirigentes.

La casi totalidad de los partidos políticos dominicanos son siglas con un local, con unos estatutos muertos, con dirigentes que buscan posesionarse en cargos congresuales, municipales o presidenciales, para alcanzar sus objetivos personales.

Los partidos no han fracaso, sino sus dirigentes. No se puede aglutinar a la gran mayoría del pueblo en un club cultural para alcanzar el poder mediante las elecciones.

El voto popular es la única forma democrática de llegar al poder, y para caminar por ese sendero se tiene que tener un movimiento organizado.
Son los dirigentes de los partidos que han fallado. Han usado las siglas para beneficios personales o grupales, y se han olvidado de promesas electorales. Fácil es decir que fracasaron los partidos, y no ir a los tropiezos de quienes los encabezan. Los partidos políticos no han pasado de moda ni son antiguallas. Es que se carece de líderes y se medra en pigmeos que solo son dirigentes ocasionales.

Hay grupos que desaparecerán porque su mensaje no se asimila a los deseos populares. Serán reemplazados por otras corporaciones. La vida es dinámica. El que no se adapta a los nuevos tiempos, perece. Pasa con las instituciones, pasa con los hombres, pasa con los partidos y pasa con todo lo que nos rodea. El que no avanza, retrocede.

Tienen que surgir nuevos partidos políticos. Pero nuevos no por la fecha de inicio de sus tareas, sino por el mensaje que difunden, y la forma en que lo ejecutan. Muchos partidos surgidos en los últimos diez años son viejos con un maquillaje juvenil. Sus ideas son las mismas de los grupos tradicionales. Están corriendo la misma suerte del fracaso.

Es igual con los dirigentes que son jóvenes de edad, pero viejo de ideas. Tome a cualquiera de los emergentes con menos de 40 años y verá que ninguno tiene un mensaje diferente, de reivindicaciones en el siglo 21, sino que levanta la misma cartilla de los viejos robles, de los añejos que se niegan al retiro.
No se puede organizar a las masas para alcanzar el poder en unas elecciones si no es por medio de un partido político. Si una sigla no sirve, se salta, pero es un absurdo plantear que han fallado los partidos en el país. El partido es un concepto amorfo, al que le dan fuerza y vigor las mujeres y los hombres que son sus columnas de trabajo.

Los jóvenes tienen que integrarse a la política buscando amplios cambios sociales. Tienen que iniciar nuevos partidos políticos. Tomar el control de las agrupaciones que existen. Pero deben comprender que nada se consigue si a un cuerpo viejo se le provee el calor de un joven. Lo viejo tiene que ser puesto en el consejo de ancianos, para que florezcan ideales nuevos que son los que permitirán liberarnos del sub-desarrollo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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