Partidos, dirigentes y corrupción

Por Fernando Peña viernes 2 de junio, 2017

Está llegando el momento, gracias a la actitud del presidente Danilo Medina de asumir desde el Estado, desde el gobierno el adecentamiento de la vida pública nacional, de que los funcionarios tienen que ser correctos por esencia, que nadie debería estar soñando que lo sean, puesto que su función pública los hace responsables frente a la ciudadanía.
La política debería ser un oficio respetado y a veces hasta reconocido, lamentablemente hoy es todo lo contrario, el liderazgo político en gran medida está cuestionado, vituperado, criticado, algunos hasta odiado.
Los partidos de oposición no tienen temas sobre políticas públicas, no son transmisores de las demandas de la población ante el Estado.
Se le nota una única finalidad de obtener el poder, el gobierno, para hacer más de lo mismo.
No presentan programas sociales y económicos.
Y de paso, ante los escándalos de corrupción, sus principales dirigentes han terminado siendo imputado, acusado, y el presidente del principal partido de oposición preso, acusado de corrupción.
Odebrecht, lo ha salpicado a todos…
Decenas de partidos y grupos se ha convertido en micro empresas que venden avales.
Deberían ser los transmisores de las demandas de las poblaciones ante el Estado, para que este las resuelva a través de las políticas públicas.
Es muy grave que los partidos políticos estén tan cuestionados.
La corrupción ha pulverizado la credibilidad de los partidos, apuestan los partidos de oposición a caer en una anarquía en la dirección del país…
En Santiago, en un municipio pequeño y rural, el municipio de Puñal, la crisis de representación de los partidos hizo que un individuo con un discurso contra la clase política, sin experiencia, sin ser político de profesión, llegara a ser alternativa y ganó en las elecciones pasada la alcaldía.
Y es que cuando hay crisis de representación, la política empieza a ser ejercida no por políticos de profesión, sino por improvisados.
Es muy grave que los dirigentes políticos estén tan cuestionados, porque generara posiciones populistas, extremistas o que vayan en contra de la institucionalidad.
Para salvar la situación, para no entrar en la crisis espiral, la prensa, la academia y la sociedad deberían fortalecer los partidos.
Es importante lo que se ha iniciado, que se esté exigiendo responsabilidades individuales a los dirigentes involucrados en actos de corrupción, los partidos deben relanzarse, crear comités de ética que funcionen, que todos se someten a la disciplina interna.
La confianza ciudadana no es para ganar un voto; se construye a partir de un proyecto político o una idea que transforme socialmente. La ciudadanía debe volverse en veedora de los políticos.
Se hace necesario demostrar que es posible tener partidos más fuertes, disciplinados y transparentes.
Hay que desterrar las prácticas más cuestionadas de la clase dirigente, como son la compra de votos, el transfuguismo, la no rendición de cuentas y el nepotismo.
Se hace urgente terminar el maridaje entre los privados y la contratación pública, pues la financiación de los partidos luego se cobra vía contratación, como ha ocurriendo con Odebrecht.
La única forma es que haya una cultura de control social, para que no se repitan los hechos de corrupción. Esto no puede quedar solo en manos de las instituciones.
La corrupción es muy diversa, el sistema político debe generar sanciones creíbles a los partidos, a los dirigentes, que no puedan evadir, y estos generar controles y una fiscalización…
Debería empezarse una depuración de los partidos político, que inicie una renovación, que permita oxigenar la actividad política.
Los dirigentes que son cuestionados y no demuestran su inocencia deben ser sacado de la escena pública y no ser validado.
No deben participar en la política y mucho menos tener poder. Que estén bajo lupa, que sepan que la corrupción se tolera cada vez menos. La denuncia y la condena, sacarlos del escenario y contienda política es la mejor lección…
El autor es periodista

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