¿Para qué Pacto Nacional?

Por Manuel Hernández Villeta jueves 15 de febrero, 2018

El momento es propicio para discutir un Gran Pacto Nacional. Los problemas que tiene hoy el país no se pueden solucionar de forma unilateral. Necesitan la cooperación de todos los sectores, sobre todo del litoral político y empresarial.

Lo difícil es que pueda haber un punto de negociación que permita dar los pasos iniciales hacia un Pacto Nacional. Por demás, no hay líderes con la suficiente fuerza para rubricar ese pacto y que se cumpla. Todo el mundo está fraccionado.

Los partidos políticos, los empresarios, las iglesias, las organizaciones populares. En un pacto primero hay que conversar y discutir posiciones, para tratar de llegar a un consenso. No se trata de que un sector lleve un pliego de discusiones y lo imponga a la fuerza.

Además, para llegar a la mesa de discusiones debe haber un mediador, una voz, que dirija los trabajos. El país hoy no tiene mediadores válidos. Nadie puede realizar esa labor y levantar la copa de que no está parcializado o comprometido con algún sector.

Pero la falta de mediador y los fraccionamientos en los grupos políticos se puede superar. Si todos los sectores tienen buenas intenciones y don de sacrificios, se puede iniciar la discusión de ese Pacto Nacional. Recuerden que todos los pactos anteriores no pasaron de ser reuniones para tomar vino, café y dar declaraciones a los periódicos.

Ninguno de los temas que fueron tratados en reuniones anteriores de intentos de pactos nacionales se cumplió. No fue un esfuerzo inútil, porque dialogar es el camino correcto a la paz. Hoy ese pacto es necesario, pero muy difícil de lograr.

Tema central a discutir sería el alto costo de la vida y la marginalidad social. Los estragos que causan la delincuencia y la corrupción. Las deficiencias de la salud, de la educación y de los servicios públicos. También hay que consensuar asuntos que son de interés para el empresariado y los dirigentes políticos.

Donde se dan los pactos, tiene que haber sacrificios. Todo el que se siente en una mesa de conversaciones sabe que tiene que dejar fuera sus egos y sus pretensiones. Tiene que dar, para llegar a acuerdos. Ninguno de los participantes activos en la vida nacional, empresarios, políticos y organizaciones civiles, está en disposición, de mitigar sus demandas.

Con un Pacto Nacional no se van a solucionar los problemas, pero se pondrán en el tapete y se le buscarán soluciones a corto, mediano y largo plazo. Difícil de ejecutar en un país donde los partidos políticos van a las elecciones sin conformar un programa de gobierno.

Lo primordial es que un pacto nacional no le corresponde a nadie en particular. Lo puede proponer un sector, con fines partidistas y buscando principalía en la crisis interna de su sector, pero así no se llega ni a la esquina. El mejor pacto es el que no se firma, el que se ejecuta en el día a día.

Sin una reunión formal cada sector tiene que luchar por reivindicaciones sociales, reglas claras del juego para el comercio y un accionar público decente y responsable. El mejor pacto es que cada quien cumpla con su deber. Ahora, para los que gustan de las fotografías y los titulares, solo es necesario vistiendo de saco y corbata, cuando se sabe que se va a una reunión pero luego no cumplir con nada. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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