Para muestra, un botón

Por Enrique Alberto Mota martes 8 de octubre, 2019

Tal como se podía prever, sin tener las dotes de pitonisa, tan pronto se observó la tendencia final que llevaba el conteo de los votos de las elecciones primarias del Partido de la Liberación Dominicana, empezó el pataleo de los leonelistas.

Mientras esa tendencia favorecía al expresidente Leonel Fernández, todo era alegría entre los integrantes de esa parcela política, y llegó al colmo de la euforia cuando, faltando aún más de la mitad de las mesas por computar,  el exgobernante se declaró ganador del certamen electoral y sus seguidores iniciaron una entusiasta y extemporánea celebración.

En esos momentos, supongo, la Junta Central Electoral era una institución sólida, conformada por hombres y mujeres capaces y probos, y los resultados eran más que confiables y reflejaban fielmente, a la perfección, la voluntad popular.

Tan pronto se revirtió esa tendencia, por causas completamente explicables y comprensibles, se empezó a escuchar la palabra fraude y se pronunciaron epítetos—algunos de ellos impublicables—contra los integrantes de la JCE. Las risas se tornaron en muecas y las expresiones de alegría se convirtieron en lamentos desgarradores.

Pero esa actitud no debe sorprender a nadie. Mucho antes del día de las votaciones, el expresidente Fernández  y sus seguidores no escatimaron esfuerzos para desacreditar la labor de la JCE, y quisieron crear la falsa percepción de que su triunfo era inminente, y si no se producía, era porque se había adulterado la voluntad popular.

En consonancia con esa prédica, una vez finalizado el conteo de las 7,372 mesas electorales y se conocían los resultados provisionales de las primarias, se empezaron a esgrimir toda suerte de alegatos con los que se pretendía demostrar que ya se había consumado el tan cacareado fraude.

Entre esos alegatos, el delegado de la facción de Fernández ante la JCE mostró con cara de pocos amigos, como una prueba irrefutable de las irregularidades cometidas, una gráfica donde alegadamente el número de votos emitidos era varias veces superior al total de votantes inscritos en una determinada mesa.

En respuesta a ese burdo alegato, el presidente de la JCE explicó que la cifra que aparecía como votos emitidos correspondía al número de votantes multiplicado por las cinco categorías en las que debían sufragar los electores. O sea, se desmontó ese drama de mal gusto.

Lo que cabe preguntar, entonces, es si una persona de la capacidad de ese delegado ignoraba un detalle tan elemental, o por el contrario, lo que se perseguía era minar la confianza de las personas en el organismo rector de las elecciones y crear confusión sin importar las consecuencias.

Como dice el socorrido y sabio refrán popular, “para muestra, basta un botón”.

 

Por Enrique Mota

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