Panorama electoral con predicciones indecisas

Por José Núñez miércoles 20 de mayo, 2020

No es que las encuestas hayan perdido su importancia para predecir lo que puede suceder en un momento determinado, para lo cual se basan en la fotografía del momento que realizan de la población, donde los partidos políticos y sus candidatos según las informaciones obtenidas por éstas, les faciliten sus estrategias y tácticas para alcanzar sus metas y lograr sus objetivos.

Es que existen variables convertidas en situaciones sociales frente a un proceso electoral en su etapa final y en el día D, que las encuestas no acostumbran a medir, y entre éstas tenemos por ejemplo; la compra masiva de votos o de cédulas a favor de un determinado aspirante, la capacidad de mover las masas y la logística, que no es más que la disponibilidad de recursos  de un candidato.

También, si se presenta un mal tiempo por la causa que fuese o estando frente a un hecho inédito y que el mismo no haya concluido, incluso que esté activo dentro del mismo escenario como resulta actualmente con la pandemia del Coronavirus.

En las condiciones citadas precedentemente, cualquier predicción choca de frente con la certeza del dato que resulta de cualquier encuesta, la incredulidad se apodera del momento al no existir lógicamente muchas confiabilidades por ser muy altos los potenciales niveles de errores en las muestras de las citadas encuestas por la situación que se describió, además, por la forma o el método con que se han hecho y se están haciendo las mismas últimamente.

Lo planteado en el párrafo anterior, es porque ahora la técnica utilizada por las firmas encuestadoras es haciendo llamadas telefónicas, pero realmente esa no es una medición certera, por lo tanto no es la ideal, aunque sí son estas llamadas, las de las circunstancias del momento, esas formas que son tan sesgadas.

Entonces, todo tiende a ponerse más complejo cuando desde los tiempos inmemoriales ya se ha aprendido, que no hay cosa que divida más a la humanidad y a los hombres que los intereses, y si el mismo trae consigo las apetencias de querer controlar los fondos públicos; el Poder, hágase usted su propia idea.

Esa es la realidad del país en esta coyuntura electoral y del Coronavirus, donde la organización política que controla el erario se ha dividido, ya es longeva gobernando, tienen en su aval los peledeístas 20 de los últimos 24 años controlando el Estado,.

Debemos observar, que la mayor parte de esa era morada fue y es dominando todos los Estamentos del Poder; el legislativo, el judicial y por supuesto, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas o la Armada Dominicana, así como una gran parte de los ayuntamientos.

Incluso, muchos entienden que independientemente de las libertades de prensa existentes en el país, los gobiernos del PLD no se han descuidado en ganarse por cualquiera de las vías a los comunicadores con sus respectivos programas, situación que ha ido de más en más.

Un indicativo fundamental que delata esta descripción con la publicidad y los medios de comunicación en estos últimos gobiernos, es que los gastos en promoción son significativos con relación a muchas áreas del Presupuesto Nacional. Y eso, que ahí no se ven reflejados   otros  aportes discretos o disfrazados en; «sueldos, subsidios», y hasta de combustible y de pasajes aéreos.

En esta tesitura, las tergiversaciones, los rumores y el Fake News se convierten en el pan nuestro de cada día, y hasta lo cualitativo entre los aspirantes presidenciales, si no se empeñan

en darlo conocer sus equipos de publicidad y en las redes sociales, pasaría desapercibido esta variable tan básica en una persona que aspire a ser gobernante de una nación.

También los programas de gobierno, algunos comunicadores y hacedores de opinión pública  hasta tratan de echarlos a un lado, los minimizan, donde independientemente de que los implementen o no, una vez lleguen a la presidencia, los mismos son fundamentales para conocer la visión de los aspirantes al principal cargo de un país.

Y en la coyuntura actual, en cualquier sociedad con un poco de organización institucionalizada, se le exige a los candidatos presidenciales que expliquen aun sea en un anexo, sus estrategias de llegar a ser escogidos para enfrentar las situaciones que indefectiblemente van a venir después de haber superado o tener bajo control al Covid-19.

Es más, deberíamos exigirles a nuestros candidatos presidenciales que explique cada uno en esta situación, como piensa enfrentarla conjuntamente con el programa de gobierno que tienen elaborado, y si tal escenario fuese en un debate de frente a toda la nación, es muy probable que nuestra población votante seleccione al hombre ideal en esta nueva realidad.

Y así no nos engañarían con sus presentaciones de que son unos filántropos y «Padre Billini» como mínimo, o los salvadores de los más humildes, porque lo qué nos espera, si erramos escogiendo a nuestras autoridades, especialmente al Presidente del país, es casi seguro que retrocederemos a los niveles económicos de los años setenta (70).

En este país no es una prioridad tener un mandatario con manos solidarias, la solidaridad sí hay que fortalecerla, institucionalizarla, porque ya, para ir en apoyo de los más necesitados se han creado varias instituciones sociales.

Lo que se necesita realmente es un presidente visionario, capaz, de un excelente juicio, experimentado, y que siempre actúe bajo cualquier circunstancia en defensa de tres aspectos; de nuestras leyes, de la Constitución y la institucionalidad.

Por lo tanto, frente a este panorama social de tantas confusiones e incertidumbre y con predicciones imprecisas y parcializadas en muchas de las encuestas, debemos tener buen raciocinio para escoger al próximo presidente de todos los dominicanos, so pena de retroceder como sociedad, y de paso, pagar las consecuencias de manera funestas.

Autor: José Núñez

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