Pánico en República Dominicana  

Por Edgar Marcano martes 24 de marzo, 2020

Días de angustia y ansiedad, tenemos mucho miedo ante las extravagantes informaciones de la pandemia del coronavirus, cierran oficinas, bancos, comercios, factorías, talleres y el azar es de muerte y contagio, personal médico a manos peladas, sin botas, sin gorros, sin cubre zapatos, carecen de esquema de seguridad, unos 18,000 médicos sin agua, sin jabón, sin mascarillas.

Gran parte de los criollos carecen de agua para higienizarse, “personalidades” dan positivo, la atmósfera es borrascosa, el tiempo es tenebroso, el virus coronado circula por la isla, los casos de contagio aumentan cada día, solo el aislamiento nos protege y el rígido protocolo preventivo no es posible para todos, el caos es profundo, todo se derrumba, la pandemia es catastrófica, aun ignoramos su alcance y consecuencias, el plan social garantiza raciones a los marginados, el socorro internacional está presente.

Se sugiere reorientar la cooperación a mitigar la propagación, se decreta toque de queda nocturno, la parálisis es generalizada, hasta el gobierno cierra sus puertas, dispensando tan solo los servicios imprescindibles, tememos que de esta crisis sanitaria dimane una crisis social, no disponemos de hospitales suficientes para atender a los contagiados, los dirigentes gremiales claman por auxilio y socorro, todos piden paliativos financieros para sus sectores.

Todas las solemnidades y actos públicos se suspenden, el control no es fácil, se siente el malestar, libramos una jornada para mantener la salud colectiva, el orden y el bienestar de todos, suenan las sirenas, doblan las campanas, el fantasma de la muerte invisible merodea sin cesar, en una atmósfera de restricciones, desigualdad y miseria.

Reminiscencias de los huracanes, la masacre del 1984 y las crisis de los 90, la molestia de la excepción solo es superada por la escasez y el recogimiento, la calamidad es pública y sus dardos apuntan a la salud, la paz social y a la economía.

La solidaridad se impone, pues el germen no tiene miramientos, los dominicanos impotentes, ansiosos, inseguros, temerosos, carecemos de sistema sanitario eficiente, sin camas, sin equipos, sin espacio, las informaciones de salud pública son las únicas palabras de aliento, que Dios nos ilumine para aislarnos, distanciarnos, tenemos nuestra salud suscrita en la Fe, que el señor se apiade de los hacinados, sin agua, sin luz, sin comida, sin nada, ojalá nuestra autoridad monetaria logre mitigar los efectos de este mal en la vida del dominicano de a pie, ya que esta fiebre mandará al suelo a toda la economía del planeta y la recesión es inminente y hay que proteger al desvalido.

Esta vicisitud no tiene parangón, pone al mundo de cabeza, los gringos y los chinos se acusan mutuamente de haber originado la epidemia, pero la magnitud del caso, su ritmo de propagación y letalidad ha sorprendido a todo el mundo, este leviatán de origen o no malicioso, es muy extraño que libros y películas, desde los años aciagos de la guerra fría, catalogan la pandemia viral como el ARMA PERFECTA para imponer el hegemonismo, mientras los dominicanos vivimos días de pánico al no tener capacidad de respuesta instalada para enfrentar la propagación del coronavirus.

 

Por Edgar Marcano

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