Pandemia: La trampa es el mercado

Por Francisco Rafael Guzmán lunes 11 de enero, 2021

Los orígenes de las grandes epidemias han estado vinculados, siempre o casi siempre, a la economía de mercado. El mercado es una institución muy vieja en la sociedad, no es exclusiva de la sociedad capitalista, pero es en esta que aquel toma mayor relevancia, ya que en el sistema capitalista todo se convierte en mercancía y sin mercancía no se puede hablar de mercado. La peste bubónica (enfermedad zoonótica de origen bacteriano, provocada por la proliferación de ratas en las caravanas de mercaderes) no se hubiese convertido en el siglo XIV en una pandemia si no hubiese sido por la actividad mercantil. En los medios de trasportes es que proliferan los virus y las bacterias que son trasportados por seres humanos contagiados o por animales que de un modo u otro contagian a los seres humanos. Para el año 2019 se estima que 4, 000, 000,000  de boletos de avión para pasajeros  se vendieron en el mundo, lo que implica un récord.

 

Viajar es un derecho al que tiene todo ser humano, al igual que el derecho al tiempo libre para lo que quiera y pueda hacer, pero el riesgo existe y a veces ese riesgo es mortal. Enfermedades como la viruela y la fiebre amarilla llegaron a la América recién descubierta, hace varios siglos, a través de los viajes marítimos. Eso provocó la caída del imperio Azteca y la extinción casi absoluta de la población indígena en la isla de Santo Domingo.  Todavía el capitalismo no se había desarrollado como sistema, pero el afán de lucro y el mercado estaban envuelto en la empresa colombina del descubrimiento de América, también lo estaría en los reyes católicos españoles que financiaron la misma, ya que fue por serendipia (del inglés serendipity) que se descubrió ese continente porque se buscaba un camino más rápido a Oriente. Era el mercado con El Oriente lo que estaba en juego.

 

El Imperio Otomano para el año 1453 había cerrado el paso, a través de Constantinopla, a las caravanas de mercaderes italianos, lo que afectó mucho al comercio de las ciudades italianas con El Oriente. ¿Pudo haber influido el brote de la peste bubónica que había comenzado poco más de un siglo antes? Es muy posible, ya que aunque la pandemia se habría controlado, la enfermedad no se extinguió y volvió a atacar posteriormente.

 

Lamentablemente en la propagación de las enfermedades los medios de trasporte han jugado un papel decisivo, fue un turista chino el primer propagador internacional de la pandemia de COVID-19 en Tailandia. Los viajes, el tiempo de ocio y el tiempo libre son derechos que la humanidad, pero la salud es lo primero. Quienes promueven el turismo y los viajes colocan su afán de lucro y el mercado (busines is busines) por encima de la salud de los viajeros. Nada más basta con ver vende derecho al supuesto disfrute de un fin de semana en un resort en las playas de Bávaro y Punta Cana en medio de una invasión de algas de sargazo. El mercado está siendo colocado por encima hasta en los planes de vacunación.

 

El COVID-19 nació en China, aparentemente en el 2019, lo que provocó que de otra sepa de coronavirus mutara al pasar de animales (murciélagos parece ser) a los humanos fueron los intereses del mercado. Siendo así, los humanos hemos abusado mucho del medio ambiente y ya debemos ponerles coto a nuestras acciones de devastación del mismo.  Hoy en día para China, al igual que para casi todos los países del mundo, con la excepción de países como Cuba, lo que cuenta es el mercado; los matices diferentes China con respecto a otros países es que en ella existe un capitalismo de Estado. Siendo un país superpoblado, como lo está La India también, tiene sus grandes necesidades de alimentación, pero no por ello deben descuidar la relación armonioso que debe haber entre los humanos y los ecosistemas, respetando los ecosistemas que son para faunas salvajes y no tocarlos. Es decir, no alterar los ecosistemas que son de faunas salvajes; no me sorprendería que se llegue a decir que en Europa aparezca una nueva enfermedad por cacería del faisán salvaje.

 

China tiene derecho a buscar los medios para alimentar a su población sin afectar los ecosistemas, pero si los ha afectado es porque allí impera la ley del valor de una economía de mercado, lo que impide a las autoridades China, al igual que a Donald Trump, ver que la salud esta primero.

Dichas autoridades no pueden obnubilarse por el afán de ser una potencia que domine el mercado mundial, porque de ser así el planeta no va ser más que un páramo inhabitable. En un artículo que se publicó el sábado 9 de enero del 2021, bajo el título: Los 25 Días que Cambiaron al Mundo,  los autores: Chris Buckley, David D. KirRpatricR, Amy Qin y Javier C. Hernández, dan cuenta de que hubo incuria o negligencia por parte de las autoridades Chinas y del gobierno norteamericano encabezado por Donald Trump. Las autoridades Chinas se mostraron reticentes antes las orientaciones que pretendían darles miembros de la comunidad científica China en el área de la medicina, ante el peligro de que el virus se convirtiera en pandemia, pero no menor es la culpa del misántropo de Donald Trump que retiro personal científico del área de la medicina que estaban en China a título de cooperación, en el momento crucial en que el virus estaba amenazando.

 

Un día un profesor jocoso nos dijo en clase que Sartre y Simone de Beauvoire, para luchar por la paz en medio de la Segunda Guerra Mundial, acordaron pacto de abstinencia sexual y nos decía que eso es lo que ser hombre, pero debió decir que eso es lo que ser humano.   Muchos médicos y científicos del mundo y del país deben pensar en la humanidad no favoreciendo a las ansias insaciables de lucro de la farmacopea y los laboratorios, deberían emular a Jonás Sal, descubridor de una de las vacunas para combatir la propagación de la poliomielitis, cuando al preguntársele de quien era la propiedad de la patente de la vacuna contestó: “Dé la gente, pienso yo. ¿Se puede patentar el sol?’’ (Epidemiocracia: Javier Padilla & Pedro Grullón. Madrid, Capitán Swing Libros, 2020, Pág. 159). Eso es lo que se llama ser humano.

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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