Pacto fiscal y reforma tributaria

Por Víctor Manuel Peña

La ley que define la estrategia nacional de desarrollo establece lo relativo al pacto fiscal.

Una cosa es el pacto fiscal y otra cosa es propiamente la reforma tributaria.

Claro, en el pacto fiscal se establecen los lineamientos para una reforma tributaria y una reforma del gasto público.

En otras palabras, en el pacto fiscal no se establece la reforma tributaria en sí que el gobierno quiere o piensa impulsar.

Pero de todas maneras lo más intrincado es definir y consensuar una reforma tributaria.

No puede haber discusión o debate público hasta que el gobierno no defina o presente al país su propuesta de reforma tributaria.

Ha aparecido en los medios de comunicación una supuesta propuesta de reforma tributaria que se atribuye al gobierno, pero el Ministerio de Hacienda acaba de decir en un comunicado público que aún no ha presentado al país ninguna propuesta de reforma tributaria.

Pero de acuerdo a como está formulado el proyecto de presupuesto de ingresos y de gastos públicos para el 2022, el gobierno del PRM sin hacer reforma tributaria está consignando en el presupuesto que las recaudaciones mejorarán sustancialmente, de tal manera que la presión tributaria se colocará en 14% en el referido año.

Llevar la presión tributaria de 10 u 11% en que estaba en el 2020 a 14% en el 2022 es una obra gigantesca que no creo que el gobierno logre sin tocar el corazón del sistema tributario.

Y en ese mismo proyecto de presupuesto de ingresos y gastos públicos se está contemplando que los gastos públicos para el 2022 serán un 17% respecto del PIB.

Eso significa que el gobierno del PRM está contemplando un déficit fiscal de 3%, por lo que el porcentaje del déficit fiscal disminuiría en un 1% respecto del 2021.

El mismo gobierno del PRM se ha encargado de decir a través del proyecto de presupuesto que fue depositado en la Cámara de Diputados que no va a necesitar la reforma tributaria para el año 2022.

Pero, además, toda reforma tributaria debe hacerse por ley antes de que sea formulado el presupuesto si se quiere que la misma aparezca consignada en el presupuesto.

Es decir, en el presupuesto para el año entrante no puede incluirse ninguna reforma tributaria si la misma no ha sido aprobada previamente mediante una ley aprobada por el Congreso.

De todas maneras, como la recuperación o la vuelta a la normalidad todavía siguen en ciernes, todavía al día de hoy no hay condiciones para impulsar una reforma tributaria porque la misma mataría la gallina de los huevos de oro, que es la reactivación de la economía.

Creo, y esta idea la he planteado en reflexiones anteriores, hace tres o cuatro meses que el gobierno debió haber puesto fin tanto al estado de emergencia y al toque de queda en todo el territorio nacional.

Fueron el uso de la mascarilla, el distanciamiento físico y la vacunación los factores claves en el descenso de los contagios, no el toque de queda y el estado de emergencia.

Pero hay gente que dice que el gobierno no tiene la fuerza moral que se requiere para convencer a los diferentes sectores – los de arriba, los del medio y los de abajo – en torno a la necesidad de una reforma tributaria.

Y a propósito de eso se habla de la irracionalidad que ha habido en el manejo de una parte de los recursos que el gobierno ha obtenido vía el camino del endeudamiento público, puesto que el gasto de capital que debería estar en 15 o 20% respecto del PIB no ha superado el pírrico porcentaje de 5 o 6%.

El gasto de capital del gobierno en medio de una pandemia como el Coronavirus juega su papel en el necesario e insoslayable proceso de reactivación de la economía y del crecimiento vía la construcción de nuevas obras de infraestructura y la remodelación de las que existen.

POR EL DR. VÍCTOR MANUEL PEÑA

*El autor es economista y abogado

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