¿Pá qué?, Ley de Partidos

Por Manuel Hernández Villeta Miércoles 5 de Abril, 2017

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Los devaneos de los partidos políticos dominicanos no son por falta de una ley. La culpa es de irresponsabilidades, sinvergüencerías, acciones malsanas y el tomar la política como una forma de obtener riquezas, privilegios y estar por encima de los demás.

Todos ven el accionar político como la puerta de su gloria, es como llegar al paraíso; ser líder de un partido grande, o pequeño bien arrimado, es sinónimo de bienaventuranzas, y de que se tocará la fortuna de inmediato.

No es ley lo que hace falta, sino que en cada uno de los que accionan en la vida pública surja el deseo de redención, de ayudar a los más pobres, de humanizar a los pudientes, de hacer una sociedad más equitativa, y el no pensar en escalar una posición, para hacerse de riquezas.

Ese sentimiento negro de la mayoría de los políticos dominicanos no va a cambiar con una ley de partidos. Habrá mucho afán para la aprobación de esos papeles, que en la práctica no van a tener ninguna fuerza. Hay que levantar la moral, que no existe, en la mayoría de los políticos.

La sociedad civil quiere jugar su rol con la fijación de una ley de partidos. Los primeros que se tienen que revisar son esos que se auto-llaman sociedad civil. No sé a quienes representan, porque es un grupo amorfo, sin fuerzas, sin banderías, que se pegan al que huela a poder.

Los integrantes de la sociedad civil se deben poner bien los pantalones y salir a luchar por lo que creen, sin tener que buscar la muleta de partidos, a los cuales en sus declaraciones menosprecian. No pueden los representantes de esa falsa sociedad civil llegar a controlar el Estado si no se meten en un partido político.

Por su accionar y sus declaraciones veo a estos representantes de la sociedad civil más cerca de la embajada norteamericana que del pueblo dominicano, Ellos lograron meter el bi-partidismo, hoy hay dos partidos políticos grandes, y los demás son rémoras que subsisten por estar pegados de las agallas del Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Revolucionario Moderno.

No hay consenso ni realidad para una ley de partidos políticos. Todos los vicios actuales se van a multiplicar con ley o sin ella, si previamente no se hacen un mea-culpa, una catarsis, y se airean y limpian a pleno el corazón de los partidos, que en muchas ocasiones solo tiene en sus venas pestilencias, suciedad y corrupción. ¡Ay!, se me acabó la tinta.