Orlando Martínez siempre

Por Francisco Rafael Guzmán jueves 18 de marzo, 2021

El espíritu de Orlando está vivo. Lo está y lo estará en el corazón de no muy poco dominicanos, porque él es merecedor de que así sea, al igual que Amín, Otto Morales, Mauricio Báez, Jimenes Moya, Caamaño,  Amaury, Manolo, Juan Miguel Román, Fernández Domínguez, Minerva Mirabal, Patria, María Teresa   y otros que las satrapías de Trujillo y la de Balaguer les segaron sus vidas. Como dicen las escrituras religiosas por sus hechos los conoceréis; la vida y obra de Orlando Martínez lo colocan en el sitial de los mejores hombres de nuestro país. El  y los demás que menciona el autor de este artículo representan lo mejor de lo nuestro.

Los asesinos de Orlando y los demás mencionados, muertos o vivos, representan lo peor de lo nuestro, por viles, por indignos, por su sevicia debieran pagar con una cadena perpetua los que ya murieron y no fueron condenados y si quedan algunos vivos deberían pagar con la cadena perpetua cada uno de ellos. Creo que la cadena perpetua es la mejor pena para el escarmiento de los potenciales asesinos, incluyendo a los potenciales feminicidas.

La vida y obra de Orlando son tan dignas, son tan excelsas que nos llevan a decir que el espíritu del está vivo. Alguna gente cree que cuando  se habla de lo espiritual se está cayendo en el dogma religioso, nada más falaz. Lo espiritual, al margen de los dogmas y creencias, también está asociado también asociado a lo moral, vinculante esto con lo  que hacemos. Lo que hacemos con nuestras vidas podría eternizarnos en el tiempo, siempre que nos casemos con el bien y no con el mal y sea notado por los demás que creen en esos valores. Ese sería el legado que deja el ser humano digno, el recuerdo para los seres humanos vivos que creen en la dignidad, porque los que no creen en esos valores olvidan o recuerdan a los viles como ellos.

Estos últimos son los interesados, los que creen en el egoísmo y el afán de lucro. Orlando caía en el grupo de los desinteresados, tal vez por eso tenía una amplia base social, muchos amigos de prestigios, pertenecientes a los más disimiles organizaciones. Personas vinculadas a diferentes organizaciones políticas, estamentos del Estado y de organizaciones religiosas, pero también personas sencillas, tenían amistad con Orlando o llegaron a tener comunicación con él. Nada humano le fue ajeno.

En una visita que hice a la casa de Orlando, su padre y su madre me contaron como era Orlando. Recuerdo como ella lo evocaba y decía que él no estaba muerto y se le salían sus lágrimas. Igualmente, recuerdo haber presenciado el juicio y condena a los autores materiales del asesinato, pero a los generales que fueron llamados a declarar y cuando le preguntaron quién o quienes había(n) dado la orden de matar o agredir a Orlando, levantando ambas manos hacia arriba querían indicar sin pronunciar palabras que no sabían de eso. Debe suponerse que alguien dio la orden de que Orlando fuera agredido y de que alguno -por lo menos- de esos testigos supiera quien dio la misma. El día de la condena a los autores materiales de crimen, ya era de noche y el autor de este articulo estaba en su casa, vio la misma en la televisión y cuando le cantaron la sentencia la esposa (Lourdes) de Narciso Isa Conde abrazó a este y estalló en sollozos de la emoción pues era una condena esperada para tan viles asesinos.

Lo lamentable fue que los principales responsables del crimen no fueron condenados. Debería investigarse a fondo los crímenes de Manolo, Caamaño y Narcisazo. Aunque estuvo concurrido el homenaje a Orlando, faltaron muchos de los que admiraron a Orlando y sobre todo faltaron los jóvenes y debió haber una mayor integración de mujeres en el homenaje a ese coloso de la dignidad humana, quien ejerciera el periodismo independiente con tanto tesón y denuedo para una nueva sociedad, sin miedo a la muerte.

Francisco Rafael Guzman F.

 

 

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