Oposición perdida

Por Jesús M. Guerrero jueves 28 de enero, 2021

“Es claro que los procesos políticos resultan de cómo confluyen distintas fuerzas e intereses sociales o económicos, pero también es verdad que en la historia hay momentos en que acontecimientos de cierta importancia arrancan o comienzan motorizados por situaciones aparentemente sin trascendencia.” Fragmento del libro Buenaventura Báez escrito por José Báez Guerrero.

Desde el momento en que fue oficializada la división del Partido de la Liberación Dominicana, luego de 16 años manejando la cosa pública, el desgaste fue evidente y los excesos de los últimos 8 años se dirigían a anular libertades democráticas pasando de un populismo institucional a un ejercicio autoritario del poder.

Es palpable la situación interna del PLD que anda manga por hombro y que la FP trabaja para drenar su viejo partido, lo cual está logrando. Pero, los puentes entre el leonelismo y danilismo han sido quemados, las dos estructuras que garantizaron el predominio electoral del PLD durante 6 elecciones consecutivas, es prácticamente imposible que uno de los dos expresidentes pueda unificar criterios con las facciones que adversan, haciendo muy difícil su participación electoral con miras al 2024, parecería ser que la competencia PLD contra la FP es por el liderazgo opositor y no por el poder.

Prueba de ello, es la reacción del PLD al celebrar el dictamen de la JCE, respecto a la posición de los partidos en la boleta del proceso electoral del 2024. Algo incompresible un PLD debilitado y destruido a lo interno celebra el mísero porcentaje de la FP, pero con menos senadores que dicho partido. ¿Qué es peor un partido que de la posición 18 sube a la 3 en su primer proceso o la organización que 4 años antes obtuvo un 60% cuestionable y ahora celebra un 32%?

Ambos partidos por la terquedad de sus principales líderes, se niegan a la renovación y por eso se excluyen de la lucha por el poder, al igual que del liderazgo opositor. Lo único evidente es la consolidación política del PRM con el pasar del tiempo, en la oposición no hay voluntad política ni estructura para salir al frente.

Partiendo de esta división partidaria puede realizarse un paralelismo con el resquebrajamiento del PRD después de las elecciones del 2012 y surgimiento del PRM. Ni Hipólito Mejía y mucho menos Miguel Vargas podían unificar criterios de la militancia porque las heridas eran muy profundas, ante el deterioro político de estas dos figuras del PRD, surgió el presidente Luis Abinader que al estar fuera del conflicto y asumir una posición ante el enfrentamiento pudo aglutinar alrededor de su figura dentro del PRM a la mayoría de la dirigencia y base perredeista y el resto es historia.

Parecería ser que a esto le temen como el diablo a la cruz a lo interno del PLD y de la FP. Porque además de estar enfrascados en lucha sin cuartel por la legitimidad opositora, también torpedean torpemente la renovación interna, reflejando esa cultura caudillista rechazada por la sociedad.

El cambio es lo único constante en toda convivencia en sociedad, las organizaciones partidarias incapaces de entender esto, están condenadas al fracaso electoral. Luego de 16 años ininterrumpidos en el ejercicio del poder, no pueden asumir que podrán gestionar un triunfo con las mismas caras en ambos lados de la moneda.

Una característica en común que tuvieron Balaguer, Bosch y Peña Gómez es que luego de su dilatado ejercicio político, los tres señalaron a sus sucesores, los dos primeros eligieron a Leonel Fernández y Peña Gómez a Hipólito Mejía. Los grandes liderazgos se caracterizan por las victorias, la dignidad en la derrota y saber reconocer cuando deben ceder ante el inclemente juez que es el tiempo.

Por más que hagan crecer sus organizaciones y una finalice competiendo como bisagra contra el PRD y PRSC, con las mismas caras no podrán articular un proyecto viable, a diferencia del oficialismo que tiene en el presidente Abinader, una figura potable y distante del político tradicional.

“Creo que tiene que ver con el nacimiento de nuestros países: al quedar huérfanos del imperio español, con la reverencia tácita y efectiva que había a la figura del monarca, nacen lo pequeños monarcas, que son los caudillos.” Enrique Krauze

Por Jesús M. Guerrero  

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