Operativo contra el crimen

Por Manuel Hernández Villeta lunes 3 de abril, 2017

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Lanzar a la calle a siete mil efectivos militares y de inteligencia para que hagan frente a la delincuencia, es positivo. Al crimen, en cualquiera de sus etapas, hay que hacerle frente sea con labor de inteligencia, puño de hierro, la concertación o el accionar de los gatillos.

Sin embargo, un operativo militar de esa envergadura tiene que ser un golpe de efecto. Los militares no deben pasar más de dos semanas en las calles, y tienen que ser retirados paulatinamente. Más tiempo en este operativo, podría traer choques de opinión pública, y perderse el efecto positivo.

Lo trascendente es que se lleve el mensaje de que no se va a permitir que la delincuencia robe la tranquilidad a la familia nacional. Es devolver la confianza al pueblo, para que salga de sus casas a trabajar, estudiar, divertirse, sin el temor de que la mano ensangrentada de los pandilleros le apriete.

Los militares a la calle es buen golpe de efecto y logra respaldo en la ciudadanía, pero en su segunda parte se debe ir a la lucha de la inteligencia y la investigación. El crimen hay que desarticularlo cuando todavía es embrionario y para eso se necesita una fina labor de seguimiento a los que son proclives a formar pandillas.

Sin investigación de punta no se puede acabar el crimen organizado o individual. La utilización masiva de militares y policías da un certero golpe de efecto, pero luego tiene que llegar la hora del fino investigador. Los organismos de seguridad se deben agenciar un colaborador en cada calle, en cada barrio o sector residencial.

La mejor seguridad es la que no se ve, la que no se nota, la que el ciudadano se pregunta si hay vigilancia por que no la siente. Llega un momento que al que se quiere proteger también siente miedo de la impresionante maquinaria militar distribuida en las calles.

El crimen todavía en la República Dominicana es un espejismo. Son bandas dispersas, no hay una organización nacional que dirija las actividades criminales, como pasa en México. Los pandilleros pueden ser desarticulados con mucha labor de prevención y puño de hierro.

Al mismo tiempo hay que ir a las causas sociales, espina dorsal del atracador de arma en manos. Hay que ir paliando las grandes desigualdades, que se manifiestan en la miseria que atormenta a muchos dominicanos, la deserción escolar, la falta de seguridad para comer todos los días, la carencia de servicios médicos y esos tugurios de abandono y marginalidad que son los barrios periféricos del Gran Santo Domingo.

Mientras haya desigualdad social habrá delincuencia con armas en mano, y se regodeará la de cuello blanco. Entonces, tienen que ir unidos de la mano la lucha frontal contra la delincuencia, y llevar el plato de comida, el empleo, la salud, la escuela, al que vive en áreas excluidas.

Buena acción la de lanzar a los militares a la calle a enfrentar a la delincuencia, pero ese golpe de efecto y de respuesta al desenfreno no debe durar más de dos semanas. Después de la primera semana, deben ser retirados paulatinamente, y dejar paso a la seguridad que ni se ve ni se siente, pero siempre está presente. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

 

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