Ojalá no caiga de nuevo en el vacío

Por Rolando Fernández

Los políticos desaprensivos y corruptos, engañan a los pueblos con sus patrañas y demagogias; como, con las falsas promesas, que hacen, y que jamás se habrán de cumplir, obviamente. ¡Precedentes de sobra se tienen!

Los hacen pasar por connotadas vicisitudes, y penurias a granel. Negocian alegremente su patrimonio, como si fuera un conjunto de víveres para la dieta diaria, dejándolos en la inopia casi por completo.

Pero, ocurre que, aquellos pueden alcanzar el poder, porque los pueblos mismos los catapultan en la mayoría de los casos, y cuando aquellos no ven concretizados después los ofrecimientos de campaña que han sido hechos, entonces comienzan a quejarse, y protestar con ahínco; no quedándoles otros caminos, que esperar, y tratar de recapacitar para después.

Sin embargo, luego que cada vez tienen otra a oportunidad para elegir nuevos representantes gubernativos, y administradores de la cosa pública, por supuesto, vuelven a dejarse engañar con floridos discursos de esos turpenes, cargados de demagogias, y las posverdades de estilo.  ¡A incurrir en los mismos errores de antes, creyendo en bla, bla, bla!

De ahí que, seguirán siempre tropezando con las mismas piedras victimarias, hasta que no se adquiera conciencia, y se aprenda a levantar la cabeza, para no dejarse sorprender.

Sostienen los sociólogos de fuste, “que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. “Tremendo ejemplo de esa máxima se da en Dominicana”, con una sociedad adocenada, analfabeta casi por completo, y en la que, lo que más se persigue es el “dao”, proveniente de los políticos, que conocen la idiosincrasia de los dominicanos, y la aprovechan.

Además, con una juventud, que es la más llamada a procurar un mejor presente y futuro para todos aquí, inclinada hacia los vicios, y los esnobismos inducidos desde el exterior, en un alto porcentaje. Y, que se promueven internamente, a los fines de poder siempre narigonear a la población.

Por razones como esas, principalmente, es que en este país se sufraga por cualquiera; sin medir consecuencias para el futuro. Tampoco, pensándose sosegadamente en el devenir de este pueblo, en manos de estos políticos títeres, representando de ordinario los poderosos sectores económicos que sobre él mismo gravitan.

Hasta que este pueblo no se decida por discriminar entre las ofertas políticas que reciba cada vez; y, por eliminar de la plantilla electoral a cuántos han enseñado hasta el refajo, a través de sus acciones indecorosas desde la conducencia del Estado nacional, su futuro será bastante gris.

Es innegable que, se requiere ya en esta República de caras muevas, para representar en verdad a la población, y gerenciar con nacionalismo la cosa pública nuestra. Es la única, y mejor opción que se tiene, en términos de cambiar el funesto sistema de gobernanza presente.

En ese tenor, y haciendo una analogía aceptable, podría decirse, este pueblo tiene que aplicar el verso, o estribillo aquel incluido en una canción popular, que reza: “Lo que un día fue no será; ya no vuelvas buscarme; no tengo nada que darte, de tu artiste me cansé”; aunque, cambiando el término “artiste” por: embustes y demagogias.

¡Pueblo, deja de estar roncando ya! Recuerda el decir aquel:  “Si te engañan una vez, bobo eres tú; pero, si me engañan dos, bobo soy yo”. Y, ocurre que, a ti te han engañado muchas veces ya.

Esta República merece, algo mejor que lo habido aquí durante los últimos veinticinco años, para dirigir con más conciencia los destinos nacionales, a partir de agosto del próximo año 2024.

¡Qué la historia no se vuelva a repetir: seguir el pueblo tomando de la misma pócima politiquera!

 

Autor: Rolando Fernández

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