Odebrecht, “pan y circo” en América

Por Fitzgerald Tejada Martínez Martes 6 de Junio, 2017

Para muchos es bien conocido el dicho “al pueblo, pan y circo”, que de hecho, se generó entre los gobernantes del antiguo Imperio Romano, precisamente porque acostumbraban ofrecerlo a sus ciudadanos a cambio de obediencia, y —sobre todo— de mantenerse alejados de los asuntos relativos a los asuntos políticos.

El espectáculo de lucha en el coliseo, así como el acceso fácil a los alimentos, era la forma de entretener a los ciudadanos romanos, no solamente como una opción de esparcimiento, sino también, para satisfacer su alto grado de adrenalina, tensión e incluso, su necesidad de sangre mientras el imperio se extendía en la región.

La frase original en latín “panem et circenses”, se encuentra en las Sátiras de Juvenal (Décimo Junio Juvenal), uno de los grandes poetas satíricos que en su crítica a la decadencia romana, sostuvo que “pan y circo”, eran los deseos más fervientes de los pueblos criados en el vicio y la molicie.

Asimismo, esa expresión fue acuñada por Nicolás Maquiavelo, en su libro “El príncipe”, en donde su autor relata que “se debe distraer al pueblo, con fiestas y espectáculos; es decir, si al pueblo se le da pan y circo, no tendrá tiempo para razonar sobre otras cosas por estar entretenidos y se dispondrá del poder a su conveniencia”.

En Roma, el espectáculo se realizaba con carreras de caballos y de carros, mientras que las luchas se daban entre gladiadores o entre éstos y animales salvajes, las competencias de los atletas, las peleas de los pugilistas, las piruetas de los acróbatas, los simulacros militares y los demás juegos circenses, eran parte del ritual para divertir a la multitud.

Relata el historiador italiano César Cantú, en su Historia Universal, que “de África, y de la India, traían las fieras, con las cuales se ofrecía un espectáculo de matanza al pueblo, y que a costa de grandes gastos, los romanos, cazaban leones, elefantes, hienas y cocodrilos, ideando el modo de cogerlos sin herirlos para llevarlos a la arena”.

Afirma que, el emperador Augusto, se jactaba de haber hecho matar en los juegos, cerca de tres mil quinientos animales, en una orgía de crueldad que procuraba desviar la atención de los pueblos bajo sus dominios, para que no mirasen la codicia del imperio.

De aquellos antiguos acontecimientos surgió la expresión “al pueblo, pan y circo”, con lo cual, Juvenal, quiso significar que a los pueblos solamente bastaba con darles entretenimientos para que su atención no se pose en sus miserables condiciones de vida, sino que se distraigan con las farsas truculentas emanadas del poder imperial.

En el pasado, las potencias mundiales, utilizaron las guerras para expandirse mediante invasiones odiosas que mancillaron la dignidad de los pueblos. Luego, modificaron su modo de conquista por una farándula idealista que recreó sus dominios convirtiendo su accionar en derrocamientos y golpes de Estados, que se producían en los países, bajo excusas de carácter ideológicos.

Ahora, en esta segunda década del siglo XXI, las naciones poderosas están basando su política intervencionista en el asistencialismo, brindando “cooperación y ayuda humanitaria” a los pueblos, a cambio de la sumisión y renuncia de sus derechos fundamentales.

A través de esa estrategia paternalista, las potencias del nuevo siglo, desarrollan métodos persuasivos de manipulación, bajo la consigna romana de dar a los pueblos, “pan y circo”, para inhabilitarlos mediante metodos persuasivos de presión.

Por esa razón, no es fortuito que el expediente Odebrecht, surja de un proceso de investigación iniciado en el Departamento de Justicia de Estados Unidos, en contra de los países que prefirieron hacer negocios económicos con empresas brasileñas, dejando fuera de competencia a la poderosa industria estadounidense.

En consecuencia, el escándalo Odebrecht, es la expresión viva de la nueva estrategia de “pan y circo”, implementada por el poder norteamericano para conquistar el control geopolítico de la región, en medio de la lucha que se libra por la supremacía económica del mundo, y muy particularmente, en el continente americano, donde su influencia decisiva es cada vez menor.

Inicialmente, la estrategia imperialista, eran de doblegar mediante la fuerza a todos aquellos países que mostrasen resistencia a sus propósitos colonialistas, sin embargo, la táctica ha variado debido a los obstáculos que presenta el nuevo Orden Mundial, por ende, en lugar de promover acciones bélicas, Estados Unidos, apuesta a la desestabilización mediática de esos países, utilizando mecanismos procedimentales para lograr sus propósitos.

Efectivamente, el pasado 29 de mayo, los dominicanos presenciamos el apresamiento de varios dirigentes políticos del gobierno y la oposición, acusados de recibir sobornos de la constructora brasileña Odebrecht, lo que significó un paso en el ajedrez político que se desarrolla a escala continental.

La manera odiosa como se produjeron los hechos, así como la forma desconsiderada como se trató a los acusados, fue, a todas luces, un acto de atropello provocado de manera deliberada, mediante el cual, el ministerio público actuó según el guion de la novela remitida por las autoridades judiciales norteamericanas.

Al efecto, el gobierno, estaba obligado a permitir un espectáculo de “pan y circo al pueblo”, de modo que se pudiera colocar a tono con los países donde se esta desarrollando la conjura.

La degradación moral de los detenidos, presentados como vulgares delincuentes ante el mundo, forma parte del “pan y circo”, impulsado por EEUU, en varios países de América, en donde se pretende satisfacer a ciertos sectores sociales, haciéndolos cómplices por defecto de la conspiración llevada a cabo en toda la región.

Muy probablemente, el caso Odebrecht, será la excusa que permitirá a EEUU, restablecer su predominio político y económico, en este lado del hemisferio, mediante la generalización de una crisis política que pudiera convertirse en la causa del colapso de los distintos sistemas de gobiernos de la región.

El caso Odebrecht, no es tan sencillo como aparenta o como algunos fanáticos de la desgracia pretenden considerar como un simple proceso anticorrupción, se trata de una carrera por el control de los mercados ante el avance vertiginoso de China y Brasil, entre otros.

Lamentablemente, el gobierno, la clase política y un sector importante de la sociedad, han prestado su colaboración al juego de EEUU, y –sin medir consecuencias–, han permitido que la República Dominicana, se enrumbe por un camino incierto que acabará llevándose de encuentro a mansos y cimarrones.