El  ocio y la recreación

Por Francisco Rafael Guzmán martes 31 de octubre, 2017

Se puede decir que la valoración del tiempo de ocio, que no necesariamente hay que confundir con el tiempo libre, la valoración del ocio más bien como toda actividad que no sea la de trabajar para recibir un estipendio o paga por lo que se hace, en los momentos actuales data de poco más de un siglo. Sin embargo, antes de La Edad Media, en tiempos del Imperio Romano de Occidente en Europa Occidental el tiempo de ocio era valorado, tal vez muy valorado, pero  desde los inicios del Medioevo no fue así. Fue a finales del siglo XIX cuando el Barón Pierre  Fredy de Coubertin, quien nació en París en 1863 y muriera en Ginebra Suiza en 1937,  planteó el renacimiento de las olimpiadas como una necesidad y desde entonces se celebran en diferentes ciudades del mundo, no sólo en Grecia descendiendo desde la montaña del Olimpo como antes lo hacían los atletas en honor a los dioses de su panteón. “El cambio del tiempo es el 23 de junio de 1894, cuando en la Sorbona de París, anunciando por primera vez la idea de recuperar los antiguos Juegos Olímpicos. Es una verdadera Conferencia que organizada por de Coubertin, que es el de la creación del Comité Olímpico Internacional (COI), que lleva la Secretaría General”1).  La primera olimpíada de la era actual se celebró en 1896 en Atenas, capital de la Antigua Grecia, donde en la antigüedad se celebraban los Juegos Olímpicos.

En la antigüedad se valoraba mucho el tiempo de ocio para la actividad recreativa y también hoy día en la sociedad capitalista, también en los países socialistas se valoró mucho el ocio para las actividades de recreación y del tiempo libre. Este último es el que dedicamos hacer la actividad que queremos hacer con fin creativo y fecundo sin recibir ningún estipendio, no necesariamente es cualquier tiempo de ocio o actividad no remunerada. En la antigüedad el circo romano realizaba actividades en las cuales participa el emperador y toda su cohorte de funcionarios, pero además participan todos los ciudadanos,  los metecos y los esclavos; los días del Circo eran días de fiestas (carrera de carros de guerra tirados por caballos, tabernas de juegos, pero hasta la pedofilia con los niños esclavos, relaciones sexuales entre gentes de diferentes clases sociales, etc.) en que se borraban las diferencias entre las clases sociales y todas personas tenían el mismo  derecho a disfrutar de todas las actividades festivas, asociadas al paganismo. Esos días los esclavos no eran azotados y todo el mundo disfrutaba de las actividades lúdicas, se producía una catarsis en todos los individuos esos días y esto facilitaba la reproducción de la sociedad esclavista 2).

En la Edad Antigua el tiempo de ocio para la recreación fue muy valorado, era una forma de que la clase explotada soportara la esclavitud los días que no eran festivos, soportara la explotación brutal del trabajo bajo un régimen social tan injusto que privaba de toda libertad. En la Antigua Grecia se celebraban las olimpíadas cada cuatro años y hasta servían de calendario para medir el tiempo a largo plazo. Hoy día, en el capitalismo el tiempo de ocio para la recreación ha sido valorado y hasta se le ha comercializado, es decir convertido en una mercancía, ya que se vende la posibilidad en determinados espacios de recreación contemplativa de actividades que otros hacen, la función teatral, el cine o el deporte profesional se le vende al público que no es actor o que no practica la actividad deportiva profesional se le vende como una mercancía para la  recreación contemplativa. También en los países socialistas se valoró el ocio como actividad recreativa y también del tiempo libre, ya que este no es lo mismo que cualquier tiempo de ocio, pues el tiempo libre es aquel en el que desarrollamos una actividad creativa sin recibir ninguna remuneración, el ocio es el tiempo en realizamos alguna actividad no remunerada sin que necesariamente sea creativa. Después de finales del siglo XIX, con los avances de la Revolución Industrial Europea el tiempo de ocio recreativo y el tiempo libre se le valora mucho, bajo el capitalismo se busca aprovechar la reproducción de la mercancía y la actividades de recreación se venden en espacios creados para tal fin, mientras que en el socialismo se buscaba el desarrollo humano integral con el ocio  y del tiempo libre.

En la Edad Media, con la ruralización de  la sociedad y al ser permeada prácticamente toda la conciencia social de los ciudadanos estaba marcada  por la ideología cristiana en la versión de la iglesia católica, sólo se pensaba en que el ser humano estaba en tránsito en esta vida y debía prepararse para la vida eterna (en el paraíso celestial), por lo que debía de someterse a las más inexorables privaciones. Se trataba de inculcar en la conciencia de los seres humanos que no estaba nadie libre de pecado, había que hacer penitencia y privarse de todo deleite para ganar el reino de los cielos. San Agustín,  considerado padre de la Iglesia Católica en Europa Occidental, planteó en su obra: La Ciudad de Dios  que muchas costumbres pecaminosas como su afición por las artes escénicas (teatro) y los juegos de azar (como los de dados) de los romanos venían por las influencias de los helenos (griegos).  Aunque esa obra fue escrita antes de la Edad Media (año 410 de Nuestra Era), podemos ver el modelo de sociedad que el cristianismo emergente pretendía fuera la sociedad, distinta a la del Imperio Romano con el cual se había enfrentado. El arte medieval debía reproducir el estado de conciencia social de los sujetos en la Edad Media, ya que era un arte de contenido religioso, no un arte de contenido humano. Esto se daría así hasta el siglo XVI, cuando nace el movimiento Renacentista que va a cambiar las reglas del juego en la obra de arte.

La mayoría de las familias de la Edad Media pertenecían a la clase explotada, como ha ocurrido en toda sociedad basada en la división de clases. Es decir, la mayoría de las familias medievales pertenecían a la clase  de los siervos, por lo que tenían que pagar una renta por el uso de las tierras  a la clase social de los señores que era la clase propietaria de las tierras y de los talleres de talabartería, telares, molinos para moler el trigo y hornos de pan. La mayoría de los siervos eran siervos de la gleba, o sea, siervos que trabajaban en tierras de cultivo, pero había algunos siervos artesanos en esos otros centros de trabajo. De todo modo el tiempo del ocio para cualquier actividad recreativa o de juego casi no se valoraba en la edad media, porque sólo casi se pensaba en el trabajo y los hábitos primarios del ser humano, comer, dormir, bañarse y vestirse. La Iglesia Católica tuvo un control hasta de la educación escolar o instrucción formal, la cual sólo estaba destinada a los hijos de los señores feudales, a los cuales se les enseña el latín, las letras y la moral religiosa o católica. No había una valoración del ocio como actividad recreativa.

Ahora bien, hoy día en el capitalismo, veamos qué es lo que  pasa con el ocio recreativo. Por ejemplo, en los Estados Unidos en 1915 once millones iban a los cines diariamente, después de una jornada de trabajo era lo más frecuente ir a un cine. La Gente que iba al cine gastó en el 1913 unos 275 millones de dólares, por lo que o fueron mucho menos personas que en el 1915 o la taquilla era muy barata3).  Todo parece indicar que todavía el deporte profesional no se había comercializado tanto como actividad recreativa, por lo que al cine acudían tantas personas diariamente.

En los inicios de la Segunda Guerra Mundial hubo un año en que 21,000,000 de turistas (debe suponerse que eran casi todos norteamericanos) visitaron los parques nacionales en uno de esos años.

Para 1966 los deportes que iban en ascenso en la juventud de los Estados Unidos eran el ciclismo, Volibol y Patinaje. En el volibol se estimaba 40 millones de norteamericanos lo practicaban. Es posible que esta última disciplina la practicaran más mujeres que hombres.

Obras Consultadas:

1) Enciclopedia Culturalia https://edukavital.blogspot.com/2016/05/biografia-de-pierre-de-coubertin.html.

2)  Toner, Jerry. Sesenta Millones de Romanos-La Cultura del Pueblo en la Antigua Roma. Barcelona, editorial Crítica, 2009, 363 pp.

3) Revista Renacimiento # 9, 1 de Julio de 1915, Pág. 257.

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