Nuestra América

Por lunes 15 de agosto, 2016

América Latina tiene congelados o tronchados los cambios que son necesarios para lograr su pleno desarrollo. En el continente se mantiene la esperanza del surgimiento de gobiernos democráticos, liberales, independiente y que defiendan el patrimonio nacional.

Casi todos los gobiernos con aires liberales han sido sacados del poder. Parecería que hay una estela de regresión en el continente. Con Hugo Chávez se inició una revolución pacífica, con una nueva cara del socialismo, donde se reivindicó el derecho a la vida de la mayoría que es excluida.

Chávez es historia, al igual que por lo menos cuatro de los gobiernos que surgieron en los últimos años en el continente. No se trató de una exportación de la revolución, al estilo Cuba de la década de los sesenta, sino alcanzar el poder con el apoyo de la mayoría por vía de los votos.

Se cierra ese camino en latino-américa. Brasil, Argentina y Venezuela son casos específicos. Los cambios se tienen que hacer desde el poder. Es imposible que en la oposición, olvidados en las barriadas, se puedan iniciar y lograr cambios que sean trascendentales.

Los gobiernos norteamericanos lucen ajenos a ese deseo de libertad económica y social de los países latinoamericanos. En muchas ocasiones los cambios son obstaculizados por los norteamericanos al mando. Hay otra cara y es de la solidaridad del pueblo norteamericano con muchos de las evoluciones que se enuncian en el continente.

Cuba está en un proceso de apertura. No se sabe dónde podrá terminar el mismo. Se están viviendo los años finales de los Castros y la generación de la Sierra Maestra. Los líderes emergentes podrían ampliar el proceso revolucionario, u olvidarlo. Son coyunturas específicas para un marco determinado. La revolución es irreversible, pero con nuevo liderazgo hay varios caminos a tomar.

Tiene que darse un marco de referencia de respeto a los derechos humanos en América Latina; que se convierta en realidad la frase de Emiliano Zapata de que la tierra es del que la trabaja, o la de Benito Juárez de que el respeto al derecho ajeno es la paz.

La lucha social en América Latina tiene debe ir más allá de un programa de pleno empleo o de capitalismo de sonrisas humanas. Hay que reivindicar al pobre, al desamparado, al indigente, para que haya paz y disfrute pleno de la vida.

Por Manuel Hernández Villeta

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