Nostalgia del que se marcha 16 años después y el entusiasmo del que llega tras esperar el mismo tiempo

Por Luis Brito martes 4 de agosto, 2020

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- La soledad del poder, expresada en la nostalgia que dejan ver los pasillos del Palacio Nacional y el resto de instituciones del gobierno, hace contraste con el entusiasmo y la euforia que proyectan los rostros de una legión de personas que a partir del próximo 16 de agosto comenzará a ocupar cargos en la administración pública.

El final de 16 años consecutivos de ejercicio del poder por parte del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), sin duda deja un sabor amargo en muchos que se prolongaron en el tiempo (con relevo entre sí) desempeñando funciones, altas, medias y bajas, en el tren gubernamental.

La odiosa sensación se despedida de quienes ser marchan, traduce alegría a aquellos que serán los inquilinos de los puestos públicos en cuestión de dos semanas.

Dieciséis años dirigiendo las riendas del Gobierno es un tiempo que se rompe y que a su vez le pone fin a una década y seis años se espera desde la oposición de un conglomerado político que atravesó por una marcada división partidaria (la del PRD), formar un nuevo partido (PRM) que termina alcanzando la Presidencia de la República y el dominio del Congreso Nacional en apenas su segundo intento en unas elecciones.

Con su llegada para dirigir los destinos del país desde el Palacio Nacional, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) corta la racha más larga gobernando de manera seguida para un partido, el PLD con 16 años.

En la vida democrática, luego de la muerte de Rafael Leónidas Trujillo, el tiempo más largo habían sido los 12 años corridos del extinto expresidente Joaquín Balaguer (1066-1978), a pesar de que sus triunfos siempre fueron cuestionados por la oposición, en un país donde la cultura de denunciar fraude ha estado casi siempre en boca del perdedor.

El propio Balaguer es quien personifica el tercer período más extenso sin interrupción (aunque sí le cortaron dos años) a lo que iba a ser su tercer cuatrienio consecutivo, luego de retornar al poder en el 1986 al vencer a un PRD que además de venir de agotar 8 años de administración, presentó en esas elecciones serios conflictos internos que sin duda rompió la cohesión interna que necesitaba ese partido para luchar en las urnas.

Aunque el PLD logra el período más largo de 16 años gobernando continuo, lo hizo alternando a dos candidatos (Leonel Fernández y Danilo Medina), contrario a Balaguer que obtuvo la racha él solo como figura, aunque favorecido con el sistema de reelección indefinida como entonces lo establecía la Constitución de la República.

Modificada la Carta Magna en 1994, como salida a una grave crisis política que devino de las elecciones de ese mismo año, la reelección desaparece del texto constitucional, y así también, por su edad además del aspecto legal, sale del juego político (al menos como opción presidencial) el anciano y zorro político.

La reelección, de venir siendo satanizada a fuerza de 22 años de gobierno de Balaguer, vuelve y cobra vigencia 8 años más tardes (en el año 2002), cuando el expresidente Hipólito Mejía, en contra de una avalancha de rechazo, logra pasarla “a sangre y fuego” en el Congreso Nacional, opta por reelegirse y finalmente termina fulminado electoralmente en las urnas.