Nosotros abrimos, y cuídense ustedes. ¡Qué bien!

Por Rolando Fernández lunes 8 de junio, 2020

Es lo que parece quieren decir las autoridades estatales nuestras. Según el flamante ministro de Salud pública local dijera a la prensa (véase “Listín Diario”, del 4-6-20, primera plana: “Ahora hay más riesgo de contagio”, y reseña correspondiente, página 2), con relación a la pandemia del Covid-19 en el país, que como es obvio suponer, sin sus palabras incluso, es algo previsible, a partir de “aperturarse” las actividades económicas, por disposición gubernamental, con principalía luego de la segunda fase programada.

Al escuchar a ese funcionario hacer tal aseveración, luce como que las autoridades oficiales han descubierto los plátanos mellizos. ¡Claro que sí! Las probabilidades de infectados y fallecidos tienen que ser mayores, después de esas cuestionadas decisiones de abrir las labores cotidianas nuestras, que tantos aquí han considerado precipitadas, cediéndose a las presiones sociales, como de los poderosos grupos empresariales que gravitan entre nosotros.

Se allantó prevención antes contra el virus atacante, a través del confinamiento de la gente; la famosa cuarentena; el toque de queda; el uso obligatorio de las mascarillas; y de hasta vestuarios especiales para los médicos que asistan a las personas con ese mal. en clínicas y hospitales públicos.

Y, ahora, sin mucha ponderación, se suelta a todo el ganado (ciudadanía) a caminar, sin control efectivo, por calles y avenidas de la nación; cuando aún ni siquiera se conoce en realidad la causal motivante principal de tan letal crisis sanitaria.

Se vuelve al mismo desorden cotidiano; a los tapones vehiculares; a las aglomeraciones de personas; al comercio callejero. La gente anda como desorientada, y hasta despavorida en algunos casos. Es previsible que, con el desorden social incontrolable que aquí se tiene, el caos presente no se podrá enfrentar, teniendo que asumir cada cual los riesgos de salud probables implícitos.

En ese tenor, habrá que ver en lo adelante, cómo seguirán aumentando las cifras de contagios y fallecimientos, sobre las que tampoco se cree mucho; se entienden maquilladas, a partir de las desescaladas de la economía; cuando este país, no está preparado para enfrentar un rebrote expansivo de la crisis sanitaria, in crescendo siempre, Cómo se podrá administrar un eventual desbordamiento del sistema hospitalario nacional. Se tiene la mirada puesta en: ¡después que pasen las elecciones! “¡Qué Dios nos coja confesado!, como reza el refrán popular.

Eso debió haberse pensado muy bien, ante las ocurrencias ajenas con respecto al flagelo sanitario que viene aquejando a la humanidad, el coronavirus, y nuestras posibilidades de asistencia estatal médico-hospitalaria a la población.

En que aquí estamos desarropados en ese orden. De igual forma, en que lo político y el certamen electoral que se avecina son asuntos importantes, pero que no deben estar por encima de la salud de la población dominicana. ¡Craso error, no considerar así eso último!

Otro fator de extrema consideración, respecto del cual se ha debido reflexionar también, son los vacíos estatales propios de los periodos de transición relativos a los cambios de gobiernos; y, más aún, cuando los mandamases que han estado en el Palacio Nacional, tienen que abandonar ipso facto el poder, en la fecha que establece la Constitución de la República.

¡Asalta el no me importa ya! Y, como es lógico suponer, a los que vienen luego, hay darles días suficientes para su asentamiento en las posiciones, y la preparación administrativa del Estado. No pueden comenzar a ejecutar de inmediato. Se tiene que esperar lo necesario.

Pregunta pertinente: ¿Qué pasaría con el manejo de una gran crisis como esa, cursando en ambos espacios de tiempo? ¡Hay que imaginarse la debacle posible en acecho!

 

Autor: Rolando Fernández

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