Nombramientos y aumentos

Por Manuel Hernández Villeta

Es positiva cualquier  acción que vaya dirigida  a congelar los empleos  y los salarios en la administración pública. La nómina oficial está ya repleta de servidores que hacen su oficio, pero también de muchos vagos y botellitas. Ideal sería que se llevara a cabo una labor de depuración de los que no trabajan.

Todo el que gana un salario debe dar un servicio garantizado al ministerio o dependencia donde está en nómina, o debe ser echado a la calle. Las botellas no caben en un amplio  programa de austeridad. El apretón del cinturón no puede ser para los más necesitados, sino que tiene que aplicarse a los que cobran su participación en los torneos electorales.

En el país hay que elevar la conciencia del accionar político. Mala costumbre es ir  a unas elecciones para impulsar a un ganador, y que esté le asegure por lo menos un botella. Otros buscan contratos y favores especiales, pero todos son dañinos a la paz social.

Se perdió hace mucho tiempo el ideal de que se hace actividad partidista buscando la mejoría de los niveles de vida de la masa irredenta, de los que no tienen nada, y que son presas fáciles de los demagogos de turno.

Todos los grandes partidos han estado en el gobierno, dirigiendo el Palacio o como aliados, y ninguno ha tomado acciones para acabar con las sanguijuelas que cobran sin sentarse en un escritorio. Cuando llega una nueva  administración se autorizan  despidos masivos, pero al otro día los compañeritos o compatriotas que les toca el turno al bate ya están buscando su escritorio.

No creo en la mal llamada carrera administrativa. Es  la forma de burócratas lograr eternizarse en el poder. Dicen que nadie los puede cancelar de sus puestos. Sería bueno que respondieran a la pregunta si para conseguir el cargo no contaron con un padrino político.

Si se quiere una carrera administrativa que sea real se tiene que comenzar el proceso de nuevo, llamando a concurso para alcanzar las posiciones. En la administración pública nadie llega por depuración, sino por filiación o favores políticos.

Ello no quita que hay muchos profesionales capaces, a los que se les debe respetar por su trabajo diario. Se les margina, por no pertenecer a una corriente política, se le presiona por la inscripción y casi siempre es  el único, o los únicos, que trabajan  en esas oficinas.

Ni nombramientos ni aumentos de salarios  realizados en forma antojadiza para favorecer a seguidores. Todo congelado. Si hay austeridad, la misma debe ser para todos. Si el país vive una probada crisis en lo económico, lo que se impone es que por el resto del año, haya  austeridad de arriba abajo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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