No Sólo Aumento de Salarios: Ajuste Por Inflación También

Por Francisco Rafael Guzmán

El código de trabajo en la República Dominicana debe ser revisado y los derechos que en otros tiempos tenían los trabajadores deben ser contemplados en el mismo. Hoy en día no se oye hablar de una huelga de trabajadores, casi en ninguna empresa, lo que tiene no menos de 30 años. El anterior código de trabajo que se le denominaba Código Trujillo del Trabajo (el vigente data de 1992 o 1993), al que se le consideraba atrasado, la verdad es que no contenía cláusulas  atrasadas que las que tiene el actual código.

Por ejemplo, no se les prohibía a los trabajadores de una empresa solidarizarse con los de otra empresa y en el vigente código si se le prohíbe, ya fuera con piquetes o con huelgas en solidaridad con los trabajadores de otra empresa o sector laboral. Hoy en día no se habla prácticamente de ningún pacto de contratación colectiva de condiciones de trabajo entre los trabajadores, representados estos en un sindicato correspondiente, y la empresa en las que laboran.

En otros tiempos, las cosas eran muy diferentes y hoy no tienen por qué ser como vienen siendo; el periódico La Noticia (hoy desaparecido) que comenzó a editarse en el 1973, tenía una columna llamada: Hablan los Sindicatos, en la cual se registraban reportajes de muchos pactos colectivos.  Al parecer, al casi no hablarse de pacto colectivo de trabajo o de contratación colectiva, ya que hace unos tres años aproximadamente se habló de la firma de uno entre los trabajadores de una empresa del grupo Vicini y los empleadores de esta última, es como si la figura jurídica del pacto colectivo hubiese desaparecido en el nuevo código de trabajo  que data de principios de los 90.

Hoy día, dada la inflación acumulada en varios años, los trabajadores dominicanos del campo y la ciudad, industriales, del comercio, la banca y los servicios, públicos y privados, se merecen un aumento superior al 30 % si de justicia se trata, pero no deben solamente quedarse en este reclamo, sino que también debe haber el reclamo del ajuste del salario por inflación cada dos años, porque de nada serviría el aumento general de salario de un 35 o 40 % en los actuales momentos si no hay una medida que evite el deterioro del salario real del trabajador. Los trabajadores dominicanos no pueden seguir viviendo en la inopia.

Con los salarios tan bajos que reciben los trabajadores, con una jornada de trabajo relativamente larga, podemos decir que son superexplotados. Se puede decir que muchos trabajadores dominicanos reciben salarios por debajo del límite mínimo del valor de la fuerza de trabajo (Paul Singer: Economía Política del Trabajo), ya que no pueden reproducir las energías físicas de ellos (los trabajadores), sus mujeres y sus hijos, con los bajos salarios. Se hace necesaria la reforma de las leyes laborales y la aprobación de un nuevo código de trabajo que amplíe los derechos de los trabajadores y que incluya el derecho a la huelga de estos, incluida la huelga por solidaridad y la amplia libertad sindical.

Los empleadores dominicanos siempre viven quejándose de los salarios que pagan, como si pagaran salarios altos, cuando en realidad son salarios tan bajos que están hoy en día por debajo del límite de lo que un trabajador necesita para poder reproducir  su fuerza de trabajo, no les alcanzan para alimentarse, mientras tienen una jornada de trabajo extendida. Esta es una situación que no puede continuar, como tampoco debe continuar  la ausencia de un eficiente seguro médico para los trabajadores y la inexistencia de un sistema nacional de pensiones para los trabajadores del sector privado.

Es imperativo que se haga una revisión completa de nuestro código laboral, ya que contrario a los que sostienen Peter Drucker y otros con el sofisma de la sociedad del conocimiento  es el trabajo el que crea riquezas, hasta los robots son creados con el trabajo. Nadie crea que el trabajo puede ser sustituido en la creación de la riqueza, porque eso sencillamente no es posible, aunque muchos empleadores (burgueses) quieran innovar y pretendan prescindir de los trabajadores. Esas son de las contradicciones culturales del capitalismo (Daniel Bell), como sistema social basado en la explotación de la fuerza laboral de los trabajadores asalariados de las empresas.

La verdad es que la sociedad capitalista, basada en la división de clase y en las desigualdades, necesita de la explotación de la fuerza laboral, no puede prescindir de ella en la obtención de la plusvalía. Una sociedad más justa, no basada en las grandes desigualdades, tampoco puede prescindir del  trabajo creador de riquezas. El trabajo con el descanso y la recreación, y no el ocio absoluto, es una necesidad vital para el ser humano.

Desde que en el 1984, luego de firmar el gobierno del fenecido Dr. Salvador Jorge Blanco el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, se comenzaron a aplicar las medidas impuestas por este organismo financiero internacional, los trabajadores dominicanos vienen soportando un deterioro en su nivel de vida como antes jamás lo habían tenido. El Fondo al imponer medidas supuestamente anti-proteccionistas para las empresas (con la excusa de ahorrar dólares para pagar la deuda), aparte de las cancelaciones masivas de trabajadores en centros de trabajo privados y en las oficinas públicas, también obligó al Estado dominicano a no controlar los precios de los productos alimenticios, provocando el deterioro en el nivel de vida de los trabajadores.

 

Por Francisco Rafael Guzmán F.

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