¿No quieren sopa Odebrecht? ¡Tengan dos tazas!

Por Carlos McCoy sábado 22 de abril, 2017

La plataforma económica en la que se sustenta el mundo de hoy, es una sola, el capitalismo. No importa que sea “salvaje y brutal”

 

Nominalmente aún quedan cinco países comunistas. China, Vietnam, Laos, Cuba y Corea del Norte.

 

Pero si analizamos aunque sea someramente las economías de estos países, veremos que comunista propiamente dicho, solo persiste Corea del Norte.

China, con alrededor de 300 millones de personas viviendo en la clase media, es el país más grande en ese renglón. Con una proyección de aumentar a 500 millones de chinos que dejarían la pobreza en el año 2030. Una cantidad mayor que la población total de los Estados Unidos de América.

 

Vietnam, Laos y Cuba cada día se parecen más a un país del báltico, que a uno perteneciente a las antiguas cortinas de hierro o de bambú.

 

Poco a poco van abriendo sus economías, pues el fracaso del comunismo es evidente. Aunque todavía insisten en el control de los medios de comunicación y en no dar muchas libertades públicas, su apertura a un mayor libre comercio es inminente.

 

Rusia y La India no se quedan atrás, aunque en menor medida, han seguido los pasos de china y ya en el año 2001 un ejecutivo de Goldman Sachs acuñó el acrónimo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) ante la embestida económica que ya se vislumbraba de estos países.

 

Pero, en el 2008, hubo una crisis financiera en los Estados Unidos, cuyos nocivos efectos económicos arrastró la economía mundial. Esta fue causada por la voracidad de los especuladores enquistados en instituciones bancarias de ese gran país. Fue la llamada crisis de las hipotecas de alto riesgo.

 

El gobierno de los Estados Unidos de América, por medio de la Reserva Federal, tuvo que sacarles las castañas del fuego a estos usureros, para que no colapsara económicamente, no solo el coloso del norte, sino también gran parte del mundo.

 

Sorprendentemente, no hubo nadie preso, nadie acusado. Ni siquiera alguien seriamente investigado por esta catástrofe causada por la insaciable voracidad de corruptos ejecutivos.

 

Esta larga introducción es necesaria para poder entender lo que está sucediendo en Brasil, donde se han dado similares circunstancias a las que acontecieron en los Estados Unidos en el 2008.

 

Con la gran diferencia, que las autoridades brasileñas, empujadas por una fuerte brisa fría del norte, que hace mucho no les estaba sonando muy bien la samba y el bosa nova, interpretados por un obrero metalúrgico, en vez de tratar de solucionar el conflicto de carácter económico, creado por los mismos motivos corruptos que sucedieron en Los Estados Unidos, lo elevaron a un problema político.

 

Hoy, La extraordinaria expansión económica de Brasil, que llegó a un crecimiento de 7,5% en el 2010, es solo un recuerdo. Aquellos 30 millones de personas que habían escalado a una robusta clase media, luchan desesperadamente por no caer en la indigencia.

 

Todo, debido al estúpido manejo, por parte de políticos mucho más inescrupulosos, que los funcionarios de las compañías brasileñas que están metidas en este problema de corrupción.

 

Siempre con el pensamiento puesto en pescar en rio revuelto y tratar de conseguir, con medios non sanctos, lo que no pudieron obtener por medio del voto popular.

 

Las autoridades dominicanas, ante la crisis con la compañía Odebrecht, han hecho lo correcto. Simple y llanamente copiaron a los Estados Unidos de Norte América. Que indefectiblemente, siempre hacen lo que a ellos les conviene.

 

A veces más, pero nunca menos.

 

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