¡No perder su tiempo con “oidores”!

Por Rolando Fernández viernes 14 de febrero, 2020

Qué difícil se hace tratar con personas que solo saben oír, jamás escuchar. Esas son, lamentablemente, de las que más abundan en los tiempos presentes; que siempre solo están prestas a responder con un sinsentido; a contradecir opiniones, o sugerencias que reciban, aunque sin sustento alguno.

Son aquellas que, por lo regular hablan por hablar. Nunca se quedan calladas por un instante previo; y, mucho menos reflexionan sobre sus decires “desparpajantes”, si cabe la calificación. ¡Sueltan esas, lo primero que llega a la mente!

A pesar de que muchos entienden que, oír y escuchar es lo mismo, en realidad son distintos en el fondo, no obstante, luzcan casi semejantes. El que solo oye, no escucha. Puede captar sonidos, palabras, y frases, o planteamientos completos, pero no discierne nada en verdad. No sabe realmente de qué se trata tal o cual cosa. Puede reaccionar o no, a su manera algo exasperada, normalmente, sin valor alguno.

Sobre ese particular, en la red de la Internet aparecen dos conceptualizaciones bien directas, que pueden ayudar a esclarecer más la diferencia aquí señalada. Véase:

¿Qué es oír?

“Oír es percibir sonidos a través del sentido del oído, sin inevitablemente entender lo que se está oyendo. Al oír, se pone en funcionamiento el sistema auditivo”.

“Las personas podemos oír palabras, sonidos, voces, ruidos, etc.”

¿Qué es escuchar?

“Escuchar es tener activados otros sentidos al oír, para entender lo que se está oyendo. Al escuchar entran en funcionamiento algunas funciones cognitivas como el prestar atención, pensar, recordar y razonar, las cuales ponen en funcionamiento el cerebro y el sistema nervioso”. ¡Qué distinto al simple oír, verdad!

De ahí que, rechazar a los oidores nada más, bien tozudos de ordinario, evita a cualquiera malhumorarse de momento, escuchando alegatos infundados, que, por lo regular, rayan en lo “disparatoso”; o, en los deseos evidentes, solo de contradecir al interlocutor parlante.

En cambio, cuando se habla con personas pacientes, que saben escuchar, de ella se puede aprender bastante, cuando exponen respondiendo. Y, es posible hasta edificarles parcialmente, en correspondencia, sobre determinadas temáticas que desconocen, pues nunca de todo se sabe, completo, o no, al mismo tiempo.

Los escuchantes siempre se consideran, con muy pocas excepciones, como ignorantes conscientes; de esos que dicen, “Yo solo sé que no sé nada”, en adhesión al sentido de la frase aquella atribuida al filósofo griego Sócrates (399-470 a. de C.).

¡Piénsese!, y no pierda su tiempo con “oidores”, ¡evítelos! De entrada, se dan a conocer con facilidad.

Autor: Rolando Fernández

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