No hay ley de Partidos políticos; pero, la campaña política-electoral 20-24, ya arrancó…!

Por Francisco S. Cruz sábado 19 de agosto, 2017

Cuando la Marcha Verde se dio su acta de defunción: justamente cuando pidió la renuncia del Presidente y decantó, aunque algunos todavía no se enteran, en partido político, o mejor dicho, apéndice-vagón, en parte, del proyecto presidencial de Luis Abinader, ahí mismo, la campaña 2020 empezó. Por lo tanto, es un error adjudicarle ese banderazo –temprano- al PLD (sus aspirantes), al debate-tema, por demás recurrencia histórica: reelección, o al más baladí e insustancial: el debate sobre el relevo del liderazgo político actual planteado desde la exclusiva perspectiva generacional –la edad- cuando sabemos que “los liderazgos no se decretan”.

Y es lamentable que los gerentes de la Marcha Verde –en mayoría curtidos miembros de la “izquierda burra”, dirigentes de la oposición política, intelectuales-sociólogos-periodistas (o políticos oposicionistas de la “secreta”), ex “lideres” y beneficiarios de los partidos tradicionales, activistas de la “sociedad civil” y ONG (a pago y mesada de agencias extranjeras)- se hayan decantado por la definición de partido político sin siquiera trascender o elevar a otro estadio, más allá de la consigna política (¡fin de la impunidad y de la corrupción!), la lucha social demandando y exigiendo una serie de reivindicaciones de la agenda social histórica-acumulada sin descartar o presionar, incluso, por un gran Pacto Político-social de reformas multisectoriales –entre partidos políticos-Marcha Verde-Sociedad civil-empresariado-gobierno, etc.-, antes de que el calendario electoral avance –lo que ya está sucediendo- y el movimiento se diluya, como se está evidenciando, en el pre “momento político-electoral”, vale decir, los procesos internos de los partidos tradicionales, o peor, en “agua de borraja”. 

 Porque el momento político-social, en nuestra opinión, estaba servido para levantar, con éxito, consignas políticas; pero, más que ello, lograr, vía un gran Pacto Nacional, reformas políticas y del sistema judicial. Pero no, se prefirió la definición política-electoral, y, con esa decisión-definición, sólo ganó un proyecto presidencial de la oposición, el de Luis Abinader, que tendrá que pasar, primero, por enfrentar-derrotar, en el PRM, al grupo-proyecto presidencial-H20 –de Hipólito Mejía- de la vieja guardia de un liderazgo político harto curtido en luchas intestinas y tratativas de alto riego, refriegas y el arte de descarrilar trenes. Esto, amén de lo que los “redentores” Minou, Moreno y Puig, terminen decidiendo; sumado al desencanto de los más ingenuos y puros de un movimiento, el de la Marcha Verde, que pudo haber tenido mejor   destino en la consecución de conquistas sociales y de algunas que otras reformas políticas.

Ahora, todo ha quedado en las manos de las jerarquías-cúpulas de los partidos políticos tradicionales y ya no podremos predecir la Ley de Partidos Políticos que al final tendremos, pues, hasta la JCE escurrió el bulto –con un antecedente-sentencia-, cuando se pudo presionar y lograr –vía el Movimiento Verde y los liderazgos emergentes de los partidos políticos- la aprobación de una Ley de Partidos Políticos y de Régimen Electoral que garantizara dos principios-normas elementales: a) institucionalidad democrática en los partidos políticos; y b) un verdadero adecentamiento de la actividad política.

Hasta esa doble simpleza, prácticamente, se perdió…

Entonces, en un escenario político como ése, hablar de relevo del liderazgo político actual (basado en lo exclusivo generacional), es como hacerse un harakiri sin público y, peor, con árbitros muertos de la risa. ¿O no?