No juguemos con fuego

Por Manuel Hernández Villeta Martes 20 de Junio, 2017

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Una gran concertación nacional luce un imposible en estos momentos. Habría oídos sordos si alguien lanzara esa idea. Los eternos mediadores hoy están abanderados, por lo que no hay nadie con chaqueta de independiente para conducir los debates. Este es un trago amargo.
Los países para llegar al desarrollo, por lo menos en su arrancada, necesitan la concertación, que no necesariamente es  dejar que le doblen  el brazo. Se puede concertar manteniendo los intereses aparte, pero si conociendo que la paz tiene el nombre de diálogo y entendimientos.
El horno social dominicano está demasiado caliente, para colocar en estos momentos las galleticas de la paz. Hay que ser sinceros en la exposición de temas y en llamados a la pasividad o la lucha. Sin concertar, pero con respeto a las reglas de juego de la democracia, puede haber entendimientos.
Los mediadores de antaño jugaron a los creadores de demonios.
Elevaron los Tribunales Electoral y Constitucional para que llenaran los espacios que tenían, los jubilaron y ahora retornan al frente de comisiones que dan largas a un veredicto.
No importa el camino que usted emprenda y las ideas que esgrima, nadie puede tratar de vulnerar la institucionalidad nacional. Atentar contra la democracia dominicana sería dar un salto al vacío, y de seguro que las grandes masas no lo permitirían.
No es cosa del pasado. La vulnerabilidad de las instituciones es un ciclón que siempre tiene vientos. Atentar contra el estado de derecho es cosa del presente, y es un potro salvaje común el cual se tiene que tratar con  mucho cuidado.
Un paso en falso y todos nos montaremos en la balsa de Caronte.
Hay que respetar el derecho del pueblo que escoge a sus gobernantes por cuatro años. Hacer oposición no entraña tremendismos y aventuras. Nadie está por encima de la ley. El juicio oral, público y contradictorio es el principio básico de juzgar a los señalados de actos de culpabilidad. No juguemos con fuego, que estamos parados sobre un depósito de gasolina.
Trujillo no cayó de Marte, sino que lo parió la inestabilidad  política en el 1930. El golpe de Estado a Juan Bosch provocó la revolución de Abril y posteriormente la intervención militar norteamericana. El principal efecto colateral fue la dicta-blanda de Joaquín Balaguer.
Las instituciones están por encima de los caprichos de los hombres. Cuando la ebullición hace volar el pensamiento, se pierde la noción del bien y el mal. El fuego alumbra, da calor en el invierno, permite cocer los alimentos, pero si se comete una imprudencia, sus llamas son devastadoras y el que mete la mano se la quema. No juguemos con fuego, que es peligroso. ¡AY!, se me acabó la tinta.