No juego

Por Victor Elias Aquino lunes 8 de mayo, 2017

No me imagino a éste hombre reflexivo sentado a la vera de una mesa de casinos en el Maunaloa, rodeado de turista de tierras de extraños países, o corriendo de prisa con la vista su mirada detrás de un juego de muslos de una chica que pasea sus curvas brindando tragos a quienes gastan la vida soñando despiertos con pegarle al Premio Gordo; quimera de salir de una vez por todas de la pobreza en el albur de la ruleta que es el tránsito de la vida.

Ah, miro a través de espejo, y veo a este sujeto muy cómodo, sentado donde se siente él mismo, entre amigos, cuasi familiares que hallaron la fórmula de echar a un lado el tedio detrás de una mesa.

Nunca, nunca, nunca los ha movido un caballero denominado Don Dinero, o el terrible chelero; se trata de lazos, no de nudos, tampoco de corbatas. Es el canto y el poema de estar juntos tiene dos números: 52 y 28.

Pasan las horas, es como si el inolvidable y exquisito primer viaje en avión, como hacer algo sencillo, pero divertido: el juego de las cartas, inventado por chinos buscando las formas de romper el hielo, en el oriente del emperador Gengis Kan.

Sería mentiroso si digo que beben, no son tomadores; pero a sorbos de maten aprendieron a conocerse mejor , a ver sus fortalezas y debilidades. Una que otra vez, probaron el tinto, no les gustó el blanco, creen empero en las bondades de salud del mosto.

Ahí está Siul, con su cigarrillo electrónico, pero llegado de tierras ajenas, con su cuerpo fornido de atleta levantador de pesas, y sus brazos de boxeador peso completo. Don Luis buscando el póker que nunca llega, como el aumento de los trabajadores del que hablara Lucesita Benítez , en el áuge de la música denominada “ Nueva Ola”. Lo de Benchi es otra cosa, con un celular gastado que parece una tableta, pasando con fichas por jugar y hablar al mismo tiempo.

El escribidor, suelta la pluma, alza los ojos a las nubes, al cielo, y es entonces, y entonces , sólo entonces en que piensa que una mujer desde el cielo los mira, y que está feliz por ellos, tal vez sonríe a carcajadas, y el eco llega a la tierra. Es la mismísima Martha.

Ni un solo disgusto en más de diez años, no hay contiendas; están pagando un precio : el de conocerse, el de estar juntos, de soportarse, de llevarse bien, tal y como ha ocurrido por los últimos diez años.

Don dinero, y don moneda fueron sacados a patadas de ese recinto, y después de un tiempo descubrieron que desvistiendo las cartas hallaron la fórmula de la tolerancia, del respeto, y tal y como los galleros visitan frecuentemente el umbral y las puertas de la solidaridad.

 

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