“No he atropellado a nadie, no he perseguido a nadie…”

Por José Peña Santana

El saliente presidente de la República licenciado Danilo Medina Sánchez, para su anuncio de despedida utilizó un lejano, olvidado, mal tratado y atropellado municipio del sur en la provincia Bahoruco, mi natal Neiba; pueblo heroico, de hombres y mujeres valientes, revestidos de inquebrantable valor personal; poetas e intelectuales de grandes luces pero de pocas oportunidades, salvo escasas excepciones.

Neiba, cuna del presidente de la Junta Central Gubernativa, creada para efectuar la organización del Estado dominicano después de proclamada la Independencia Nacional, fue elegido el 11 de marzo de 1844, como primer presidente, el neibero Tomás Bobadilla Briones.

Los generales Fernando Tavera y Francisco Sosa, son héroes desde el 13 de marzo de 1844, con el primer derramamiento en el combate denominado El Bautismo de Sangre, librado en la Fuente del Rodeo en Cambronal de Neiba, donde se enfrentaron dominicanos contra haitianos por el control de nuestro territorio.

Con el asalto a la comandancia de Neiba por el comandante Cayetano Velásquez, acompañado por cincuenta hombres se inician las luchas restauradoras al reducir a prisión al general Domingo Lazala, quien era el jefe militar de esa común; a partir de ahí se produjo la primera jornada bélica a tal fin.

Al apuntalar sobre el valor personal de nuestros habitantes a la vez que le señalamos como poetas e intelectuales, es claro colegir que el neibero puede tanto usar las armas para proteger su patria, como la pluma para escribir poemas tan bellos hermosos y profundos como lo hiciera nuestro gran Apolinar Perdomo con “Cantos de Apolo”.

Me ha sido de gran sorpresa el hecho de que el presidente Danilo Medina escogiera este pueblo carente de desarrollo económico, por múltiples razones, que en este espacio no podríamos mencionar aunque nos los propusiéramos por lo abundante que resultarían; sin embargo, el mandatario faltando pocas horas para dejar el poder no alcanzó ser acogido en ningún otro escenario para hacer el recuento de lo que él califica sus “principales logros” a sabiendas de que Neiba no es el lugar más apropiado para señalar “grandes logros”, allí puede exhibir muy pocos o casi nada, tal es el caso del Hospital San Bartolomé, cuya reconstrucción inauguraba, lugar donde produjo el discurso, se había logrado en base a grandes reclamos de la población, grupos organizados, la sociedad civil, las iglesias evangélicas, el acompañamiento de los dirigentes políticos de la oposición y la intervención del cura párroco de la iglesia católica. No estamos hablando de una obra que voluntariamente ordenó hacer el gobierno de Medina sino de una conquista bajo fuertes luchas de la población neibera.

No encontró otro escenario, pero la caballerosidad de una de sus víctimas de atropello, a pesar de haber sido su amigo desde que era un desconocido dirigente del PLD, le tendió la mano y le levantó la moral al lograr reunirle algunos empleados públicos para que le escucharan y le aplaudieran; lo salvó el señor Rafael Peña, actual gobernador provincial de Bahoruco, quien tiene poco más de un mes desempeñando dicho cargo, después de haber pasado una vida de lealtad al presiente Medina, y sufrir la más cruel indiferencia de parte él.

Rafael Peña es un peledeista-Danilista desde mucho antes de que los que disfrutaron las mieles del poder supieran de la existencia del PLD y menos de la de Danilo. Un mes de gobernador y es obligado a montar un escenario que no le fuera hostil al visitante para lograr su propósito de aparentar simpático y hacer entender que Neiba le tiene respeto.

Es burlesco, ese rosario de frases a que recurre Danilo en su discurso de despedida en Neiba, pueblo al que dejó sumido en la pobreza, ¿cómo darán las gracias por haber cambiado sus condiciones de vida? Sí muchos la cambiaron, pero para peor condición, ya que a la gran mayoría le hizo precisamente lo contrario a lo que dice en su discurso; ya está bueno para simulación, por el solo hecho de suscribir el liderazgo del doctor Leonel Fernández, fueron atropellados, vejados y humillados los ciudadanos que se atrevieron a hacerlo, y los que éramos servidores públicos fuimos cancelados sin tomar en cuenta el tiempo en la administración ni ninguna otra condición.

Como vienes a decir ahora que: “No he atropellado a nadie, no he perseguido a nadie por sus ideas”.

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