No es lo mismo, Margarita Cedeño

Por Florentino Paredes Reyes

Cuando Leonel Fernández ocupó por segunda vez la Presidencia de la República en el año 2004, arrastró en su manto, la figura de Margarita Cedeño de Fernández. Ella en calidad de legítima esposa, trasfirió brillo, juventud, belleza y elegancia, el despacho de la primera dama, que se había ensombrecido en el gobierno de Hipólito Mejía, con el poco fomento que hiciera y diera, doña Rosa Gómez de Mejía, mujer que, por su edad y vida espiritual, era de pocas ambiciones materiales y políticas. Todo lo opuesto a Margó.

Con grandes ambiciones económicas e inagotables aspiraciones políticas, Margarita, para entonces, fue dando brillo a sus sueños, amparada en los destellos que le irradiaba Leonel y los cuantiosos recursos que llegaban a su despacho. Es así como se creó este espejismo que fue comparado con los grandes líderes del momento, del comité político de su partido y por encima de memorables damas, que ha regañadientes aceptaban sus logros.

Sin concurso, sin rendición de cuentas, Margó visitaba localidades y repartía de acuerdo con su generosidad, los casi setecientos millones de pesos que cada año el Ejecutivo, su esposo, transfería a su despacho, junto a una agresiva campaña publicitaria que la convirtió en la viva encarnación del bien sobre la tierra y transformó su despacho en un virreinato colonialista sin oposición fáctica dentro y fuera de su partido.

Las grandes tiendas de vestir del mundo, los grandes escenarios artísticos nacionales y extranjeros, sirvieron de telón a las puestas en escena de la primera dama que, junto a una corte de adulones a sueldo, complacieron sus gustos y sus caprichos, pasando de lo banal a lo sensible con temas como el reciclaje, medio ambiente, respeto a la mujer y hasta los valores cívicos.

Tanto brillo momentáneo fue imposible de ocultar y el nuevo aspirante a presidente, Danilo Medina, tuvo que hacerse acompañar de la primera dama, para lograr sus aspiraciones, al tiempo que ella, trepaba un peldaño más, de las apetencias políticas que eran imposibles de ocultar, aunque el cambio de posición surtió sus efectos, como lo hace el sol en la parte de la tierra que le queda de frente y así, llegó la luz. El nuevo cargo trajo sus rebatiñas y de ella se dijeron sus verdades y sus mentiras. Todas con el mismo efecto nocivo en su persona.

Hoy, sin el poder de antaño, Margarita recorre el país intentando ser el candidato presidencial de su partido. La escuchamos denunciar las penurias económicas que viven las clases más desposeídas de dominicanos, en un aparente olvido de los excesos en viajes, vestuarios, accesorios, restaurantes de lujo y fiestas de gala, que ella en su antigua condición de excelsa matrona, se hacía merecer sin merecerlo.

Su liderazgo está opacado por la realidad de las encuestas, que prefieren no publicar para que la vergüenza sea menor. La algarabía del pasado cuando visitaba los barrios pobres y las casas de desafortunados que llamaban su atención, pasan desapercibidas en los medios actuales. Solo alguna samaritana la acoge en su vivienda y reúne algunas vecinas, para escuchar las promesas de una felicidad anticipada. Cuando yo sea.

Es bueno soñar siempre que tomemos en cuenta las posibilidades. Sobre la realidad y la ficción, el dominicano tiene innumerables formas de explicarlo, entendibles en todos los estratos sociales y edades, es un simple, ¨no es lo mismo¨. No es lo mismo ser clavo que martillo, llamar el diablo que verlo llegar, estar arriba que abajo, gobierno que oposición…

Margarita Cedeño, no puede negar que brilló, como brillan los astros que reflejan la luz del sol y que por ellos mismos no pueden brillar. El mérito de los humanos como el de los árboles, decía Joaquín Balaguer, se mide por la excelencia de sus frutos. Cobra sentido su realidad actual en el electorado dominicano, con sus momentos de gloria en el pasado reciente.

Sin estar en el poder, divorciada de Leonel, sin recursos económicos para proyectar su imagen a niveles superlativos, cada una de sus declaraciones desatan los demonios del infierno de una sociedad indignada de lo que vivió, vio y sospecha. Margarita ya no es la misma, cae mal, no avanza en las encuestas, abiertamente es rechazada, a regañadientes la aceptan.  Simplemente, no es lo mismo.

Por: Florentino Paredes Reyes

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar