No comparto su opinión Rosario Espinal: Las puertas de la Iglesia Católica permanecen abiertas

Por GARIVALDY SANCHEZ domingo 1 de diciembre, 2019

En la edición del pasado miércoles 27 de noviembre el periódico el Hoy publicó un artículo de la reconocida politóloga dominicana Rosario Espinal bajo el título: La Iglesia católica sigue expulsando feligreses”, el cual merece ser observado dentro del marco de respeto que caracteriza el debate de las ideas, sin la más mínima intensión de confrontación personal. Por ello, en lo adelante se pretende señalar algunos aspectos sobre los que se disiente del escrito en cuestión.

Lo primero a destacar es el “encabezado” del artículo formulado en modo afirmativo, que de entrada predispone al lector a asumir el hecho como cierto, sin embargo, más adelante explica que se trata de un sentimiento personal que le afloró al ver las declaraciones (si realmente lo dijo) del arzobispo metropolitano de Santo Domingo, Francisco Ozoria, entorno al aborto en uno de los principales periódicos del país.

Esto podría tratarse de un “juego de lenguaje”, expresión acuñada por el filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein para explicar las múltiples y diversas posibilidades discursivas que ofrece el lenguaje, en donde su uso no solo tiene la potencia de ser un acto de comunicación, sino también la posibilidad de ser interpretado, en función de la intención del autor.

Espinal en su argumentación encuadra el aborto en dos categorías, la general (en cualquier momento o circunstancia) y la que denominaremos como “especial” (en peligro de la vida de la madre, incesto o violación y cuando la vida es inviable). Abordar estas temáticas en sí no es el propósito de quien subscribe, sino enfatizar sobre las razones que mueven a la Iglesia –no a aponerse al derecho de la mujer sobre su cuerpo– sino a defender y proteger la vida humana desde su concepción hasta la muerte, acorde a lo establecido en la Constitución dominicana en su Artículo 37, así como procurar la integridad física, psicológica y espiritual de la misma.

La politóloga entiende que hablar del aborto como una categoría general es errado y una estrategia de la Iglesia para confundir; bajo esta consideración puede entrar fácilmente el “título de dicho artículo”, así como el lenguaje utilizado para argumentar a favor de las tres causales: “la opción legal de interrumpir un embarazo en situaciones adversas”.

Esto es una construcción lingüística magistral para ocultar la crueldad del acto en sí, pues los medios y el fin es el mismo en cualquier tipo de aborto, aunque aparentemente las causas se consideren válidas para justificar su legalidad en una de las tres condiciones citadas anteriormente.

Por consiguiente, la declaración del Arzobispo (si realmente lo dijo), se corresponde con el evangelio, la tradición y doctrina de la Iglesia católica y no restringe el valor de la compasión; al contrario, lo potencia porque extiende su amor por la vida en todas sus etapas, mientras al culpable lo corrige y trata de traerlo de nuevo a la senda de la rectitud.

Este es el verdadero sentido de la excomunión (expulsión de la Iglesia), que en la actualidad desconozco que exista un caso de excomunión pública por parte de la jerarquía de la Iglesia; no obstante, esta es una figura que existe en el Código del Derecho Canónico de la Iglesia, donde se establecen las causas, el procedimiento a seguir y la finalidad de la misma, la cual no tiene una intensión de castigo, sino que es una pena medicinal, además de evidenciar la gravedad del delito cometido. Es decir, se considera como medicina extrema, porque se aplica solo después de que todos los demás esfuerzos para corregir fraternamente han fracasado.

Pero existe la excomunión “latae sententiae” (es decir, automática) y una de las causas por las que se incurre en ésta es el aborto según el canon 1398 del Código de Derecho Canónico: “Quien procura el aborto si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae. Sin embargo, esto no surge con la publicación del Derecho Canónico actual en 1983, sino que la Iglesia de los primeros siglos en el primer documento catequético llamado la Didaché o “La Doctrina de los Apóstoles” escrito entre el año 65 y 80 de nuestra era, dice claramente: “No matarás con el aborto al fruto del seno y no harás perecer al niño ya nacido”.

Sobre la posición del papa Francisco sobre el aborto, le invito a profundizar sobre la postura que ha mantenido desde que era Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, Argentina, quien el año pasado en referencia al aborto terapéutico se expresó en los siguiente términos: “Es como contratar a un sicario”.

Finalmente, acerca de su preocupación por la pérdida de fieles de la Iglesia católica en la última década y la valida recomendación a la autoevaluación debe ser acogida con humildad, pues se constituye sobre una parte humana y una divina, pero la cantidad no debe ser la preocupación principal, sino el compromiso autentico con el mandato misionero de Jesucristo a sus apóstoles: “ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”, principio en el que radica la permanente renovación de la Iglesia en el devenir histórico sin desvirtuarse y perder de vista su misión en su adaptación a los cambios naturales que trae cada época, siendo una comunidad de hermanos que permanece con sus puertas abiertas de par en par.

POR: GARIVALDY SÁNCHEZ LIRIANO

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