Ni revolucionario, ni victima

Por Jesús M. Guerrero miércoles 4 de enero, 2017

En los últimos días, luego del enfrentamiento a disparos donde acabó abatido por miembros de la Policía Nacional, el prófugo John Percival Matos. Su padre se ha dado a la tarea de buscar respuestas; con el derecho que tiene como padre. Sin embargo, en el proceso no debería insultar la inteligencia de este pueblo al que tanto menciona en sus declaraciones.

Percival Matos tuvo el final que el mismo orquestó, sus acciones hablan por sí solas, sus actuaciones no fueron revolucionarias ni nada por el estilo. Sus crímenes atentaron contra cientos de vidas inocentes, su padre trata inútilmente de martirizar a su hijo ante la incredulidad de todos.

Revolucionario dejo de ser sinónimo de tomar el poder por las armas, de iniciar guerras de guerrillas. Ninguna supuesta “revolución” puede sostenerse en detrimento de la sociedad. Aunque el dinero sustraído por medio de la violencia, no fue utilizado para financiar actividades subversivas ni nada parecido.

Con todo el derecho que le asiste como progenitor, puede llorar a su hijo, pero no cometa la desfachatez de restar importancia a sus deplorables actos. Nadie puede estar por encima de la seguridad colectiva y esperar que el Estado asuma una actitud sumisa.

Una triste campaña para justificar lo injustificable, que solo agranda las heridas tan profundas que infligió su vástago a varias familias, este control de daños no hará desaparecer su estigma de antisocial y demás yerbas aromáticas.

Todos somos los directores de nuestra obra de vida, todos responderemos por nuestras faltas. Lo más importante para todo hombre es reconocer sus errores y tener la entereza para asumir las consecuencias.

En vida no fue ni revolucionario, ni víctima; lo único que personificó fue crimen, miedo y frustraciones. Los atormentados han sido el vigilante asesinado, Bienvenido García y su familia conjuntamente con los demás heridos durante la ola de terror protagonizada por su hijo.

Lamentablemente el mensaje de su hijo fue captado a la perfección por la familia de Bienvenido García, la cual perdió un esposo, padre, abuelo y hermano. Su mensaje de violencia y excesos fue comprendido y despreciado por todos.

Montesquieu en su obra el Espíritu de las Leyes, advirtió lo siguiente: “Lo que más acerca al hombre a la condición de bestia es el no ser libre donde lo son los otros. Y quien vive así, es natural enemigo de la sociedad; para esta sería muy peligroso que hubiera muchos.”

 

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